Las dudas sobre el éxito de Renzi en el referéndum de
edición: 2535 , Lunes, 20 agosto 2018
17/11/2016

Las dudas sobre el éxito de Renzi en el referéndum de diciembre hunden el bono italiano a 50 años

La política centra las decisiones de los inversores que temen una irrupción de la inestabilidad
Carlos Schwartz
Una de las operaciones financieras más exitosas del año se ha derrumbado esta semana. Los inversores institucionales han vendido de forma acelerada la deuda italiana a 50 años colocada con una rentabilidad del 2,85% por medio siglo. El precio del bono ha bajado un 14% lo cual equivale a una pérdida de 140.000 euros por cada millón invertido en ese activo. A la hora de su colocación en el mercado en octubre el Tesoro italiano logró recaudar 5.000 millones con peticiones por 18.000 millones. La pregunta clave es qué ha pasado para que un instrumento mirado con tanta confianza hace apenas un mes no sirva a los intereses de los inversores ahora. La explicación es política, aunque desde luego la lectura va en el sentido de la capacidad del Gobierno del primer ministro Matteo Renzi para generar las condiciones económicas que garanticen estabilidad al país.
Renzi se suma al conjunto de acontecimientos políticos con resultado de predicción compleja con un referéndum convocado para el cuatro de diciembre en el que se somete a voto un paquete de reformas amplio, entre otras la posibilidad de reforzar el papel del ejecutivo en materia de decisiones gubernativas.

Las encuestas comienzan a arrojar una leve ventaja del no y la consecuencia de un voto adverso puede ser la dimisión de Renzi, la búsqueda de una nueva alianza para formar gobierno o una convocatoria electoral que no está prevista hasta 2018. Un cuadro que hay que situar en el escenario de elecciones en 2017 en Francia y Alemania.

Para los inversores el dato de fondo es la verdadera capacidad del Gobierno de Renzzi de promover, en el contexto de una derrota del referéndum, un crecimiento económico suficiente como para hacer frente a una deuda pública que representa el 135% del producto interior bruto (PIB) del país. De pronto los inversores que compraron esa deuda en octubre se preguntan un mes después si el Gobierno que la emitió está en condiciones de mantener un curso sostenible para la economía del país.

Esto indica con claridad que el peso de los reveses políticos a las previsiones fáciles comienza a tomar cuerpo en una creciente reticencia a mantener el riesgo en condiciones en los que los desenlaces pueden ser adversos. El voto a favor del Brexit y la elección de Donald Trump como presidente en Estados Unidos se presentan como los antecedentes más inmediatos de acontecimientos políticos que representan un cambio profundo en las reglas de juego y por tanto en las expectativas.

España también vendió este año deuda a 50 años, al igual que Francia y Bélgica mientras que Austria colocó deuda a 70 años. El plazo más largo lo lograron las emisiones colocadas en privado a 100 años por Irlanda y Bélgica. España de momento ha quedado sumida en un hueco de mayor quietud, aunque la debilidad de un gobierno en minoría con una deuda pública que no cesará de crecer en el corto plazo y que ya supera con creces el 100% del PIB puede ser una amenaza para la estabilidad a no muy largo plazo.

El Congreso puede jugarle en contra al Gobierno de Mariano Rajoy como acaba de quedar claro con la LOMSE. La profunda crisis del sistema de pensiones del país que es el resultado directo del fracaso de la política de empleo y no del modelo de la seguridad social sugieren otro flanco expuesto en el cual el Gobierno puede no lograr un acuerdo fácil. De forma más amplia la pregunta es acerca de la solidez del modelo de crecimiento que ha impulsado la Unión Europea y sobre la interinidad del periodo de estabilidad que se abrió con la decisión por parte del Banco Central Europeo (BCE) de expandir su balance adquiriendo deuda soberana y corporativa. En el caso de Italia hay desde luego motivos añadidos para temer un escenario inestable.

Italia necesita una recapitalización de su sistema bancario y un saneamiento de considerable magnitud de algunas entidades financieras. El modelo para esa operación está en disputa con la UE, ya que Italia aspira a sortear el escollo que supondría descargar el saneamiento sobre las espaldas de los bonistas y accionistas de las entidades en un bail in que acarrearía consecuencias políticas muy adversas para el Gobierno y colocaría al movimiento Cinco Estrellas en la cabeza de las encuestas electorales para 2018. Los operadores admiten sin cortapisas que están computando el riesgo político de forma más acusada que antes de la elección de Trump. La prueba está en la suerte del bono italiano a 50 años, lo que era bueno en octubre es malo en noviembre. Pero también admiten que si Renzi gana el referéndum volverán a comprar deuda pública italiana, incluso a 50 años porque admiten que de momento no hay alternativas rentables a escala internacional. Esto desde luego es relativo porque las economías emergentes siguen ofreciendo rentabilidades en dólares que no se obtienen en ningún otro lugar del mundo, pero también implican un riesgo que los inversores institucionales han dejado de considerar tolerable.

El tercer trimestre de este año Italia logró un crecimiento del PIB del 0,3% por encima de las expectativas de los analistas. El Gobierno del Partido Popular se llena la boca con la recuperación económica que dice haber logrado, pero el crecimiento es tan raquítico y la calidad del empleo tan mala que sólo se pueden pagar las pensiones saqueando el Fondo de Reserva de la Seguridad Social o colocando deuda pública. Los fundamentos económicos del crecimiento europeo están cuestionados y eso puede implicar que las corrientes populistas sigan creciendo. Esta semana el presidente saliente de Estados Unidos, Barak Obama, lanzó una advertencia a los dirigentes europeos sobre sus políticas de austeridad.

La UE dice haber emprendido una senda de mayor liberalidad para asentar el crecimiento. Habrá que ver si es cierto, si lo logra, y si lo hace a tiempo.

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