edición: 3102 , Viernes, 4 diciembre 2020
20/05/2014

Las eléctricas alemanas negocian con el Gobierno paliar los costes del parón nuclear que cerró ocho centrales

Los datos de generación eléctrica en Alemania indican que el reemplazo nuclear se ha hecho con carbón
Central eléctrica de carbón en Gelsenkirchen, Alemania
Carlos Schwartz

Las principales compañías eléctricas de Alemania han propuesto al Gobierno de coalición que encabeza Angela Merkel la constitución de una fundación cofinanciada para alojar en ella los activos dedicados a la generación nuclear que están en fase de desmantelamiento. La propuesta consistía en transferir a esa institución las partidas destinadas por las grandes eléctricas para amortizar los costes del proceso de eliminación de las nucleares. La idea de agrupar esos recursos tiene como móvil central descargar de los balances de las compañías unos activos cuyo desmantelamiento puede ser superior a los cifras previstas inicialmente. La fundación con presencia del estado eliminaría el riesgo de la aparición de los sobrecostes que serían absorbidos por el Estado. La propuesta, que el Gobierno dice que jamás llegó a discutir, fue rechazada de plano por la ministra de Medio Ambiente, Barbara Hendricks.

Pese a que las compañías E.ON, RWE y EnBw sostienen que los recursos que han dotado como reserva para los costes del parón nuclear son suficientes, dentro de los propios partidos políticos hay un manifiesto temor a que esto no sea así. Una de las declaraciones que más ha sorprendido en este sentido es la de la parlamentaria del grupo de los Verdes, Barbel Hoehn, quien afirmó que “Me preocupa que tarde o temprano alguno de los grandes generadores de electricidad quiebre y las reservas ya no estén disponibles para el desmantelamiento de las plantas nucleares”. En los medios políticos se han levantado otras voces que temen que la fuerte caída de ingresos de las empresas de electricidad a raíz de los menores márgenes vinculados a los costes de las renovables y del precio de combustibles como el gas, sumados a la carga del desmantelamiento de las nucleares, lleven a las grandes eléctricas a un callejón sin salida. Hace pocos días RWE anunció que sus ingresos netos recurrentes en el primer trimestre de este año habían caído un 35,5%.

La empresa afirmó que esos resultados eran fruto de “la crisis en el modelo convencional de generación eléctrica”. También E.ON tuvo una caída del 12% en sus ingresos respecto de igual periodo el año pasado. La eliminación de las nucleares, el subsidio a las renovables que ahora representan un tercio de la energía que se consume en Alemania, y la caída del precio del carbón están en la raíz de la crisis. El precio mayorista del Mwh en el mercado alemán ronda los 33 euros, nueve euros menos que en esta época el año pasado. Pero la caída del precio del carbón ha generado otro problema en el país que ha alarmado a la dirigente Verde Hoehn. Pese a los subsidios multimillonarios a las energías renovables el uso del carbón marrón -lignito- en el país ha alcanzado su nivel más alto desde la década de 1990. En 2013 más de 162.000 millones de kilovatios hora se generaron quemando lignito en Alemania. En 1990 las plantas generadoras de electricidad en el país, especialmente en el este, produjeron 175.000 millones de kilovatios hora de electricidad basada en lignito. Esto implica que a pesar de los subsidios y de que la energía renovable es un tercio del total se ha registrado el año pasado un incremento de las emisiones de CO2.

Hoehn señaló que las nucleares en primer lugar y las térmicas que funcionan con lignito en segundo lugar eran las “vacas lecheras” de RWE. Ahora ocurre que las nucleares han dejado de funcionar con lo cual la empresa para compensar la caída de ingresos y los gastos extraordinarios ha puesto a trabajar a pleno rendimiento las térmicas a carbón. Los excedentes producidos por carbón y lignito fueron exportados en 2013. El país exportó 33.000 millones de kilovatios hora a los países limítrofes, energía mayormente generada con carbón cuyo precio en el mercado mundial ha caído considerablemente.

Mientras, las eléctricas alemanas han paralizado las plantas generadoras accionadas por gas por el alto coste del combustible. El cierre de esas plantas ha reducido de acuerdo con los expertos la seguridad del sistema. El desplazamiento del gas por el carbón se ha registrado también en otros países como Holanda. De acuerdo con las cifras disponibles, la electricidad generada en térmicas accionadas a carbón en Alemania aumentó en 8 millones de kilovatios hora totalizando 124.000 millones de kilovatios hora en 2013. Mientras la generación en plantas de gas cayó en 10.000 millones de kilovatios hora hasta los 66.000 millones de kilovatios hora. El saldo que estas cifras indican es que el cierre de las ocho plantas nucleares ha llevado a sustituir la energía de estas por la generación con carbón. Un balance poco benigno para el medio ambiente.

A este proceso se lo ha bautizado como la “paradoja de la transición energética”, paradoja que no solo amenaza a Alemania sino a muchos otros países en Europa. Los verdes alemanes culpan por este proceso a la caída en picado del precio de los derechos de emisión de CO2. Pero eso no tiene en cuenta el bajo precio internacional del carbón, que los derechos de emisión no pueden regular. Los dos principales proveedores de carbón para las plantas térmicas de Europa son Rusia y Estados Unidos de acuerdo con las estadísticas de Datacomex. El caso estadounidense es especialmente relevante porque se trata de un carbón de alto contenido de azufre. El año pasado Europa importó más de 47 millones de toneladas de carbón estadounidense, cuyas exportaciones totales alcanzan a los 100 millones de toneladas. Desde 2003 las importaciones alemanas de carbón estadounidense han crecido sin cesar desde menos de un millón de toneladas hasta los 15 millones importados el año pasado. El motivo es sencillo, es más barato que el carbón europeo aun considerando los costes de transporte.

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