edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
17/11/2017
banca 
Nuevo contencioso, más litigios

Las multidivisas, otro enredo con la Justicia que mina la reputación bancaria

Tribunales colapsados, decepción de la clientela, directivos con sentencias `black´ y la llamada al orden de la UE al legislador, dibujan el peor escenario
Juan José González
El Tribunal Supremo ha dictaminado la nulidad parcial de una hipoteca multidivisa por falta de transparencia, porque la entidad bancaria no detalló debidamente al cliente los riesgos que asumía. En otras palabras, un nuevo frente judicial para el sector bancario que hay que sumar a los ya existentes -y acumulados- derivados de las distintas modalidades de financiación hipotecaria, las cláusulas suelo y los costes de las escrituras, las emisiones de preferentes y las discutibles ventas de acciones en Bolsa -OPV de Bankia- y todos ellos hoy objeto de causas de reclamaciones pendientes, sentencias firmes y otros dictámenes a los que ahora hay que sumar las cerca de 50.000 reclamaciones que se esperan a propósito de la sentencia del alto tribunal en el caso de las hipotecas multidivisa. Se acumulan así los problemas entre el sector bancario y la clientela y se agrava una relación que lejos de ser fluida y próxima, eficaz y de servicio, se presentan como un nuevo casus belli -otro más- que impacta de lleno en la línea de flotación o reputación del sector cuando todavía no parece recuperado de la crisis de las cajas y, mucho menos, de la hipotecaria, de la que `las multidivisa´ son una prueba más.
Si bien es cierto que la salida de una crisis bancaria como la vivida recientemente en España, con la desaparición del 55% del sector y el reajuste del resto -aún incompleto y a falta de reducción de capacidad- no se despacha en poco tiempo, también hay que reconocer que pasan los años -con 2008 como referencia inicial de la crisis- y la clientela parece seguir en la misma situación, siendo el cúmulo de denuncias y reclamaciones a miles ante la Justicia tan sólo una muestra de posibles engaños y de estafas probadas, unos y otras con sentencias emitidas por distintos tribunales y distintas instancias.

Y así suman y siguen y continúan las reclamaciones sobre irregularidades en el sector que, además, no se quedan sólo en el ámbito de la clientela, sino que alcanzan a la profesión misma de banquero. Todavía pendientes de resolución judicial están los casos que implican a algunos altos directivos bancarios en dudosas -presuntas- actividades empresariales así como los numerosos casos de retribuciones extra, variables o en `black´ y que están en fase de resolución final y recursos múltiples. Por tanto, la práctica bancaria, bien originada antes de la crisis, durante o después, parece acumular tantos casos que afectan a uno y otro lado de la relación de banca y clientes que no será fácil de superar en el corto plazo.

Según parece, el sector ya había delegado y encargado a su asociación los trabajos para restaurar la confianza y recuperar la satisfacción de la clientela. Y recuperar la imagen y la reputación perdidas, dañadas o erosionadas en la crisis financiera, era uno de los objetivos del presidente de la Asociación Española de Banca (AEB) nada más llegar al cargo. Y hasta el momento -tiempo ya suficiente ha tenido y ocasiones en cantidad y muy numerosas desde marzo de 2014, mes y año de su llegada a la asociación profesional- no hay balance alguno al respecto sobre la recuperación de la reputación e imagen dañadas por la crisis. Quizá el cambio de la imagen propia de la asociación sea el punto de partida para revertir la situación y mejorar la relación de la banca con sus clientes.

Y por si no fueran suficientes los contenciosos entre clientela y banca, la Unión Europea, a través del alto tribunal, el Tribunal de Justicia de la Unión, apremia y señala con el dedo a los organismos reguladores españoles para que afinen en su labor legisladora y adapten la muy discutible normativa hipotecaria a la realidad de los tiempos y tengan en cuentan las repercusiones sociales de una mala o deficiente regulación, en este caso, hipotecaria. Como también habría que recordar alguna llamada al orden de las autoridades bancarias europeas al Banco de España sobre el comportamiento y gestión desarrollada como supervisor de una crisis bancaria que no supo afrontar.

De esta forma, parecería, exagerando un poco, que el sector financiero en España, o está manga por hombro o hecho unos zorros tras la crisis financiera y que ahora intenta levantar cabeza. Quizá la imagen más fiel del sector se encuentre en que aún sigue inmersa en asuntos pendientes con la Justicia, investigando y resolviendo esta, según el caso, las miles de reclamaciones por las irregularidades apuntadas. Que de los fallos judiciales, reclamaciones de clientes y llamadas de atención de Bruselas, no se puede interpretar que existe un ataque a tres bandas contra el sector. Y que, finalmente, al margen de resoluciones y sentencias en contrario, las entidades bancarias no deberían repetir conductas de abuso de posición o falta de transparencia en la venta de productos financieros o tipos de financiación hipotecaria y demás que a la postre conviertan al cliente en víctima, al banco en culpable, a los directivos en delincuentes y a las autoridades en incompetentes. Por todo, la reputación sigue estando en juego.

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