edición: 2348 , Martes, 21 noviembre 2017
11/02/2010
Los grandes bancos aspiran a resistir y los medianos a sobrevivir

Las provisiones no serán suficientes para la nueva ola de impagados

En 2010, bancos y cajas tendrán dificultades para cuadrar las cuentas
Juan José González

Segundo año de ajuste financiero y bancario. Segunda ola de impagados a la vista. Segunda quiebra en ciernes de un Estado –el primero fue Islandia-. La historia se repite en casi todo, aunque no siempre se cumpla esta regla. Los mercados financieros y de valores dan cuenta a la perfección del trabajo que les cuesta a las entidades bancarias generar beneficios. Las resultados de 2008 y 2009 son buena prueba de ello; no sólo por el retroceso, sino también por el coste financiero y humano que tienen pagar bancos y cajas para salvar de la mejor manera posible el ejercicio. Los dos grupos de entidades financieras del país; por un lado, los dos más grandes, Santander y BBVA, y, por otro, los cinco bancos medianos, se vieron obligados a extremar la cautela en el ejercicio que acaba de concluir. Solamente Santander, BBVA, Popular y Banesto, además de las dos grandes cajas La Caixa y Caja Madrid, han sumado provisiones por valor de 6.500 millones de euros, cantidad significativa que indica el tamaño de los problemas que guardan en sus balances. Incluso algún observador arriesga y afirma que le parecen escasas para el tamaño que debe tener el agujero, por mucho que este se encuentre muy repartido.

El tercer ejercicio en crisis acaba de comenzar para bancos y cajas. Y sigue el ajuste, ahora, además, con un nuevo frente, otro problema más gord,; el contagio de la situación griega o la desconfianza hacia la forma en que resuelven los Gobiernos esta peculiar crisis de un Estado miembro de la UE. Un problema más a unir a los otros, a los crónicos. El ajuste llega para los bancos pero no para las cajas. En el último cuarto de siglo, la banca se ha aplicado y reducido empleo, algo más de 60.000 trabajadores menos en ese período. La mayoría de las cajas no han hecho los deberes y el sector ha duplicado en ese período las plantillas.

En las últimas semanas, las principales entidades bancarias han dejado ver su preocupación por el futuro a corto plazo, el presente ejercicio. Y lo han hecho a través de los movimientos que han quedado al descubierto tras presentar las cuentas de resultados del pasado ejercicio. Cuentas que dejan bien claro que en este futuro algunas entidades presentarán pérdidas, principalmente, las más pequeñas, donde alguno de los medianos es claro candidato a los números rojos. De los grandes se espera que sigan cumpliendo, con retornos, incluso más altos que en 2009, en su mayor parte procedentes de la diversificación geográfica del negocio. Otros medianos, pasarán apuros aunque la sangre no llegará al río.

En los consejos de administración se viene debatiendo qué hacer en 2010, además de seguir haciendo hincapié en las recuperaciones y continuar gestionando los márgenes de la mejor forma posible. Y como siempre, entre los bancos hay fuertes diferencias de objetivos. En este ejercicio, son varios los que comparten que la clave del año va a estar en lograr la supervivencia del negocio, lo que traducido en epígrafes concretos significa que se verán abocados a fortalecer y reconstruir más aún el capital, a mejorar la liquidez y a proponer, en más de un caso, procesos de fusión.

En estas primeras semanas del año, grandes y medianos ya comienzan a recibir las primeras señales de crecimiento de la morosidad. Se trata de una nueva oleada, ya prevista para el primer trimestre y que ha dado lugar a que las provisiones para el presente ejercicio sean mayores. Pero los impagos seguirán produciéndose y pasando factura porque se esperan más suspensiones de pagos de empresas, de préstamos promotor y todo tipo de activos inmobiliarios, además de los préstamos familiares, en muchos casos con la capacidad de devolución agotada después de más de dos años con problemas laborales.

La botella medio llena puede encontrarse en que, después de los ajustes, los reforzamientos de capital y, en general, un sector bancario más saneado, la banca será diferente, más eficiente. Aunque para ello, será necesario que el sector de las cajas de ahorros, en proceso de reestructuración despejen su futuro, lo cual pasa por liberarse del yugo de la influencia política y de mejorar la calidad de los activos hoy demasiado condicionada por las obligaciones y compromisos con el sector inmobiliario.

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