edición: 2784 , Lunes, 19 agosto 2019
15/02/2011
“Services on Monitoring Retailers’ REAP commitments”, informe de la Comisión Europea

Las prácticas respetuosas con el medio ambiente todavía se le resisten al sector minorista europeo

Beatriz Lorenzo

Bruselas continúa en su cruzada encaminada a reconstruir un sistema económico mermado tras el huracán financiero, lacrado por cifras de desempleo sin precedentes, y asolado por la desconfianza de una sociedad que ha visto como imperaba la falta de sostenibilidad en las compañías y el modelo económico conocido se desmoronaba ante sus ojos como un castillo de naipes.

Los desafíos son arduos y numerosos: promocionar el consumo , mejorar el compromiso social, reducir la pobreza, impulsar la protección medioambiental y estimular el empleo. Todo ello aglutinado bajo el estandarte del desarrollo sostenible, de la gestión responsable, del respeto social y medioambiental como garantía de supervivencia en el largo plazo. Iniciativas como la “Alianza de la Primavera” -a la que se ha sumado la Fundación Ecología y Desarrollo en España- abanderan los nuevos vientos del cambio. Uno de los más recientes pasos en este camino ha sido la elaboración, por parte de la Comisión Europea, del informe «Services on Monitoring Retailers’ REAP commitments» que da fe del progreso realizado en los objetivos inicialmente adoptados por el Foro de Comercio Minorista a la hora de asumir prácticas “verdes”, respetuosas con el medio ambiente.

Según el documento, “podría hacerse todavía mucho más” a la hora de sensibilizar al público de las ventajas del consumo sostenible, aludiendo a prioridades tales como la mejora de la eficiencia energética de los edificios, el aumento de las ventas de productos más sostenibles y un mejor diseño ecológico. También han saltado a la palestra temas como el vínculo entre RSC y cadena de suministro, la aplicación de criterios ecológicos o el uso de energías renovables.

BUENAS PRÁCTICAS

Lo que sí es evidente es que todavía queda mucho camino por recorrer en este sentido. El documento revela que el nivel de compromiso a la hora de asumir prácticas sostenible es desigual entre los miembros del Foro, existiendo aspectos dignas de análisis como el caso de las franquicias que, según el informe, sólo requieren el cumplimiento de normas sociales y no necesariamente de normas ambientales y de toda la gama de compromisos que pueda haber contraído la empresa matriz. Entre los ejemplos que menciona el documento de empresas que han llevado la sostenibilidad a la práctica destacan miembros del Foro como la cadena de supermercados Carrefour, que ha aumentado el número de productos ecológicos de su propia marca en algo más de un 80 % desde 2006. A su vez, Marks & Spencer del Reino Unido ha incrementado la proporción de productos de poliéster fabricados con plásticos reciclados y Asda Wal Mart ha reducido las emisiones de CO2 de su flota de transporte en un 40 % en los últimos cinco años. En el caso de mercadona Mercadona, la cadena está alcanzando unas tasas de recuperación de los residuos de envases del 100 % en sus centros comerciales y de distribución.

Más allá de los datos citados por el documento, merece la pena hacer hincapié en uno de los aspectos más relevantes que engloban las buenas prácticas del sector minorista en materia ambiental; la huella de carbono. Concretamente, el sector de la alimentación ha pasado a estar presente en la cuenta de cargo de la contaminación: las toneladas de alimentos procesados que día a día son consumidos en el mundo, tienen un impacto considerable en el medio ambiente. Según la Comisión Europea, el sector de alimentos y bebidas contribuye a alrededor del 23% de los recursos a escala mundial, el 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 31% de las emisiones acidificantes.

Por categorías, los productos lácteos y los cárnicos de vacuno tienen una enorme huella ambiental, algo que está muy relacionado con el gas metano que se emite y se libera a la atmósfera tras la digestión de los animales, así como con los terrenos boscosos talados para conseguir pastos. A este respecto, la FAO ha publicado un informe titulado.“La larga sombra de la ganadería” que asegura que el 37% de todo el metano del globo y el 9% de dióxido de carbono lo emite la producción animal. Ante tal situación, las compañías comienzan a ponerse las pilas en este sentido: gigantes como Coca Cola o Cadbury han firmado acuerdos con Carbon Trust, una entidad encargada de auditar la huella de carbono de los alimentos y otros bienes de consumo. Quienes forman parte del programa, iniciado en el año 2007, se comprometen a rebajar en dos años los niveles de contaminación generados por sus distintos productos.

PROVEEDORES RESPONSABLES

Es también destacable otro de los aspectos que menciona el informe, la alianza entre Responsabilidad Social y cadena de suministro. La práctica demuestra que en aquellas ocasiones en las que se ha implantando una política coherente de Responsabilidad Social en el seno de la cadena de valor, la reputación corporativa se robustece y las cifras suelen reflejar también resultados más positivos. De una forma u otra, no debe olvidarse que hoy en día, las empresas carecen de una visibilidad completa de todo aquello que acontece en su cadena de suministro y esto es un problema que hay que solventar. La nueva versión de la cadena de suministro, más responsable, requiere de una mayor conectividad, colaboración e integración de procesos de red de partners para mejorar la visibilidad. Entre las mejores prácticas que las empresas están llevando a cabo para mejorar su visibilidad, destaca la planificación con proveedores, el reaprovisionamiento continuo con clientes o la información electrónica compartida en tiempo real.

Así pues, el sector minorista apuesta cada vez más por la aplicación de criterios ambientales, una tendencia que se percibe claramente en el aumento de mensajes “verdes” en las campañas promocionales. En este sentido, es importante para lograr la confianza y credibilidad de los consumidores que la exageración, la información sesgada y el buenismo no formen parte de los mensajes publicitarios. A nivel comunitario, la Alianza Europea de Ética Publicitaria (EASA) tiene la misión de velar en mayor medida por que las partes interesadas contribuyan en la realización de los códigos. Este seguimiento debería incluir indicadores dirigidos a verificar que la implicación de las partes interesadas responde a las expectativas de la sociedad en la que operan los organismos de autorregulación. Aprovechando el auge de las nuevas tecnologías, EASA ha desarrollado una herramienta que permitirá a los anunciantes europeos asesorarte acerca de si sus anuncios puntuales o campañas globales congenian o no con los códigos éticos relativos a la publicidad.

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