edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
04/06/2010

Las divergencias en el BCE alimentan la incertidumbre

Carlos Schwartz
El rendimiento de la deuda pública europea ha aumentado de forma significativa esta semana. El incremento del rendimiento para el inversor, que equivale a un mayor coste para el emisor, no ha afectado sólo a España, aunque en este último caso quizá haya sido más notorio. Ha afectado de forma generalizada a la deuda pública de los países de la zona del euro. De media, el rendimiento de la deuda pública denominada en euros se ha incrementado en un 0,75% desde que se aprobó el paquete de apoyo del euro de 750.000 millones.

El motivo fundamental para esta escalada ha sido una grieta en los muros del Banco Central Europeo. El presidente del Bundesbank, Axel Weber, quien manifestó que el programa de adquisición de deuda pública por parte del BCE debe moverse en una banda estrecha y servir tan sólo como regulador del mercado ha puesto de relieve divergencias en el corazón de los órganos reguladores.

Weber alertó que la intervención en los mercados de deuda  -es preciso recordar que el BCE acordó intervenir en los mercados de deuda pública y privada denominada en euros- puede ser inflacionista. De hecho, la compra de deuda supone incrementar el balance del banco central y nadie en los medios financieros está dispuesto a creer que la esterilización de la liquidez inyectada por la intervención en los mercados de deuda sea eficaz. Es decir, hemos entrado en la política de ‘quantitative easing’.

Las fuentes consultadas han señalado que “en el seno del Consejo del Banco Central Europeo hay debate en torno a la profundidad de la intervención”. Ya sea porque estas divergencias se han filtrado, o porque las declaraciones de Weber han generado incertidumbre, los operadores del mercado de deuda pública europea han comenzado a dudar de la determinación por parte del BCE de sostener los mercados de deuda denominada en euros.

La existencia de las divergencias las ha puesto de relieve el propio Weber con sus declaraciones. Lo cual implica que en breve el presidente del BCE, Jean Claude Trichet saldrá a la palestra para expresar su propio punto de vista. Y no cabe duda de que Trichet irá por el camino de la intervención decidida. El Consejo del BCE ya ha evaluado que el proceso de recuperación de la confianza por parte de los gestores de fondos de inversión no sería inmediato.

Entretanto la realidad es que los riesgos inflacionistas del proceso de ‘quantitative easing’ son reales, pero en tanto y en cuanto la liquidez fluya por la eurozona y de paso a un proceso de incremento de precios algo que puede que esté en el horizonte, pero de momento se trata de un horizonte más bien lejano.

Antes que un brote inflacionista aparezca en el escenario hay otros problemas más acuciantes que están golpeando a las puertas de Europa. Uno de ellos es la hipótesis cada vez más presente de que Grecia deba apelar a una reestructuración negociada de su deuda. Es decir a un plan de pagos distinto del pactado a la emisión de la deuda. Como es de comprender esta posibilidad es un dolor de cabeza añadido para los bancos de Europa que son los principales inversores en deuda griega.

El contexto por lo tanto es de potencial tensión de liquidez en el horizonte de un lado y de presión sobre el euro del otro.
Con estos antecedentes sería interesante renovar las ideas acerca de una la estrategia de saneamiento bancario basado en el Fondo de Restructuración Bancaria Ordenada (FROB) con recursos al 7,5%. En particular por referencia a las cajas de ahorro. La creciente incursión por la fusión fría, es decir la constitución de una holding denominada Sistema Integrado de Protección (SIP) que sanea a los partícipes con dinero del FROB se basa en la expectativa de que la obtención de recursos en el corto/medio plazo se hará a un menor coste que el comprometido con la financiación oficial realmente punitiva. Es decir, el coste del dinero para las SIP es verdaderamente punitivo. Y el castigo ha sido impuesto por la Unión Europea sobre la base de que en España no hay crisis bancaria y que, el que quiera ayudas, que las pague caras.

Si los mercados tienden a exigir una remuneración más alta por el dinero, y prosiguen las tensiones de liquidez, la idea de que ahora se pide al FROB y mañana se refinancia más barato, puede resultar una trampa mortal.

En todo caso lo que parece claro es que si las cajas resultan aplastadas por el peso de la deuda, y subsisten bajo el paraguas de los SIP, bastaría una reforma de la ley de Cajas para que las entidades buscaran su refinanciación en los aportes de capital y no en la deuda. Y como es lógico de pensar, los primeros interesados en aportar capital a las cajas de ahorro serán los bancos.

Es decir, que a los bancos se les abre en España la puerta a la consolidación del mercado financiero por la vía de la captura de las cajas de ahorros. Este es un negocio colosal que en buena lógica debería abrir la puerta a una fuerte competencia entre las entidades de crédito por penetrar en un mercado del que se han visto históricamente marginados. Lo que no está tan claro es que la vía inversa quede expedita. Más bien parece que aquellas cajas de gran dimensión que menos se embarquen en el modelo de los SIP  amplios serán las que estén mejor posicionadas para entablar la batalla con los bancos.

Es decir, la estrategia opuesta a la que parece haber emprendido, entre otros, Caja Madrid.

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