edición: 2556 , Martes, 18 septiembre 2018
06/04/2011
Los bancos centrales de la eurozona desconfían de la Autoridad Bancaria Europea

Las nuevas pruebas de estrés persiguen acabar con el riesgo de la especulación a corto

Quiere implantar los criterios aplicados por el regulador español en la crisis bancaria
Juan José González

La Autoridad Bancaria Europea (EBA) esta funcionando a toda máquina. Inmersa en el procesado de datos procedentes de las entidades financieras que se ‘examinan’ en los próximos meses en Bruselas, donde se emitirá un juicio y recomendaciones –resultados de las pruebas de esfuerzo- sobre algunos aspectos que aún no ha desvelado, aunque ya ha avanzado que se esforzará en que las pruebas sean más exigentes. Así es como la autoridad bancaria de la Unión afronta una nueva ronda de exámenes o pruebas de estrés, una vez apuntado el fracaso de las primeras, como demostraron las cuentas falsas de la banca griega o más recientemente, de las entidades financieras irlandesas, que sobre el papel resultaban tener todo en orden y bajo control, limpios de polvo y paja. Las nuevas pruebas de esfuerzo, además de extremar el rigor, se espera que aporten la credibilidad suficiente como para que el mercado se las tome en serio.

Todo parece indicar que en esta ocasión la EBA va en serio, es decir, que no se ha creído las cuentas de los bancos irlandeses, los primeros sometidos a las citadas pruebas. La base de la incredulidad, en este caso, no se encuentra en la fama del país, adquirida en anteriores exámenes, sino en el reconocimiento de la banca irlandesa. Esta tiene establecido en el 6% el límite de core capital de máxima calidad sobre los activos ponderados por riesgo, lo que arroja un déficit de 18.700 millones de euros. Sin embargo, los reguladores, en aplicación de nuevas pautas de comportamiento –desconfiando de la verdad absoluta de ese déficit- ha obligado a los bancos irlandeses a provisionar capital adicional a la cifra señalada, por valor de 5.300 millones de euros, cantidad que figura en el apartado de reservas ante posibles pérdidas mayores que con toda probabilidad se presentarán en el futuro.

El asunto no tiene mayor importancia, en principio, puesto que las entidades financieras de la eurozona se preparan para someterse a exámenes más rigurosos, y en algún caso, extremos, a tenor de la mayor exigencia en los criterios o escenarios macroeconómicos que se barajan. Pero sí tiene relevancia el hecho de que el regulador europeo aproveche el primer examen a Irlanda y se sirva en esta nueva andanada de pruebas para lanzar mensajes a la generalidad de la banca europea acerca de futuros criterios que se deberán tener en cuenta. Así, por ejemplo, se interpreta esa parte del capital adicional que en concepto de reserva –los 5.300 millones de euros- deberá provisionar la banca irlandesa.

Otro mensaje enviado por el supervisor europeo, también a través de las pruebas irlandesas, es que, en la medida de lo posible –y de lo posible debe ser mucho- tiendan a reducir la dependencia de la financiación al por mayor, estableciendo para ello, un límite en la relación de estos recursos frente a los depósitos. Viejo asunto ya tratado en dos reuniones de G20 pero de escasa repercusión. Sin embargo, es una de las novedades en las que la EBA piensa insistir por cuanto significa de reducción de riesgo especulativo. En el sector financiero destacan el fuerte parecido de los nuevos criterios aplicados por la EBA con varias medidas que forman parte del RDL aprobado en febrero pasado por el Gobierno español.

En este sentido, la autoridad bancaria europea, se detiene también en considerar los riesgos del capital especulativo, principalmente de corto plazo, que tendrían sobre las carteras de la banca los posibles impagos de instituciones públicas avalados por su Estado, o incluso, los derivados de una quiebra e impago de un Estado. Un apartado este en el que, según los expertos financieros, la EBA debería profundizar un poco más.

En la misma línea de mayor exigencia entienden los bancos la nueva definición de capital, la cual se ha demostrado problemática en varios casos, como en los bancos italianos, las cajas españolas y los bancos regionales alemanes, estos últimos los más beligerantes hacia las nuevas exigencias desde el momento en que pudieron comprobar que limitaban las participaciones de capital procedentes del Gobierno central. En España, el asunto no estuvo exento de polémica por cuanto la norma del RDL de reforma del sistema financiero no especificaba claramente el concepto y contenido de capital principal, más tarde aclarado por la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Elena Salgado.

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