edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
27/07/2009
Mientras en Europa se captaron 100.000 millones de euros por esta vía

Las empresas españolas no aprovechan las ampliaciones de capital

El descuento en las cotizaciones ofrece situaciones únicas a empresas e inversores
Juan José González

No parece que la oportunidad del tiempo, o sea, la coyuntura, haya sido aprovechada por los consejos de administración de las compañías españolas para lograr financiación a buen precio, o que los directores financieros de sus empresas les hayan propuesto esa ventana abierta para su financiación. Al menos, las cifras cantan que la oportunidad se ha perdido. Desde marzo a esta parte, las empresas españolas han solicitado en el mercado español por la vía de las ampliaciones de capital poco más de 8.000 millones de euros, una cantidad relativamente humilde, más aún si se tiene en cuenta que una buena parte de la misma corresponde a la operación de Unión Fenosa y Gas Natural. En el resto de Europa, las empresas han ampliado capital por cerca de 100.000 millones de euros.

Pero esta oportunidad de las empresas que pelean por recapitalizarse y eliminar deuda mediante la captación de dinero, se esta terminando a toda velocidad. Por una parte, el sistema financiero tienen a normalizarse, y por otra, el mercado de renta variable sigue en su particular escalada de optimismo y precios, lo que hace más difícil que las ampliaciones de capital se coloquen con mayor facilidad, puesto que los descuentos sobre el valor son en cada sesión más pequeños. La ampliación de capital, como operación que resuelve casi todos los problemas de excesivo endeudamiento empresarial y reduce su ratio deuda/fondos propios, parece haber sido denostada por nuestras empresas. Para muchas de ellas, ha resultado más sencilla la devolución de los créditos a través de ventas de negocios, poniendo en muchos casos en peligro la solvencia de la empresa.

En pocas ocasiones, más bien extrañas y por causas excepcionales, los intereses de las empresas y de los inversores coinciden. Pero en los últimos meses y especialmente desde marzo, una multitud de compañías cotizadas están a precio de saldo, son auténticas gangas, buenas oportunidades que no se repetirán, seguramente, hasta la próxima burbuja. Dicen los analistas que las empresas cotizadas en los principales mercados europeos, el español entre ellos, cotizan a unos precios de escándalo, con descuentos que oscilan entre el 35% y el 40% del precio teórico. Por un lado, los inversores están comprobando en ese período de tiempo que media desde marzo hasta la fecha, que no hay alternativas interesantes para su dinero; ni la deuda empresarial, en torno al 1,5%, ni los ‘repos’ de deuda al 0,4% consiguen ilusionar, incluso, a los más conservadores. Además, siempre será preferible y más seguro invertir en aquellas compañías que se están recapitalizando que otras que no ponen solución a sus deudas. Por otro lado, y quizás la parte que impulse y dé mayor fuerza a esa confluencia de intereses, es que las empresas necesitan liquidez, están obligadas a recapitalizarse si quieren sobrevivir a sus deudas y, las que no se encuentren en tan delicada situación o ‘estado de necesidad financiera’, tendrán sus planes de compras de empresas ante la desaparición de competidores. Para todo ello necesitarán recursos en abundancia.

Así las cosas, una buena parte de las cotizadas españolas han visto que una buena salida a los problemas de carestía financiera no estaba muy lejos, y que la ampliación de capital era la más rápida, eficaz y más económica solución entre las planteadas para solucionar la sed de liquidez. El rally iniciado desde el 9 de marzo en los mercados de renta variable, en particular el exhibido en nuestro principal selectivo, no ha hecho más que confirmar que las ampliaciones eran el camino ideal. Camino que por otra parte ya estaban adelantando claramente en otros mercados del resto de Europa otras compañías también cotizadas.

Llama la atención que algunas compañías que en este tiempo han llevado a cabo una ampliación, o aquellas que planeaban llevarlas a cabo, no hayan caído antes en la cuenta de que su diversificación financiera hacía aguas y operaba en déficit. Los directores financieros suelen defenderse de esta ‘acusación técnica’ afirmando que cuando la economía va bien, por qué recurrir a una operación de ampliación de capital, con los problemas que conlleva un nuevo accionariado, costes de la operación... Pero el recurso a este tipo de operaciones se muestra más oportuno cuando peor es la coyuntura financiera y cuando los inversores privados cuentan con liquidez en abundancia para colocar en los mercados más rentables. La mayoría de las compañías que optan por la ampliación de capital tienen muy claro que esta solución les permite evitar la venta de activos, en un momento en el que el comprador lleva la voz cantante en los mercados, eludiendo que muchos de sus negocios sean ‘malvendidos’. El caso de la compañía Jazztel es todo un ejemplo de que las oportunidades no suelen pasar dos veces por el mismo lugar.

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