edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
16/02/2017

Las negociación entre GM y Peugeot para la venta de Opel desata una ola de ira en Europa

El Gobierno alemán dedicó su consejo de esta semana a lo que los medios califican de traición francesa
Carlos Schwartz
El consejo de ministros semanal del Gobierno alemán se dedicó a discutir las consecuencias de la posible venta de Opel, la subsidiaria europea de General Motors (GM), a Peugeot. El fantasma de una cirugía de amputaciones en las fuerzas laborales de la empresa han encendido las alarmas en el contexto de esa posible venta. Las negociaciones anunciadas esta semana están más avanzadas de lo que las partes han hecho público de acuerdo con una fuente en Francia al tanto de las negociaciones. El objetivo sería dejarlas cerradas en dos semanas con la vista puesta en la Feria del Automóvil de Ginebra. El gobierno de la canciller Angela Merkel filtró a la prensa su indignación por la falta de información sobre las negociaciones en un año electoral en el país. Opel tiene tres plantas en Alemania y emplea a 19.000 trabajadores de los 38.000 que trabajan en la empresa. La única planta de Opel en España en Figueruelas, Zaragoza, y da trabajo a unos 5.500 operarios. La empresa es uno de los principales fabricantes de coches de Alemania y la fue adquirida por GM en 1929. Sobre la ola de la crisis financiera internacional que dejó a GM al borde de la quiebra en 2008 llevó en 2009 al consejo de la empresa estadounidense a negociar la venta de su subsidiaria europea a la empresa canadiense Magna International.
Merkel se involucró personalmente en los esfuerzos por convencer a GM para que la venta no implicara recortes en la plantilla de la empresa ofreciendo incentivos y apoyos a la misma. Dos meses después de firmado el acuerdo GM desistió de la venta y decidió reconstruir su actividad industrial en Europa. Uno de los problemas es que Opel no da beneficios desde 2010 y la actual consejera delegada de GM, Mary Barra, desarrolla una política de venta de activos no rentables con el objetivo de generar dinero para mejorar sus operaciones en Estados Unidos y otros mercados.

El miércoles, la ejecutiva y el presidente de la empresa, Dan Ammann, aterrizaron en Alemania para mantener las primeras reuniones con los altos ejecutivos de la empresa y representantes sindicales en su sede de Rüsselshaim. De acuerdo con fuentes próximas a Opel esta es la primera discusión con la plana mayor de la subsidiaria sobre los planes de venta. El secretismo y la tardía decisión de comunicar el intento de acuerdo no han contribuido a un clima de cordialidad con las autoridades de los países afectados que son principalmente Alemania y Reino Unido donde está la filial Vauxhall, y marginalmente España.

Uno de los motivos de indignación del Gobierno alemán es que el lunes pasado el primer ministro francés Bernard Cazeneuve mantuvo una reunión con Merkel en Berlín pero no mencionó las negociaciones. El hecho fue calificado por la prensa sensacionalista del país como “traición”. El hecho que el estado francés tiene un 15% del capital de Peugeot (PSA) hace inverosímil la posibilidad de que el gobierno no estuviera al tanto. La principal amenaza naciente para los partidos tradicionales alemanes es el rápido crecimiento de la formación nacionalista a la derecha de las formaciones conservadoras tradicionales del país bautizada Alternativa para Alemania.

Para los analistas políticos en Alemania el movimiento de PSA y GM da aire a la oposición de derechas en un año electoral que puede suponer además un revés para Angela Merkel mientras el socialismo alemán sale reforzado de su convivencia en la coalición de gobierno y el tirón de su candidato Martin Schultz.

Por su parte, la ministra de Economía alemana Brigitte Zypries declaró en la televisión que “Encuentro inaceptable que estas negociaciones se hayan llevado a cabo sin involucrar a los consejos del trabajo (la representación de los trabajadores en las empresas alemanas) y sin el conocimiento de IG Metal (el sindicato que agrupa a los trabajadores del sector). Esto no debería haber ocurrido”. La cultura corporativa y la ley de Alemania dan un espacio importante a la opinión de los trabajadores no solo a través de los sindicatos sino mediante diversos órganos de representación incluidos los consejos de administración.
Vauxhall tiene plantas en Reino Unido en Ellesmere Port y Luton y el país embarcado en su salida de la Unión Europea está especialmente sensibilizado ante los efectos en el empleo de las grandes operaciones corporativas.

Funcionarios del Gobierno de la conservadora Theresa May expresaban esta semana su temor a que PSA diera garantías sobre el empleo a Alemania para evitar grandes presiones sobre las empresas destinadas a paralizar la operación mientras descargan la reducción de empleo sobre los trabajadores de la plantilla británica en Vauxhall.

Los analistas del sector consideran que una fuerte reducción de empleo en Opel y Vauhall es inevitable. “Carlos Tavares es el ejecutivo portugués que se ha pasado la vida en la industria del automóvil y que ha logrado darle la vuelta a PSA en poco tiempo. Las mejoras logradas en la empresa están directamente vinculadas a una enérgica reducción de costes. Los que temen que haya una poda de personal no se equivocan, es el estilo de Tavares”, afirma una fuente de la industria del automóvil en España que ha trabajado con Tavares en Renault antes de su incorporación a Peugeot.

La empresa francesa tiene una larga relación con GM con quien ha desarrollado actividades conjuntas durante años llegando en algún momento a intercambiar participaciones accionariales que posteriormente se han deshecho. Ante las negociaciones entre  las dos empresas automovilísticas el secretario general del sindicato  británico Unite, Len McCluskey, dijo que muy probablemente la decisión fuese un resultado de la salida de Reino Unido de la UE señalando que era necesario que el Gobierno diera a Vauxhall seguridad de que el Brexit no afectaría a las industrias del sector de la misma forma que dio garantías a Nissan Motor para que siguiera produciendo el modelo Qashqai en el país.

Pero también los sindicatos franceses temen que una eventual reducción de costes les afecte. “No aceptaremos ningún acuerdo que afecte a los intereses de los trabajadores en Francia o en Alemania, ya sea por una reducción en el empleo o por la pérdida de poder adquisitivo. No admitiremos ningún compromiso”, afirmó Jean Pierre Mercier, un miembro del sindicato CGT en el comité de empresa de Peugeot. Las negociaciones de Peugeot con GM cuando menos han sido torpes y eso va a tener sus consecuencias para los planes de ambas empresas a corto plazo.

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