edición: 2862 , Martes, 10 diciembre 2019
09/12/2008
Observatorio de Telecomunicaciones

Las piruetas de ONO le amargan la transición a Castellano

Ana Zarzuela

Se ha subido al carro de una metamorfosis sin esconder sus heridas. Ni las de la operadora -un rendimiento por debajo de lo esperado, 4.000 millones de deuda y la caída de ingresos- ni las de un mercado en el que la banda ancha no escapa al descenso del consumo. Pero el motor de su travesía, la nave de los 100 megas y el cableado del 85% del territorio con la que esperaba llegar a las orillas de la recuperación, ya se ha gripado. No ha tenido más remedio que recoger las velas de los 25 megas y la de Ono iO y ver cómo los problemas de ejecución de los 50 megas le manchan la corona.

Renuncia al móvil, se aferra al ADS, pero será a mucha menos velocidad de la que pretendió. Recoge velas justo ahora que el mercado, en plena guerra de la fibra le entona el ‘ahora o nunca’, si quiere hacer valer los atractivos del único grupo con una red nacional alternativa a la de Telefónica. Poco más le queda que el refugio en sus galones como líder en comunicación y entretenimiento por banda ancha.

Tocan a metamorfosis en ONO. Y las campanas de los fondos, los accionistas mayoritarios, la quieren ya. Tanto que Castellano ha comenzado a soltar el lastre de sus ocupaciones en los consejos de administración de Rothschild, Adolfo Domínguez, Puig y la Fundación Bankinter. La sombra de Eugenio Galdón es alargada. El horizonte, nebuloso. Castellano asumía hace un mes el volante de Eugenio Galdón en la carrera por los 100 megas, un ‘auto’ vistoso, exclusivo, al que sólo César Alierta y él aspiraban a subir a corto plazo. Ono no pudo acercarse a los 30 megas de Telefónica en su momento y esperaba que los 50 megas y su evolución a través de los sistemas docsis le permitieran estirar las prestaciones del cable hasta los 100 megas, tanto en sentido ascendente como descendente antes de fin de año. No será ahora.

Sigue las huellas que ya a Yoigo le obligaron a dar un paso adelante y dos atrás. Eugenio Galdón prometía los 100 megas a finales de septiembre. Y José María Castellano para ahora sus caballos, a mucha distancia de ese horizonte: sus clientes de 25 megas tendrán que acomodarse de nuevo en los 12, el techo que puede ofrecer en la mayoría del territorio donde tiene cobertura. No solo se verán perjudicados por la reducción de velocidad de descarga, sino por la subida, que pasará de 1 Mb a 500Kb. Solo los clientes con cobertura de un nodo docsis 3, restringidos a algunas zonas de Madrid, podrán disponer de velocidades superiores a 12 Mb, como los 50 Mb/3Mb, a pesar de que la red de Ono no se diseño para docsis 3 y su entrada en funcionamiento está revelando algunos problemas.  Es verdad que pueden dar los 100 Megas con la nueva tecnología digital docsis 3.0, pero diseñaron las redes pensando en la distribución de televisión, que es lo suyo, lo que impide comercializar banda ancha de 100 megas de subida y bajada para acceso a Internet de forma masiva. 

LA TRAVESÍA DEL DESIERTO

El ADSL se ha convertido en uno de los refugios que aún reverdecen en un mercado cada vez más tímido: el total de líneas de banda ancha aumentó en octubre un 14,2% hasta alcanzar los 8,88 millones, por más que Telefónica consiguió una media de un 52% de la ganancia de líneas de banda ancha en los últimos tres meses; mientras que los operadores alternativos que usan la red del operador histórico se hicieron con el 35,5% y los operadores de cable, con el 12,6% restante. Pero el adsl toca suelo comercial. Las ofertas ya no pueden bajar más. El mercado necesita aire fresco, y los operadores lo han encontrado en las nuevas velocidades 30, 50 y 100 megas, los nuevos horizontes a explotar a partir de ahora. Unos cielos por ahora ajenos para Ono. Tanto como los derroteros del móvil, en los que comenzó a volar el 26 de noviembre de 2006 con iO como solución convergente fijo móvil y que ahora abandona, sin haber alcanzado la modalidad prepago que estaba prevista (y anunciada incluso en los cajeros) para el segundo semestre del año.

Paradojas del mercado, en plena tormenta de las telecos europeas y a pesar del descenso del consumo en ADSL y el cable en el último semestre, desde que hace cuatro años los cuatro fondos de inversión extranjera desembarcaron en ONO, éste es uno de los mejores momentos de sus operaciones. Elevó su cuota de ingresos en banda ancha en el segundo trimestre y por primera vez cerró el semestre de enero a junio con 20 millones de beneficio neto (frente a pérdidas de 186 millones en el mismo periodo de 2007),  pero las luces rojas de su facturación (cayó el 0,3%) y el descenso de Internet perfilan un horizonte adverso a medio plazo que la operadora trata de opacar con las luces de su Internet a alta velocidad y sus galones de líder en la banda ancha por cable. ONO mantiene su política destinada a reducir negocios no rentables (como el acceso indirecto residencial y corporativo) y a desarrollar el negocio residencial de acceso directo, que aumentó su facturación un 4,9%.

El ex consejero delegado de Inditex y hasta ahora consejero independiente en ONO, cuenta con los fondos CCMP, Providence, Thomas H.Lee y Quadrangle y el resto de los socios extranjeros, que suman un 68,4% del capital y con al menos el laissez faire de los 80 accionistas españoles que controlan el 21% de la empresa. Con los galones de primera operadora de cable española, casi 3,9 millones de servicios contratados (RGUs) y más de seis millones de usuarios y con un tratamiento de choque que pasa por un Expediente de Regulación de Empleo a 1.300 empleados -un 30% de la plantilla- reducción de costes, repliegue de su paraguas comercial y del departamento de pymes y medidas de mejora del servicio. Ya había advertido que los 363 millones de inversión material (capex) prevista para este año no se iban a gastar en su totalidad.

Castellano es un gestor capaz de hacer la cirugía necesaria para dar la vuelta a los malos números de la empresa sin que le tiemble el pulso. Pero no lo tiene fácil, sobre todo para dejar de producir para sus bancos acreedores. Asume el timón de una operadora que tiene que hacer frente a vencimientos de deuda crecientes: 113 millones de euros en 2008, unos 200 millones en 2009, 418 millones en 2010 y 500 millones en 2011. Desde el principio se ha movido en el entorno del doble de unos ingresos que desde 2005 caen cuesta abajo, y ahora triplica ya triplica a los acumulados del año. Y, a la vista de que sus flujos de caja se elevan a unos 250 millones anuales, sus caminos –al menos en un primer momento- pasan por la mejora del ebitda y por la vereda de la reducción de costes. A las aportaciones adicionales de los socios, la entrada de nuevos accionistas, o la realización de emisiones de deuda al mercado, de momento ni están ni se las espera. Si llegan -espera la nueva dirección- lo harán con la travesía del desierto ya a sus espaldas. Las cifras a partir de mayo dejan claro que la banda ancha no es inmune al tsunami del tejido financiero y el consumo. Y aunque todos los competidores de Telefónica han flaqueado respecto a sus registros habituales, los operadores de cable (el 21% de clientes de banda ancha) lo hicieron más que los de ADSL (22%).

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