edición: 3054 , Viernes, 25 septiembre 2020
13/10/2016
banca 
La urgencia logra el acuerdo del Eurogrupo

Las prisas por la `tasa Tobin´ confirman la gravedad de la crisis en la banca alemana

Se encienden las alarmas en Bruselas que, en previsión de un rescate colectivo, se lanza a hacer acopio de recursos
Juan José González
Si el objetivo de la tasa Tobin era en principio que los mercados ayudaran a cubrir los costes de futuras crisis financieras, éste parece ser el momento adecuado, la justificación, el cumplimiento de la premisa que habilita el célebre proyecto de Bruselas, el nuevo gravamen a las operaciones financieras cuyo proyecto, en fase muy avanzada, llegará a los países elegidos obligados por ley para su aplicación. Surge ahora, de repente, se recupera un impuesto -mejor tasa, quizá parece más liviano y menos discutible- sobre el que, según consta, reúne el acuerdo de al menos diez países, diez gobiernos de la Unión Europea dispuestos a su ejecución. Y surge ahora, con una letra pequeña más afinada, más descargada y concretada del polémico proyecto en un tiempo en el que parece inevitable una nueva inflexión, una crisis financiera en Europa. En previsión de que será necesario el acopio de recursos para lo previsto por la tasa Tobin -sufragar costes- llega la propuesta en el momento adecuado. La Unión reconoce el peligro, advierte del riesgo y tiene en cuenta la necesidad de prevenir lo que, con estas decisiones, ya da por hecho: que vienen tiempos más revueltos, problemas.
El "nunca habíamos estado tan cerca", frase del comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, pronunciada esta semana en la reunión del Eurogrupo, aunque referida a la disposición de los diez países que lo integran al establecimiento del impuesto, también podría servir para ilustrar la climatología adversa que muchos comienzan a ver en el horizonte. Y es que en los últimos meses, desde el 24J del brexit, los problemas de la Unión Europea han aumentado y su gravedad subido varios peldaños de golpe.

Quizá una muestra de ese cambio de la coyuntura haya sido que esta misma semana los diez países que forman el Eurogrupo, no hayan visto tantos problemas en la implantación de la tasa Tobin (impuesto sobre las transacciones financieras (ITF) e incluso, se pueda adelantar que antes de fin de año habrán acordado por unanimidad de los diez, la entrada en vigor del impuesto para el próximo año.

Pero llama la atención no sólo la urgencia renovada del impuesto sobre las transacciones, si no el cambio de orientación que al parecer desean aplicarle a la tasa en cuestión, toda vez que, el destino de los cerca de 40.000 millones de euros que recaudaría al año el impuesto, no irían destinados al objetivo originario ideado por la tasa, como era el impulso de los programas sociales. El nuevo destino que al parecer preparan los diez del Eurogrupo para los fondos recaudados por la tasa tienen que ver, con asombrosa seguridad, con la necesidad de paliar los problemas financieros, más concretamente, para apagar los fuegos, tapar los agujeros y proporcionar los recursos necesarios a las grandes entidades financieras que hoy son el foco de mayor preocupación de las autoridades.

También hay que destacar la capacidad que tiene la coyuntura para modificar criterios y consideraciones, acuerdos y voluntades. Porque hay que recordar que la tasa Tobin no conseguía arrancar cuando los problemas financieros y empresariales se concentraban o focalizaban en los países o socios del sur de Europa. Por eso, el cambio de voluntad de los diez, que en la actualidad se muestran favorables al acuerdo de la tasa, se produce cuando los problemas se acumulan y focalizan en el centro de Europa, en concreto, en las entidades financieras de Alemania e Italia. Se puede decir que el objetivo del impuesto ha variado sustancialmente, y no sólo de área geográfica: ya no se trata de corregir problemas, si no, además, de evitarlos.

Por todo ello, la `recuperación´ interesada de la tasa Tobin por el comisario Moscovici, es la prueba más evidente de la gravedad de los problemas que pueden estar a la vuelta de la esquina, en ciernes, el próximo año. La puesta en marcha del impuesto es defendido estos días, como en anteriores ocasiones y situaciones, con un elevado grado de hipocresía política, cinismo diplomático, que trata de vestir con el disfraz de la financiación de bienes públicos, cambio climático y otras necesidades sociales el verdadero motivo de la tasa, como es la necesidad de recursos en previsión de un rescate bancario colectivo.

En todo caso, habrá que confiar en la capacidad de reflexión y rectificación de los promotores del impuesto, pues han contado en estos últimos años con un tiempo precioso para analizar pros y contras, problemas y beneficios de lo que no es, si no, una fórmula nada original de redistribuir recursos y que, según parece, sólo el tiempo será capaz de juzgar. Aunque de la misma forma que Bruselas confía en hacer acopio de dinero para apagar nuevos fuegos, el efecto de la tasa puede provocar otra reacción pero en sentido contrario, como es la caída del volumen de las operaciones financieras en Europa y, por qué no, también la de otro tipo de operaciones empresariales. Sin descartar la fuga de inversores.

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