Las cuentas remitidas por ACS al regulador dejan ver las
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
14/11/2012
La constructora desnuda una situación crítica que pende de los flujos de su filial alemana

Las cuentas remitidas por ACS al regulador dejan ver las debilidades de su proceso de consolidación

Florentino Pérez, presidente de ACS
Carlos Schwartz

Las cuentas de la empresa de construcción, infraestructuras y servicios ACS han vuelto a poner de manifiesto el difícil camino de consolidación de la sociedad tras su fallido proceso de expansión. La empresa ha anotado unas pérdidas de 1.099 millones de euros en los primeros nueve meses de este año, pero se atreve a establecer un cuadro comparativo con 2011 en el cual excluye todos los efectos extraordinarios “y la contribución de Iberdrola en ambos periodos”, con lo cual “el beneficio neto comparable del Grupo ACS asciende a € 555 millones, un 14,7% menor que el registrado en septiembre de 2011”. No da cuenta sin embargo del origen de los “otros extraordinarios” que si contabiliza en esta operación mágica, que fueron de solo 21 millones en 2011 y y crecieron a 81 millones en 2012.

Es decir, quitando todo lo malo, pero también lo bueno del aporte de Iberdrola, en 2011 habría obtenido un beneficio neto comparable de 650 millones de euros superior en casi un 15% al acumulado este año. Pero no ha excluido en este malabar el aporte de Hochtief. La verdad es que la irracionalidad de la propuesta es difícil de abarcar. El mecanismo consiste en hacer como si no hubiese perdido dinero con las acciones de Iberdrola, y para que no se le acuse de hacer trampa excluye el aporte de la eléctrica a sus cuentas.

En ese escenario imaginario solo habría ganado un poco menos que el año pasado y no habría registrado pérdidas. Desde luego los malabares se hacen sobre cifras no auditadas, algo que consta al pie de la documentación. El origen de las pérdidas, la venta a precio de mercado de un 3,9% del capital de Iberdrola y el ajuste del precio de los valores en cartera, ya era un hecho en el primer semestre de este año tal como la misma empresa lo anunció a finales de agosto.

Otro de los aspectos interesantes de las cuentas es que al cierre del primer semestre de este año la empresa realizó “un test de deterioro sobre la inversión en Iberdrola” de donde concluyó que el valor razonable de la inversión en esa sociedad era de 5,66 euros por acción contra un valor de mercado de 3,528 euros por acción. La pérdida, contabilizada por este “valor razonable” de la inversión ha sido antes de impuestos de 856 millones de euros. Pero la participación se contabiliza al valor de mercado en las cuentas consolidadas en el patrimonio neto del grupo bajo la forma de “Ajustes por Cambio de Valor”. Es decir la pérdida potencial entre los 5,66 euros y los 3,528 euros, equivalente a 2,13 euros por acción, afecta según la empresa solo al patrimonio en los ajustes por cambio de valor, pero no toca al beneficio que se sigue ajustando a ese “valor razonable”.

Al hilo de estos razonamientos no está de más recordar que a finales de octubre un pequeño accionista de la empresa y ex ejecutivo de Dragados y Construcciones, filial de ACS, presentó una demanda contra la empresa solicitando la nulidad de la junta de accionistas argumentando que la sociedad ocultaba pérdidas en su balance de 2011 precisamente en torno a la cotización de los títulos de Iberdrola. De acuerdo con el accionista Tomás Peña de haberse aplicado un “valor razonable” a las acciones de Iberdrola en la cartera de ACS esta empresa no podría haber obtenido beneficios en sus cuentas de 2011. La demanda hasta ahora sigue viva y está radicada en un juzgado de Madrid. De momento no se puede considerar a ese incidente una contingencia seria. Pero representa un salto cualitativo respecto del pasado reciente. No había precedente alguno de un accionista que ante la junta general retara los finos razonamiento de su presidente y llegara a la acción judicial.

Mientras, la documentación de ACS explicita que el crecimiento de las ventas en 2012 se centra en el mercado internacional con un 16,77% mientras que en el mercado local se registra una caída del 22,3% con la consecuencia de que las ventas totales crecen un 7,3 en los primeros nueve meses del año. Una vez más es Hochtief quien tracciona del grupo para darle su mínimo impulso. ACS saca partido a la consolidación global de Hochtief en el grupo en junio de 2011. La empresa logra reducir deuda neta en un 5%, de 9.699 millones de euros a 9.214 millones. Pero mientras la deuda de ACS cae en 1.600 millones la que proviene de Hochtief se dispara de 766 millones a 1.882 millones. El efecto combinado es que la deuda apenas cae en la proporción ya señalada.

Los equilibrios en ACS se hacen cada vez más extremos. De un lado la sociedad sigue en un proceso de reducción de su balance en España para cortar con las cargas asumidas, pero no logra sacarse de encima la losa de su mala inversión en Iberdrola. No parece haber muchas posibilidades en el horizonte de corto plazo para que la cotización de las acciones de la eléctrica mejore sustancialmente habida cuenta de los planes del Gobierno para el sector eléctrico. Por el otro la venta de activos se ha hecho muy lenta, y algunos de ellos son de difícil salida como los destinados al sector de las energías renovables. Si hay nuevas ventas de títulos todo parece indicar que serán a pérdida. Por añadidura la falta de reactivación económica y la ausencia absoluta de planes de inversión significativos por parte del estado hace que no haya en el horizonte obra pública significativa en España.

Las salidas que le van quedando a ACS son escasas. Una, recurrir a la venta de activos de sus filiales, cosa que empuja tanto en Hochtief como en Leighton. Con menos éxito en la primera, todo hay que decirlo. Para asegurarse de que ese objetivo progresa adecuadamente han designado supervisores del proceso, tanto en Hochtief con Marcelino Fernández Verdes, como en Leighton Medio Oriente. Fuentes próximas a accionistas de Hochtief consideran un despropósito que una empresa con una carga de deuda significativa y en pleno proceso de desapalancamiento sostenga sobre sus debilitados hombros un 51% de la firma alemana. De acuerdo con su opinión las opciones no son muchas. Una sería que ACS lograra mediante un golpe de mano una fusión por absorción de ACS por Hochtief con traslado de la cabecera a Alemania y con la transformación del accionista de referencia de la española, el Grupo March, en accionista minoritario del conglomerado. Otra la entrada en lisa de un tercero con caja suficiente como para negociar la compra del paquete de ACS en Hochtief con una inevitable OPA.

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