edición: 2640 , Miércoles, 23 enero 2019
19/07/2017
Las pagamos entre todos

Las quitas de deudas regionales exigen el aval del Estado y reflejarlas en el déficit

La Comisión Europea obliga a reconocer en el Presupuesto del Estado las garantías por las quitas de deuda
Juan José González
La comisión de expertos que estudia la reforma del sistema de financiación autonómica se ha encontrado con un aliado que se pretendía, en principio, beligerante a las tesis del Gobierno que, ya en varias ocasiones dio muestras de diálogo para solucionar algunas de las deudas pendientes de las Comunidades autónomas. Y de esta forma, si el partido socialista ve razonable una quita de deuda de Cataluña, como acaba de manifestar un diputado de esta formación, cabría interpretar que existe coincidencia entre el Ejecutivo y el PSOE. Algo es algo, dirán los partidarios de resolver este espinoso asunto de la deuda, pero todo parece indicar que la solución compartida por ambas partes, esta destina a viajar por caminos diferentes. Mientras los socialistas la pretenden como herramienta de acercamiento político al electorado catalán, el Ejecutivo la utiliza como instrumento de disuasión, aunque no cabe duda su intención de hacer un guiño a otras Autonomías deudoras.
La acumulación de las deudas puede llegar a colapsar el funcionamiento de las Administraciones. La falta de pago, extendida en el tiempo, termina por afectar a los servicios públicos que, llegado el momento, se interrumpen, dejan de ser cubiertos. En el caso de la Administración catalana, los problemas para atender el pago de la deuda, la corriente y la histórica, se han convertido en motivo de enfrentamiento frontal con la Administración central, con el acreedor principal. Como sucede con la mayoría de las deudas que se acumulan, la dimensión que llegan a adquirir, hacen inviable su devolución, obligando a deudores y acreedores a negociar reestructuraciones de forma continuada.

Quizá el caso de algunas Comunidades autónomas, como la Comunidad Valenciana, la andaluza o la catalana, deban ser abordadas con otros criterios, no únicamente financieros, si no políticos. Pero en cualquier caso, el problema, y en estos casos, de gran magnitud, obligan a plantear soluciones proporcionales, atrevidas, creativas o novedosas, pero en todo caso, pactadas. Siendo el problema y la voluntad de solucionarlo comunes, compartida, sin embargo, el camino elegido por el Ejecutivo y -según las declaraciones este lunes de un dirigente- los socialistas es distinto.

Mientras el Ejecutivo -ya lo ha expresado en varias ocasiones el ministro Cristóbal Montoro- propone la reestructuración de la deuda regional con un mecanismo de compromisos y exigencias en su cumplimiento, los socialistas no precisan la forma si no que apuntan al método del "borrón y cuenta nueva", sin compromisos por escrito de plazos y de topes (techos) de endeudamiento futuro.

Así las cosas, y a la vista de que Ejecutivo y partido socialista dan por hecho -la recogen en sus intenciones previas a una hipotética reforma del sistema, o quita directa de los socialistas- que se producirá una quita parcial de las deudas, la única incógnita a despejar reside en el veredicto que sobre una reestructuración financiera de una deuda dicte la autoridad europea pues, las autoridades de la Unión se sabe que acostumbran a poner peros en abundancia, reparos y modificaciones en los planes de reestructuración de deuda. No es la primera vez que la Comisión Europea echa para atrás propuestas de reformas financieras con regiones -caso alemán en 2012 e italiano en 2009-.

En cualquier caso, la Comisión Europea ya ha dado muestras suficientes como para que los planteamientos sobre reestructuración de deudas que contemplen capítulos susceptibles de quita o acuerdos de "perdón" o "descuento" contable, sean tan claros y ofrezcan las garantías suficientes que acrediten, al final, el pago de la deuda. En este sentido, la Comisión suele subrayar el carácter obligatorio que tienen estos compromisos de aceptación de quitas para los Gobiernos que las aceptan, como es la garantía de que el Ejecutivo, en este caso el español, pondrá sobre la mesa el aval más potente, como es el reconocimiento de la deuda asumida en su propio presupuesto, y que en este caso se sumaría al déficit del Estado. Cristóbal Montoro tiene muy clara la exigencia. Quizá el partido socialista no conozca la letra pequeña de las quitas.

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