edición: 2739 , Viernes, 14 junio 2019
28/04/2010

Las vicisitudes de la unión monetaria se agudizan

Carlos Schwartz
En la tarde del martes 27 de abril el parlamentario alemán Norbert Barthle, portavoz para el presupuesto del partido CDU de la canciller Angela Merkel, hizo temblar a las entidades de crédito europeas. En especial a las de Alemania y Francia, quienes tienen prestado a la República de Grecia 120.000 millones de dólares según el Banco de Pagos Internacionales de Basilea. El motivo de espanto fue que Barthle dijo que los bancos que han especulado con los bonos griegos deberán aceptar un descuento de entre el 20% y el 30%. La intervención del político desató de inmediato el temor a una reestructuración de la deuda de Grecia con una quita sobre los bonos de su deuda. Pese a los desmentidos de la Unión Europea la inestabilidad creció de manera desmesurada.

Entretanto, Standard & Poors anunciaba que bajaba el rating de Grecia a BB Plus de BBB Plus, ell nivel de los bonos basura. También lo tocó a Portugal rebajado hasta A- del anterior A+.Como era de esperar la medida afectó la cotización de los Credit Default Swaps (CDS) para Grecia y Portugal y de paso España, que alcanza la cota de los 200 puntos básicos.

Detrás de esta bola de nieve que ya parece difícil de frenar, están las vicisitudes de los planes de ayuda a Grecia para hacer frente a sus problemas de pago de la deuda soberana, con un vencimiento de 8.500 millones de euros el 19 de mayo y la posibilidad de que no haya acuerdo para asistir a Grecia pese a la verborragia con que la UE arropa el asunto.

Entretanto la especulación contra el euro, los mercados de acciones y la deuda de algunos países europeos arrecia.
La pregunta es qué está motorizando este amplio movimiento especulativo. Y la realidad es que el mismo se monta sobre la ola potencial de un desprendimiento en el seno de la unión monetaria y el comienzo de una crisis sin muchas opciones dentro del SME. Está claro que los esfuerzos que tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI), como la propia UE pedirán a Grecia para asistirla con un crédito de hasta 45.000 millones de euros, van a someter al país a un nivel de tensión difícil de soportar en términos de ajuste por sus consecuencias sociales.

La idea de que el Gobierno del socialista Giorgos Papandreou podrá capear la crisis social en su país es una esperanza que no todos alientan. Así que mientras al gobierno de Angela Merkel se le hace cuesta arriba acudir simple y llanamente en ayuda de Grecia sin poner fuertes condiciones, y mientras sus propias filas parece que abogan de hecho por una reestructuración de la deuda griega con castigo a los bancos, no parece tan claro que el partido en el gobierno de Grecia sea capaz de transitar por el pedregoso camino de una potencial crisis social. Todo es posible, desde luego, incluida una derrota de la resistencia social. Pero para eso hay que atravesar por la tormenta y salir victorioso, de lo que no hay garantía.

De todas formas, lo curioso es que la deuda y la eventual modificación de sus condiciones en un nuevo cuadro de amortización no son en sí mismos dramas insuperables. A no ser por una cosa: el estado apopléjico en el que está sumida la banca continental. Maldita la gracia que hará a la banca germana y francesa la posibilidad de tener que renovar créditos a Grecia y soportar una quita en el valor de los bonos.

Para más lamentaciones, el listado de activos elegibles para que los bancos griegos descuenten en el Banco Central Europeo (BCE) consiste casi exclusivamente de deuda pública del país. Es decir que el BCE tiene en su cartera deuda griega con un recorte de sólo el 5% de su valor equivalente a la financiación que ha dado a la banca de ese país a través de su entidad delegada, el Banco de Grecia. En total, a estar por el balance del Banco de Grecia, poco más de 50.000 millones de euros. Cuantía que si hay suspensión del pago de la deuda del estado el BCE deberá ajustar con provisiones contra sus reservas... ¿O no? Con lo cual habrá menos respaldo a la moneda común ¿O no?

Como se comprenderá estas son posibilidades teóricas. No estamos hablando de lo que va a pasar. Sino de lo que hipotéticamente podría llegar a ocurrir. Aunque tampoco se trata de algo tan excepcional como un cisne negro. Para entendernos, que hoy en día los “quants” hablan mucho del cisne negro en las catástrofes financieras. Y hasta el Banco de Santander en su documento de comentarios a las normas Basilea III critica los excesos en los modelos de riesgo que llevan al Banco de Pagos Internacionales a proponer normas de liquidez “que implican financiar activos de corto plazo con pasivos de largo plazo “. Ahora un escenario de riesgos en cascada es presentada como una arbitrariedad de los reguladores, cuando vemos como la tendencia a la disolución de las finanzas públicas desemboca en reducciones de ratings de países, especulación contra la divisa común, posiciones cortas sin títulos en los mercados bursátiles, especulación sobre CDS sin tener deuda, y demás signos de crisis potencial amén de la liquidez que los propios bancos centrales han dado a los bancos para impedir su virtual disolución.

Es en este contexto que lo que hipotéticamente puede ocurrir tiene su peso.

La especulación contra el euro, los CDS, y los mercados bursátiles europeos no se puede pensar sin este modelo de crisis potencial. Lo que alienta precisamente a los especuladores es este margen de incertidumbre, si el mismo no existiera, la ruleta no tendría sentido. Hay analistas que han puesto esta hipótesis en palabras, y la han propugnado. Sobre todo en el Reino Unido, país que como se sabe no está dentro del área euro, es decir de la moneda común.
Como es lógico, explican a quienes quieran escucharlos, o en su caso leerlos, que Grecia podría suavizar sus ajustes depreciando su moneda si no estuviera dentro de la unión monetaria, algo a lo que han apelado tanto Estados Unidos como Reino Unido en años recientes.

Lo que queda claro a estas alturas es que en España lo que se ve se estudia, o al menos se debería, por esto de poner las barbas en remojo.

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