edición: 2474 , Viernes, 25 mayo 2018
11/07/2012
Rescate del Reino

Las contrapartidas de Guindos confirman una intervención en toda regla

Europa no se explica por qué España niega que sea una economía asistida
Se opta por el eufemismo “protectorado económico” para disfrazar un rescate financiero
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad
Juan José González

Como era previsible, y como no podía ser de otra forma, nuestros gobernantes (aquéllos con la colaboración de estos) han conseguido situar a España en la órbita de la tontería, del absurdo y del ridículo. Preocupados por la marca España, el Ejecutivo ve ahora el efecto de su teoría política sobre la situación económica española. Teoría que se basaba en exhibir ante Europa la sensación de que el rescate no era necesario, en la creencia de que afirmar el mismo situaba al país en la segunda división del continente, en la misma liga que juegan Grecia, Irlanda y Portugal. Se afirmaba, hasta ayer martes, que en todo caso, la ayuda lo era tan sólo para el sector financiero, para la banca, pecadora en el inmobiliario, y que por tanto, no era un auxilio al Gobierno ni al Estado, sino a esa oveja negra familiar, rama disidente que es el sector bancario. Quedaba así a salvo y permanecía en el pedestal el orgullo patrio. Sin embargo, Europa se dio cuenta desde el principio de que la jugada del nuevo Ejecutivo (echar la culpa a los socialistas y hacerse amigo de Merkel, simulando lealtad a su causa) equivalía a ponerse una venda en los ojos, pero en los ojos de los ciudadanos, lo que no parece haber evitado que el Ejecutivo haya hecho el mayor de los ridículos como pésimos estrategas ante los socios europeos.

Los medios de comunicación de media Europa han sido testigos fieles de esa necedad de la que han hecho gala los gobernantes españoles, puesto que no han querido reconocer la realidad económica. Este fue uno de los inconvenientes para la credibilidad de las cuentas españolas en Bruselas: la falta de reconocimiento expreso de que la banca, los mercados financieros, los inversores privados y un numeroso puñado de instituciones locales y autonómicas, no necesitaban dinero, luego ¿para qué practicar la teoría del avestruz cuando mercados y propias empresas aseguran que esto no se puede mantener por más tiempo? El CE, el BCE y el FMI, acaban de fijar negro sobre blanco las condiciones para el auxilio europeo a la economía española. 

No se trata únicamente de poner precio a las cosas y cobrarlo, sino de razonar a los socios (para que no se produzcan malentendidos como el caso de Finlandia) la necesidad de la liquidez, así como que los socios cuenten con las pruebas que indiquen que se cumplen los objetivos, en este caso, los 32 requisitos para que llegue la entrada del préstamo, la primera fase de la ayuda. La mayor parte de estas tareas se realizará, según asume el Gobierno español, mediante reformas macroeconómicas.

Si esta es la situación, el escenario esta indicando que la economía española esta poco menos que intervenida, con al menos una veintena de inspectores residentes, gente muy técnica que no viene de tránsito, sino para quedarse a vigilar el cumplimiento de los compromisos que avalan, en parte, la línea de crédito concedida por valor de 100.000 millones de euros. Ayer le preguntaban a Luis de Guindos el porqué de ese empeño en que la inyección sea directa a la banca y no al Gobierno, cuando la realidad indica que los fondos europeos de recapitalización vendrán al Frob, es decir, al Gobierno, puesto que será éste y no otro ente público ni privado el responsable último de la carga contraída.

Como incomprensible resulta (seguramente encontrará explicación en la falta de experiencia en gestión de crisis) la actitud de sacar pecho (de nuevo el orgullo patrio a pasear) para lucir el éxito de haber logrado mejores condiciones que Irlanda, Grecia y Portugal, provocando con ello que el resto de socios en apuros demanden a partir de ahora esas buenas condiciones ganadas por el Ejecutivo español en una, al parecer, brillante labor de negociación política.

Sin embargo, y a pesar de seguir erre que erre negando la intervención (podría decirse que España es un Estado de la Unión Europea en situación de “protectorado económico”, un eufemismo más liviano que el término rescate) parece que el rescate o el auxilio a los bancos con problemas, se ha convertido en el principal cortafuegos que puede evitar la catástrofe financiera, es decir, medidas excepcionales del tipo de limitación de circulación y salida de capitales del territorio nacional o disposición limitada de efectivo, un corralito puro y muy duro dadas las circunstancias y necesidades de una población con cinco millones de parados.

Con la ayuda en marcha de los 30.000 millones de euros que en concepto de entrada llegarán a España en el presente mes de julio, el Gobierno parece estar seguro de que el crédito será cuestión de coser y cantar en los próximos meses, sin caer en la cuenta que, como señala un reciente estudio, en ningún país occidental desarrollado la banca comenzó a dar crédito antes de que la economía iniciase un proceso de crecimiento, algo que, al parecer, ni esta ni se le espera, al menos hasta bien avanzado el próximo año.

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