edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
29/10/2008
Habla de sus ‘peers’ (pares) nacionales pero nadie los encuentra
Alfredo Sáenz, consejero delegado de Banco Santander

Las “mandíbulas abiertas” del Santander

Envidiado por medio mundo, el mercado espera ahora su próxima gran compra
Juan José González

El escenario, de color rojo y madera noble. La sala, una especie de anfiteatro equipado con la última tecnología de la comunicación. Dos superpantallas para miopes se encargan de mostrar al respetable, barras, cifras y flechas. Todo en rojo. El escenario de todos los trimestres, y el estrado, una mesa compartida a trío sobre una tarima, para no perder demasiada altura. Así se presentan cada tres meses los resultados del primer grupo financiero-bancario del país, el Santander. En un ambiente de pulcritud ambiental, de puntualidad cuasigermana (dos o tres minutos sobre la hora prevista), con el tendido abarrotado de informadores, cámaras y focos apuntando sin piedad al objetivo, al consejero delegado del banco, a Alfredo Sáenz. Por supuesto, también de corbata roja, como bien ordena y gusta señalar el manual de identidad corporativa.

Este no era un trimestre cualquiera. Había expectación en la plaza porque el toro era algo complicado, no se sabía cómo podía salir y hacía peligrar la faena. Se advertía la presencia de un público nuevo, quizás personal de gabinete, de apoyo, de control. Por si fuera necesario asistir, echar una mano en algo. Este trimestre la faena oficiada por el consejero delegado fue más corta. Y la del director financiero, también. La exposición no fue prolija, hubo menos detalle que en otras ocasiones, y no por falta de transparencia, ¡eso jamás!, sino por estrategia, por timing. Se dejó más tiempo para el final porque las previsiones indicaban más preguntas y más público en la grada. Pero también más mensaje, desde el principio. Desde el minuto uno Sáenz atacó por el centro con “los resultados son buenos, extraordinarios, estupendos”. El “buenos resultados” sería una suerte que se repetiría más veces a lo largo de la faena. Él mismo parecía sorprendido de la calidad del beneficio, de la pureza del margen ordinario y de lo bien que habían quedado los costes. Y todo ello empleándose para lograr el más alto grado de ortodoxia y salud, “balance sano sin tóxicos”, se nos dijo hasta en cinco ocasiones. Vamos, un trimestre redondo, precisamente cuando el mundo se hunde y sus competidores, a los que llama “peers”, navegan sin rumbo y con el agua al cuello.

SUBIR INNGRESOS, BAJAR COSTES

Pero el modelo de negocio del Santander “encaja perfectamente en las exigencias del entorno actual”, reza en su documentación, visualmente más clara, sino la que más, de todas las proporcionadas por sus “peers” españoles. En esa documentación se expone, y también razona, que ante el temporal vigente el Santander se emplaza más exigente, y utiliza sus fortalezas empleando la “máxima prudencia en la gestión del balance, anticipándose y hacia un crecimiento cero de los costes”. El banco será más tacaño en adelante, en todo lo que pueda y lo que no pueda, porque sino las “mandíbulas” no se podrán mantener bien abiertas, dice Sáenz. Abiertas quiere decir que en la gráfica, la línea de los ingresos va para arriba y la de los costes para abajo. Esto es lo que se pretende. De lo contrario, mandíbulas cerradas, o sea, ingresos para abajo y costes para arriba, es lo que se pretende evitar. Y así los informadores, trimestre tras trimestre, lo entendemos muy bien gráficamente. Para los críticos con las cifras, el beneficio del Santander no se debe, únicamente, como señala el banco, por la puesta en valor del Banco Real sino entre otras razones por los menores impuestos de los esperados que compensan las mayores provisiones previstas.

