edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
24/03/2017
banca 
Dos supervisores, dos velocidades

Las reformas de la CNMV, lastradas por un Banco de España en derribo

Albella modera el ritmo de los cambios obligado a esperar a que Linde salga (si sale) del atolladero
Juan José González
Mañana se cumplen cuatro meses desde la llegada de Sebastián Albella a la CNMV. Cuatro meses intensos, de cambios, de trabajo en superficie y en profundidad, el necesario y obligado tras una etapa infausta, la de su antecesora en el cargo, Elvira Rodríguez que el nuevo responsable tiene por reto corregir y poner al día y, de paso, recuperar el prestigio perdido en los últimos mandatos, de los que no se salva ni uno. Albella llegó en noviembre pasado con conocimiento de causa, con ideas y mucha fuerza. Se ha rodeado de un equipo cualificado y capaz, para sacar adelante su proyecto. Éste pasa por llevar a cabo un ambicioso plan de actividades que, sin embargo, corre el riesgo de quedarse a mitad de camino si el Gobierno no atiende las demandas del supervisor. La CNMV anda escasa de recursos humanos, con una aportación presupuestaria limitada que resta capacidad para acometer las tareas pendientes y los proyectos. El contratiempo de un Banco de España, en ruinoso estado de reputación y sin crédito, es un lastre fortuito con el deberá lidiar el resuelto Albella desde su Comisión, y le obligue a levantar un poco el pie del acelerador reformista. 
Viene la casualidad de la coyuntura a unir en la aventura al renco con el desvalido, que diría Quevedo. Y así, se tiene que en la misma aventura parecen haberse cruzado o unido los destinos de los supervisores del sistema financiero -el Banco de España- con el del supervisor de los mercados financieros -la CNMV-. Pero de tal forma que a ambos interesa la misma práctica, esto es, una refundación institucional en toda regla. Bien es cierto que más profunda la una que la otra, pues dado lo avanzado de la dolencia del renco, más parece de mayor urgencia la del Banco de España que la desamparada Comisión de los valores. Ahora se trata de aprovechar la fuerza del joven y experimentado Albella para sacar a la institución supervisora de esa peculiar -secular- situación de penuria intelectual de los Valiente (Pilar) Calzada (Blas), Segura (Julio) y de la más reciente Elvira Rodríguez y su semáforo de riesgos.

Pero la refundación institucional no es cosa del corto plazo y menos en un organismo de rancia tradición administrativa que, como el Banco de España, acumula entre sus muros y tapices historias, vicios y costumbres (algunas malas) que le hacen acreedor de una operación limpieza en profundidad. Porque la adaptación del organismo a la realidad obligará a algo más que simples cambios nominales, personales, funcionales, laborales y profesionales. Quizá sea necesario (que lo va a ser) una nueva concepción de las funciones que le tiene asignado el supervisor europeo, con un consejo de administración de expertos y de prestigio demostrado al frente. 

La idea de refundación llegaría incluso a proponer un cambio de sede, pues el edificio actual, dada su céntrica ubicación, bien podría servir a la necesaria ampliación de una pinacoteca nacional y a la que sin duda, el fondo del Banco de España podría aportar una numerosa obra. Pero el caso de la CNMV es otro distinto, pues su relativa juventud, camino de la treintena, le sitúa en posición más próxima a la realidad, más con los pies (ambos) en el suelo. Juventud que no le sirve como coartada que justifique su desventura en el devenir de los tiempos, pues el paso de algunos personajes por el citado organismo le han dejado una huella inolvidable y que es, como manifiesta la historia, en algún caso, estremecedora.

A la CNMV le hace falta también una buena mano de modernización y reforma en profundidad. No sólo remozar la fachada, como la que lleva a cabo su colega en las fachadas principales de Cibeles y de Paseo del Prado, sino una reforma en toda ley de la misma Ley, la del Mercado del Mercado de Valores, la misma que data de julio de 1988, fecha lejana en el tiempo que indica que en algunos aspectos la norma se ha quedado obsoleta, superada por la dinámica de un mercado que en varios momentos se ha demostrado ir muy por delante de las normas. Lo que no resta para que a lo largo de la vida de la ley, esta haya sido objeto de numerosas armonizaciones, modificaciones y adaptaciones a las directivas de la Unión (léase las MiFID I y II).

Y aunque desde instancias oficiales se asegura que el resuelto y valiente Albella se atreve con todo, inquietud que le ha servido para ganarse el apoyo de varios ministros, es probable que desde las mismas instancias le sugieran que levante el pie del acelerador y modere el afán de cubrir etapas y lograr objetivos. El arrojo y la energía, un tanto incontenida para el ritmo que acostumbran los organismos pesados, estaría provocando el desasosiego en el departamento ministerial que, precisamente, tiene la llave de acceso a los recursos que necesita el supervisor inquieto. Porque quizá sea más prudente mantener (acompasar) el ritmo de las reformas en el supervisor a la cadencia que marca el ministerio del que depende que a las prisas también incontenidas del supervisor europeo ESMA.

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