edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
14/10/2016
Línea dura en busca de consensos

Las grandes empresas se preparan para ajustarse al ’brexit’

Santander, Sabadell, Inditex, Iberdrola y Ferrovial ya están preparados para afrontar la discriminación laboral, aunque temen la fiscal
Juan José González
Las empresas españolas con mayores intereses en las islas, preparan estos días los planes de contingencia para hacer frente, con carácter inmediato, de las primeras medidas de la puesta en práctica del brexit. Son, por el momento, anuncios verbales, casi todos con el objetivo que cualquier globo sonda previo a una misión bélica, a un ataque militar. Es la primera impresión que suscitan los primeros movimientos de los conservadores (una parte) en su camino de convertir el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea en realidad, en hechos. Como también es un hecho que estas primeras acometidas verbales, caso de las listas de trabajadores extranjeros de las empresas, así como otras medidas de inmediata implantación, no dejan de ser la parte de esa estrategia diplomática británica orientada a lograr una posición más favorable en una negociación con la Unión que se prevé dura y exigente. La vista a Madrid de la Premier británica Theresa May responde a esa misión: buscar un cheque en blanco para evitar un brexit traumático para Europa y para Reino Unido.
Las empresas españolas presentes en Reino Unido mantienen contactos estrechos desde hace meses a propósito de los vientos que soplan en las islas. Las seis más grandes en aquel mercado; dos bancos, una eléctrica, una constructora operadora aeroportuaria y la textil gallega, son, en principio, los intereses españoles más afectados por el giro político británico. Es probable que un primer recorte pudiera afectar a los profesionales españoles en las filas de entidades financieras. Pero no hay una estimación fiable de cuántos prodrían abandonar la plaza financiera llegado el caso. Respecto a las entidades financieras españolas, Santander y Sabadell, cabe esperar, igualmente, una reducción de efectivos en Reino Unido, si bien, el motivo no sería por discrimación nacional sino por reducción de actividad financiera en el mercado británico.

No son las únicas compañías que deberán hacer frente al brexit y a sus consecuencias, pues la presencia de empresas pequeñas y medianas españolas en aquel mercado va más allá de la simple relación de comercio, contando muchas de ellas con sedes y oficinas locales, donde conviven profesionales de distintas nacionalidades. En términos generales, como reconoce el asesor jurídico de una asociación empresarial española, "las pymes españolas creen que los efectos discriminatorios por nacionalidad no se harán esperar mucho tiempo". El mismo asesor reconoce que la lista de trabajadores por nacionalidad es un globo sonda puesto que ningún hospital público ni clínica privada se arriesgaría a dejar sus plantillas en cuadro. Y no precisamente por la ausencia dce enfermeras, sino también de personal médico especializado.

Las grandes compañías españolas no tienen, sin embargo, un gran temor a que el Gobierno británico fije un baremo, una cuota de trabajadores extranjeros. Sí temen que el Ejecutivo acompañe el cumplimiento del brexit con nuevas medidas fiscales que, en este caso, podrían penalizar con mayor carga impositiva a las empresas con más trabajadores extranjeros. En cualquier caso, aseguran en una de estas grandes compañías, "la advertencia ya ha producido algunos efectos". Se refieren en concreto a que, del mismo modo que las buenas condiciones laborales, sanitarias y educativas del pasado tuvieron un claro `efecto llamada´, en esta ocasión las advertencias están siendo interpretadas como un `efecto freno´.

Las primeras declaraciones de las autoridades llevan el sello del miedo, de la dureza propia que conlleva cualquier tipo de rechazo o discriminación hacia la población inmigrante. Y no es fácil despojarlas del miedo a pesar de que el pueblo inglés se ha caracterizado históricamente por su cultura receptiva a todo tipo de trabajadores extranjeros. Tampoco hay que considerar como global el sentimiento local de una población que ha mostrado su división en la urnas y que, aunque por mayoría han optado por el brexit, el rechazo a la discriminación de trabajadores y profesionales extranjeros es también patente en numerosas asociaciones empresariales.

Ahora bien, las palabras gruesas y duras de los conservadores, claramente parte de una estrategia de negociación con la Unión Europea, está obligada a ir graduando su intensidad a medida que las autoridades de las islas vayan consiguiendo sus objetivos. Y estos pasan, obviamente, por el desenganche institucional y político de la UE, aunque conservando los canales y vías de comunicación con el continente en todo cuanto concierne al comercio, las finanzas, así como la presencia de profesionales de otras nacionalidades. En ambos aspectos, la divisa británica se juega su razón de ser: las autoridades de la isla tendrán ocasión de comprobar en el tiempo cómo avanzan sectores como el tecnológico, el industrial o el financiero con el crédito empresarial, el consumo, las cuentas públicas, el turismo o el PIB. Seguramente será a partir de estos resultados cuando los conservadores modulen la fuerza de las declaraciones y apliquen el sentido común si no quieren ver dañada su actividad económica.

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