edición: 2847 , Viernes, 15 noviembre 2019
06/10/2010
Los Gobiernos, remisos al endurecimiento de las normas sobre delitos financieros

Las reformas financieras se olvidan de los delitos de ‘cuello blanco’

Delitos con dificultad probatoria terminan por exculpar a ejecutivos de Bear Stearns, Enron, Hollinger…
Juan José González

No entran en el capítulo de las diez prioridades que marca la agenda de la reunión del FMI y tampoco forma parte de las propuestas de las delegaciones gubernamentales que acudirán a la cita donde se tratarán en profundidad las reformas que con carácter inminente están llamadas a regir el sistema financiero internacional. Se trata de las primeras normas financieras nacidas en esta fase de la crisis, tras una serie de episodios,  fraudulentos en su mayor parte, que llenan un buen número de tomos en casuística de delitos empresariales. Incluso, en los últimos meses, el Tribunal Supremo de EE UU, ha puesto su grano de arena en el asunto al reducir el alcance de la norma que terminó con los responsables de Enron y de Hollinger en la cárcel.

Los fiscales europeos y norteamericanos consideran la legislación sobre delitos financieros y empresariales –en su mayoría conocidos como delitos de ‘cuello blanco’- como extremadamente compleja debido a la dificultad de las empresas para acusar de posibles delitos a sus directivos. Y en el caso de EE UU, la imputación de delitos a ejecutivos financieros y de empresas, tras el fallo de Enron, se presenta poco menos que imposible.

“Los superiores te alientan para ir en esa línea y te presionan para asumir cada vez más riesgos” la explicación de Jerome Kerviel, célebre operador de Societe Generale, acusado de provoca un gigantesco agujero al banco (SG) de 4.900 millones de euros y poner en peligro otros 52.000 millones, no ha sido suficiente como alegato para que la justicia francesa absolviera a Kerviel, como solicitaba su defensa. El banco, tras conocer la sentencia del alto tribunal de justicia, reaccionó al minuto reconociendo que como “reparación moral” no esta mal y es suficiente, si bien se reservan posteriores actuaciones para recuperar más de la mitad de los 4.900 millones evaporados de sus cuentas.

El trabajo fraudulento de Jerome Kerviel, el joven ex broker de SG de 33 años, le convierten en titular de un particular Guiness de la especulación bursátil en Francia, donde los magistrados, con la ley en la mano, no han podido implicar en el fraude bursátil más que al joven Kerviel, quien al parecer, según los abogados de la defensa y como han reconocido en alguna ocasión los del propio banco, es probable que no sea el único culpable. Tras la sentencia, expertos en operaciones bursátiles y opinión pública en bloque dudan de la responsabilidad única de Kerviel en las decisiones. Es decir, resulta difícil creer que actuara sin control ni supervisión de algún escalón superior.

En España se conocen algunos casos en los que la ley acaba por reducir las sentencias a simples compensaciones monetarias que en la mayoría de los casos concluye con insolvencias. El caso de Gescartera, además de saldarse con varios años de cárcel para los responsables de la sociedad, puede finalizar con una indemnización que no llegará a satisfacer las reclamaciones de los afectados, como sucede en los más recientes de Afinsa y Forum Filatélico. En todos ellos, el denominador común, el señalado por los tribunales para justificar el fallo, es considerar la ley como demasiado vaga para aplicar a las situaciones distintas a grandes sobornos o fraudes de elevado volumen.

La misma situación es la que tiene lugar en EE UU, donde el Tribunal Supremo ha devuelto numerosos recursos de fallos en tribunales inferiores relacionados con delitos de ‘cuello blanco’. Delitos que en su mayor parte tienen gran dificultad de prueba como el que llevó ante la justicia a los gestores de los fondos de cobertura tóxicos de Bear Stearns. Estos gestores fueron absueltos el año pasado tras ser improbable el presunto delito del que fueron acusados por una asociación de fondistas.

Otro de los problemas con que se encuentran los tribunales encargados de causas financieras y empresariales tiene que ver con la experiencia, competencia y alto nivel de los letrados defensores, en su mayoría empleados de bufetes con fuerte capacidad y recursos financieros, lo que en muchas ocasiones se traduce en un escaso margen de maniobra para emitir un complejo fallo jurídico. Se da la paradoja que en algunas ocasiones el éxito de los fiscales consiste no tanto en demostrar el delito sino en probar su ocultación.

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