edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
11/11/2011
Los accionistas de control suelen imponer el reparto de beneficios, y siempre al alza

Las deudas pueden llevarse por delante los dividendos de la banca

Santander y BBVA con serios riesgos de descapitalización si pagan dividendo en 2012
Juan José González

Este viernes concluye el periodo de presentación de resultados trimestrales de las empresas cotizadas. No son cifras espectaculares, sino discretas: como resumen se puede afirmar que las empresas capean el temporal al término de los nueve meses del ejercicio. Sin embargo, ahora comienza la recta final, tres meses en los que se juegan los resultados anuales, que pueden ser decisivos en muchos aspectos para el próximo ejercicio. Este será más complicado, si cabe, que el presente. Se están revisando a toda velocidad las estimaciones para 2012: todas las que tienen que subir, bajan, y todas las que tienen que bajar suben, hay excepciones en alguna ratio, pero nada que merezca la pena. Sí merecen la pena las que apunta el consenso de mercado respecto al crecimiento del beneficio por acción (BPA), fijadas en el 5% para el presente ejercicio, pero que las estimadas para 2012 serán sensiblemente inferiores. Así que la clave estará, como casi siempre, en los resultados del tercer trimestre, sobre el que se ciernen los peores presagios.

La tormenta que se avecina -un año más en el infierno- trae beneficios empresariales a la baja, mayores necesidades de capital circulante y un permanente, pero controlado, aumento del endeudamiento. Este va a ser el pan nuestro de cada día en un escenario que en lenguaje matemático se puede decir que tiende a maximizarse, a ponerse peor. La desaceleración económica es un hecho, como también lo es la recapitalización de las entidades bancarias, entre las cuales se encuentran varias marcas españolas.

Pero al mismo tiempo que las industriales y financieras se enfrentan al último trimestre del año, se trabaja en los presupuestos para el próximo ejercicio, el de la desaceleración económica por no decir el de regreso a la recesión. Las premisas que guiarán esa faena presupuestaria pasa por eliminar el máximo de aventuras posibles, vigilar la prima de riesgo para vencer el muro de la refinanciación de la deuda.

Y si de recapitalización se trata, esta claro que deberá evitarse cualquier movimiento de descapitalización. Aparece en este capítulo el reparto del dividendo, que en muchos casos se lleva a cabo por imposición estatutaria, es decir, de obligado cumplimiento siempre y cuando se registren beneficios. Algunas compañías no podrán devengar dividendo puesto que los vencimientos de deuda lo harán impracticable. Otras se cuidarán mucho y optarán por reducirlo o aplicar la fórmula del Scrip dividend que tanto furor causa en el sector bancario (Santander, BBVA y Popular principalmente).

A propósito del sector bancario español, con una carga considerable de deuda y obligado por 26.200 millones de euros para recapitalizar, la situación es más preocupante de lo que parece. Banco Santander espera dedicar al dividendo de 2012 unos 4.860 millones de euros mientras que el BBVA lo parte por la mitad hasta 2.160 millones en dividendos. Es un contraste fuerte, este de repartir dividendos en un escenario en el que hacer dinero por otras vías es harto complicado. La venta de activos es complicada en esta coyuntura y suele ser a la baja y, finalmente, no entra en sus planes más aumentos de capital en el corto plazo. Se sienten capaces con lo que hay cerca, de alcanzar el 9% de capital de calidad, aunque esto es algo que se conseguirá con la reducción de créditos, que de esta forma nunca llegarán al final, a la empresa.

En los últimos tiempos, un buen número de compañías han cogido la mala e insana costumbre de pagar esos dividendos a toda costa, da igual el sacrificio, lo que importa es el dividendo. Pero lo pagan con deuda, una práctica que en el último ejercicio fue seguida por 28 compañías del Eurostoxx50, que son muchas compañías de un indicador muy cualificado.

Según algunos eruditos, próximos a las entidades bancarias –alguno de ellos con asiento en el consejo del mayor banco español- los bancos españoles, y un nutrido grupo de compañías cotizadas, las empresas españolas, en particular las bancarias, parecen sufrir una obsesión por el dividendo. Sucede en una gran mayoría de sociedades cotizadas europeas, donde los accionistas de control no permiten recortes de dividendos porque en algunos casos –demasiados- esos mismos accionistas de control se encuentran tan endeudados como las compañías acreedoras, para terminar solicitando un crédito para la deuda del crédito.

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