edición: 2977 , Viernes, 29 mayo 2020
27/02/2013
Los precios de oleaginosas y cereales sujetos a un descalabro por las cosechas americanas este año

Las previsiones de ingresos del Gobierno argentino pueden sufrir una corrección a la baja por la campaña agraria

Carlos Schwartz

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha modificado sus previsiones de cosecha para este año y ha puntualizado que las cifras de cosecha esperadas para el maíz serán del orden de los 370 millones de toneladas, mientras que la cosecha de soja puede alcanzar a los 97 millones de toneladas. En 2012 una sequía se llevó por delante la cosecha de cereales y oleaginosas en Estados Unidos, el principal productor mundial, provocando una fuerte escalada en el precio de estos productos. En 2012, a diferencia de 2011, una buena cosecha asiática de arroz sirvió de contrapeso a los fuerte incrementos en el precio de los cereales en el mercado mundial y evitó estallidos sociales en el norte de África y Asia que caracterizaron la primavera social en esas regiones. La carestía de los alimentos contribuyó a los estallidos sociales en Túnez, Marruecos y Egipto en 2011.

Pero mientras en esos países los precios detonaron la conflictividad, en otros supuso bonanza. Uno de los ejemplos es Argentina, país en el cual el presupuesto del Estado queda zanjado con la campaña de exportaciones estival. En marzo entran las divisas de la cosecha de verano, la más sustanciosa.  El Gobierno de Argentina cuenta con esos ingresos para financiar su presupuesto sobre la base de tasas del 35% sobre los ingresos de los exportadores agrarios.

El economista jefe del Ministerio de Agricultura estadounidense, Joseph Glauber, anunció que su departamento espera una reconstrucción de stocks a escala nacional lo que puede modificar sustancialmente los precios de mercado de maíz y soja. El efecto del incremento de producción se ha verificado también en el trigo esta semana. Pese a la sequía que ha asolado a las grandes llanuras centrales estadounidenses las nevadas recientes han cambiado las previsiones y los precios en los mercados de futuros para el trigo han registrado mínimos para los últimos ocho meses.

Estados de llanura como Kansas y Oklahoma que tienen cosechas de invierno de trigo duro rojo registraron fuertes caída en los precios tras las nevadas de las últimas dos semanas. Estos indicadores han incrementado el nerviosismo dentro del Gobierno de Cristina Fernández en Argentina que inaugura el año lectivo con una huelga de maestros de una semana en marzo. Si se tiene en cuenta que el colectivo era hasta hace bien poco un firme soporte del Gobierno no faltan indicios de que el año se puede convertir en un tránsito difícil para la presidenta. El economista Glauber espera una producción récord de maíz y soja en Estados Unidos este año.

Las economías emergentes de países productores de cereales y oleaginosas resultaron beneficiarios el año pasado de la peor sequía en Estados Unidos en cincuenta años, que desató una fuerte escalada de precios. La situación cambiará de signo este año de acuerdo con el Departamento de Agricultura estadounidense (USDA) que espera cosechas récord. La incertidumbre sin embargo no se despejará hasta el verano ya que la posibilidad de que la sequía de reedite mantendrá a los mercados en vilo. Sin embargo como efecto estacional, la cosecha de verano de los países de América Latina ya está en el mercado y sufre la consecuencia de las previsiones optimistas.

Mientras Argentina ha sufrido esta cosecha el efecto de una sequía que ha reducido el rendimiento por hectárea y los productores han solicitado ayudas al Gobierno para hacer frente a sus menores ingresos. De acuerdo con el Ministerio de Agricultura el efecto de la sequía sobre la campaña agraria ha sido muy desigual y afectado por zonas y productos de forma irregular a los productores. Sin embargo el efecto de conjunto es de menores ingresos fiscales. Los productores han solicitado ayudas al Gobierno y han criticado las valoraciones oficiales que señalan que la sequía que se inició en noviembre ha sido menos intensa que la de 2009.

Ocurre que la sequía argentina no será suficiente para alterar los precios internacionales pero si afectará a los ingresos del sector agrario, y por tanto a los ingresos fiscales, con precios internacionales a la baja. Las autoridades de la Hacienda argentina han propuesto no cargar intereses sobre la deuda fiscal vencida de los productores de la zonas afectadas por la sequía pero la discusión de fondo es sobre las tasas. Los productores agrarios aspiran a una reducción de las cargas fiscales que soportan y que son el pilar de la financiación del Estado.

El ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, ha dado muestras de voluntad negociadora, no solo en materia de financiación para superar los efectos de la sequía sino sobre los contenidos de la política agraria. Los analistas consideran posible que el ministro se haya excedido respecto del mandato presidencial en el trato con los representantes del sector agrario, y la lectura que hacen es que el político aspire a minimizar las resistencias del sector encrespado por los malos resultados de la cosecha. Respecto del efecto de la sequía el Gobierno ha comprometido líneas de crédito de asistencia al sector por valor de 400 millones de dólares.

Argentina tiene una dependencia extrema del ingreso de divisas que genera el sector agrario ya que estas son las que permiten sostener la importaciones estratégicas como la de combustibles y gas, y pagar la factura de la deuda externa. El país ha acumulado tensiones crecientes a causa del proceso inflacionario alentado por el mismo Gobierno que financia su déficit con la emisión de moneda del Banco Central. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha llamado varias veces la atención al país por su índice de precios al consumo (IPC) que califica de poco creíble. El IPC, al igual que el indicador del producto interior bruto, sirve de base al cálculo del ajuste de intereses de los bonos externos usados para el canje de la deuda. El FMI considera que los indicadores sobre los que se hacen esos ajustes son poco fiables. De forma paulatina el lazo corredizo de una crisis fiscal se va estrechando sobre el Gobierno de Cristina Fernández.

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