edición: 2785 , Martes, 20 agosto 2019
19/05/2016
banca 
Estrategia comprometida

Las empresas no pueden seguir el `ritmo digital´ que pretende la banca

Para seguir la cadencia de Santander y BBVA deberán digitalizarse, endeudarse y, también, ajustar las plantillas
Juan José González
Digitalización, término de moda en boca políticos, empresarios y banqueros. En ella encuentran el curalotodo, la panacea y el bálsamo que, como afirma el presidente de los empresarios, Juan Rosell, "va a incrementar el PIB, a transformar los negocios, aumentar la competitividad y rebajar los costes". Las cifras son reveladoras del filón digital: 1.000 millones de personas conectadas a la Red con 45.000 millones de dispositivos conectados. Ya se estima que en 2025, la digitalización producirá un aumento de 120.000 millones de euros sobre el actual valor añadido. En esa explosión de beneficios no se cuenta con el empleo destruido por el camino -integrado en el epígrafe de ahorro de costes- como tampoco conviene subrayar que por mucho que avancen las cifras, las empresas no están preparadas todavía para seguir el ritmo de la tecnología que imponen bancos como BBVA o Santander.
Lo cierto es que la digitalización está demostrando ser un argumento con peso, de gran utilidad y casi incontestable como herramienta de ajuste de capacidad, y que está sirviendo como anillo al dedo para desviar la atención y ocultar numerosas vergüenzas en otras tantas empresas y entidades bancarias. Es una buena excusa para el ajuste de empleo llevado a cabo en el sector financiero en los últimos años: desde los 278.300 trabajadores en 2008 a los 191.000 actuales (87.000 menos) y del cierre de 15.143 oficinas en ese mismo período. 

Algunos cálculos vienen a establecer una relación de `uno a uno´, es decir, por cada millón de euros invertidos en tecnología y procesos informáticos se elimina un puesto de trabajo. Al menos es lo que se desprende de los últimos ajustes e inversiones de algunas entidades financieras. Sin embargo, tan voluminoso esfuerzo financiero volcado en la digitalización, bien podría perderse en el camino en los próximos meses si se demuestra que el nuevo movimiento tecnológico tan sólo sirve para conectar y atraer clientes particulares. Si la estrategia digital no consigue `enganchar´ con las pymes (el 98% de las empresas españolas) la estrategia acelerada de digitalizar los servicios bancarios se puede considerar fracasada, al menos, en el corto plazo.

El reciente discurso de Rosell a propósito de la digitalización, siembra la duda respecto a la situación de las empresas industriales no financieras para adaptarse o seguir la velocidad del movimiento tecnológico. Todas las empresas parecen tener claro que la digitalización incrementa el negocio, rebaja costes y aumenta la competitividad. Sin embargo, los informes sobre la actividad digital en España muestran algunas zonas oscuras. 

A pesar de que un 40% de las empresas españolas cuenta con un plan o estrategia digital `formalizada´, el 25% de las empresas no cuenta con un responsable del área digital. En términos económicos, más de la mitad de las empresas españolas no contaría con un presupuesto suficiente asignado al desarrollo digital. Y, por supuesto, la mayoría de ellas, cerca del 85%, no invierten un sólo euro en formación digital.

Se puede decir, por tanto, que el entusiasmo mostrado por empresas y sectores enteros no financieros por la digitalización, no se corresponde con el nivel de recursos asignados en los presupuestos, bien por falta de medios, bien por dificultades técnicas de adaptarse a los procesos digitales. En el caso concreto de las entidades financieras, estas todavía se encontrarían lejos de la madurez digital que muestran otros sectores, como las compañías de telecomunicaciones e Internet.

Otros sectores empresariales no financieros se encontrarían aún más lejos de la madurez tecnológica necesaria para obtener beneficios de la digitalización. El distinto grado de madurez digital entre empresas, bancos e instituciones cuestiona muchas de las cifras que ofrecen las dos entidades financieras citadas y dejan en evidencia el resultado de sus estrategias digitales. Así que, si las empresas no quieren perder el ritmo digital de Santander y BBVA, deberán también ajustar plantillas y endeudarse un poco más. Ese es el precio.

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