edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
06/09/2016
Ventana de esperanza

Las empresas españolas `compran´ los planes de impulso económico de Reino Unido

La jefa del Gobierno conservador apuesta por el relanzamiento de la actividad económica; no quiere perder inversiones ni empresas
Juan José González
Uno de los principales focos de atención política en la reciente reunión del G20, estuvo centrado en el contenido de los mensajes económicos emitidos por la jefa del Ejecutivo británico, la conservadora Teresa May. Los líderes mundiales en general y los europeos en particular, continúan interesados, y muy preocupados, en conocer detalles de los planes futuros de la británica para controlar los efectos económicos del `brexit´. Al parecer, los que puedan influir en aspectos sociales no preocupan, por el momento, demasiado. Para las empresas españolas, sin embargo, no se están cumpliendo ni las hipótesis negativas ni los peores escenarios inicialmente previsto por las autoridades, cargados de pesimismo ante el temor de una caída del turismo británico que las cifras de julio y las adelantadas de agosto se están encargando de desmentir.
Que los efectos maléficos y catastrofistas del `brexit´ pronosticados inicialmente por las autoridades europeas, así como la reacción inicial de los empresarios, caminen hacia el desmentido por la realidad es, por el momento, una buena noticia. El primer golpe de la decisión de los británicos, expresada en el referéndum de salida de la UE, fue la revisión inmediata de las previsiones de crecimiento económico en la zona euro por parte del FMI que se saldó con dos décimas menos del 1,6% previsto para 2017. Según aquel análisis del Fondo, en el nuevo escenario creado a partir del resultado -`brexit´- Alemania recortaba cuatro décimas en sus previsiones y España dos (hasta el 2,1%).

Si bien ha transcurrido poco más de dos meses desde el referéndum, los análisis sobre sus efectos parecen querer regresar al terreno de las revisiones generalizadas ya exentas de la primera carga de dramatismo y catastrofismo que caracterizaron los primeros análisis de empresas, expertos, gobiernos e instituciones financieras. Así las cosas, todo indica que aquellas primeras revisiones a la baja serán corregidas (o `ajustadas´) ahora a la realidad que, al parecer no está resultando tan negativa. Recordar que la trascendencia del recorte de expectativas económicas era todo un golpe en la línea de flotación de las economías que, como la española, trataban (y tratan) de controlar un déficit público que hoy se antoja intratable.

La premier británica ha querido despejar en China el horizonte del `brexit´ en el medio plazo asegurando que su economía necesita un período de estabilidad y que la línea política de su gobierno pasa por mantener la colaboración con la UE en el relanzamiento de la economía, como es lógico, en el interés particular de la suya propia, la de Reino Unido. Pero mientras se sigue intentando medir el impacto económico del `brexit´, los mercados parecen ofrecer ya una valoración positiva del `proceso´ de desenganche británico de la UE. El botón de muestra se encuentra en las cotizaciones de la mayoría de las Bolsas europeas tras haber alcanzado (y superado) el nivel anterior al referéndum del 25 de junio.

Al margen de la marcha (muy positiva) de los mercados de acciones y bonos, así como las previsiones optimistas sobre la financiación empresarial y su actividad, todo indica que la factura del `brexit´ llegará en el largo plazo, probablemente no exigirá, por expresarlo de alguna forma, un pago único, si no que, al contrario, las autoridades británicas se encargarán de que el desenganche de la UE sea lento y progresivo, evitando los daños a terceros porque el seguramente el primer deterioro lo sufrirá la propia economía británica.

La búsqueda de la estabilidad que proclama la jefa del Ejecutivo británico en su mensaje en el G20 puede ser interpretado por los países más vinculados a la economía de Reino Unido como una expectativa cierta de mayor actividad económica, de un plan de relanzamiento que ya apuntó en una de sus primeras declaraciones públicas. Y todo apunta a que, mientras llega ese momento, o fase de `ruptura´ con la UE, el Gobierno británico ofrece una buena oportunidad a los países que mantienen una fuerte relación industrial, comercial, financiera y de servicios con Reino Unido. En ese escenario -una nueva ventana de esperanza- es donde se mueven decisiones como la que anima a Telefónica a colocar O2 en Reino Unido, movimiento empresarial al que se apuntarán otras empresas españolas.

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