Lo cierto es que el banco va como un McClaren. Si estos consiguen el campeonato de Fórmula 1, no será por Hamilton, sino por el Santander. El banco es la envidia de España, de Europa, de medio mundo. Los resultados rallan la perfección, la velocidad de ejecución de su estrategia llega hasta el punto de adelantarse en varios años a los planes previstos, como en su proceso de “desapalancamiento” en Reino Unido. Toda una demostración de aprovechamiento de las oportunidades. Cinco mil millones para comprar bancos. Santander ha adquirido tres bancos en tres meses, a uno por mes. Un récord. Sabíamos de la sana ambición de Emilio Botín por darle a su empresa otra dimensión. Pasar del séptimo lugar del ranking bancario español al segundo puesto por valor de mercado y tercero por depósitos en Reino Unido, en poco más que una veintena de años, tiene algo más que mérito, y eso que el banco vale, en Bolsa, la mitad que en enero pasado.

DIVIDENDOS CASH

Nadie tiene dudas que la acción cotiza ahora en el infierno, también en rojo. Por eso un periodista le preguntó el porqué de esa situación. Sáenz sacó cintura y le echó la culpa a “la histeria del mercado, esto no tiene ni pies ni cabeza, no lo comprendo”. Y cuando un consejero delegado dice esto, uno se queda frío porque, sino lo sabe ni él ¿quién lo va a saber? Lo cierto es que es la quinta vez desde 1985 que el Santander se deja el 50% de su capitalización en un proceso bajista. Y como dicen los analistas, veremos la acción a cuatro euros antes de que comience a repuntar de nuevo. Eso sí, ¡los dividendos ni tocarlos!. Nos quedamos tranquilos porque no sólo se siguen pagando, sino que además son un 10% más, “y en cash -recalca con satisfacción Sáenz- no como otros”.

Sorprendió a la prensa la contestación del consejero delegado, interpretado como un “natural” a propósito de una pregunta sobre Banif, que fue zanjada remitiendo al periodista a la nota que Banif envió a la CNMV, y en la que la filial del Santander decía que “está estudiando los costes y las posibles soluciones que ofrecerá a sus clientes”. Según el ejecutivo, la asunción de costes por parte de Banif serán de naturaleza “estrictamente comercial” y rechazando que la venta de los bonos de Lehman haya sido defectuosa. En fin.

Y para el futuro, sin ir más lejos, el próximo ejercicio, los periodistas invitaron a Alfredo Sáenz a que adelantara alguna impresión. Invitación que fue rechazada por el ejecutivo, que evita a toda costa con sus palabras sembrar la prensa de titulares (recordar aquí aquella procaz idea de desmontar a la mayor brevedad el wellfare, que colmó todos los titulares), porque le parece una “frivolidad hablar sobre lo que no se conoce”, y porque además tiene aún el presupuesto para 2009 sin hacer, lo que no le impide asegurar que el año que viene el crecimiento de costes será “plano”. Eso sí, aprovechó la ocasión para lanzar otro mensaje: el banco cerrará el año con una morosidad controlada que “en ningún caso superará el 2%”. El objetivo de los 10.000 millones de beneficio para este ejercicio no parece preocupar más allá de lo justo al consejero delegado del Santander a quien le salen las cuentas a nada que sumen unos extraordinarios de aquí y unas ventas de allá para alcanzar la cifra prevista, “tampoco está tan lejos”, dijo Sáenz.

LA GRAN COMPRA

Pero el Santander tiene una asignatura pendiente; hacer la gran operación, la que falta, la que necesita y la que espera el mercado. Posiblemente sea la causa por la que ese mercado no le concede el valor que en el banco dicen merecer. Y por muy lleno que vea el plato Juan Rodríguez Inciarte para descartar nuevas adquisiciones, su consejero delegado dice muy claro que “seguiremos teniendo los ojos bien abiertos”, porque como ya ha dicho Emilio Botín en alguna ocasión, “el límite es el cielo”.

En todo caso, intentaremos seguir a Alfredo Sáenz, incluso a costa de no comprender alguno de sus “palabros”: sigo sin localizar en todos los diccionarios consultados el significado del término “contraintuitivo” (lo menciona cada trimestre y no consigo entender el significado) ni el adjetivo “conflictuados”, tampoco lo encuentro. Prometo que lo seguiré intentando, de nuevo, cada trimestre.

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