edición: 3026 , Lunes, 10 agosto 2020
09/07/2018

La salida a bolsa de Aramco, puesta en duda tras la escalada de los precios del crudo

El reino Saudí pregonó la privatización de la petrolera como la piedra angular de su giro económico
Carlos Schwartz
Los cambios políticos en Arabia Saudí con el ascenso del rey Salman tras la muerte de su antecesor Abdulaziz dieron la gestión del poder del día a día al príncipe Mohámed bin Salman en 2015. Fue este cambio el que llevó en 2016 al anuncio de un giro importante en la política económica del país que decidió romper con la dependencia del reino respecto de sus reservas de crudo. En ese contexto el país anunció su intención de privatizar parcialmente a la petrolera estatal Arabian Oil Company (Aramco) cuando el precio del barril de crudo tocaba los 34 dólares y no se veía en el horizonte una recuperación significativa de los precios. Aramco está considerada como “seguramente la empresa más cara del mundo” de acuerdo con el consenso de los analistas del sector y Arabia Saudí ha apuntado a una valoración de dos billones de dólares para su salida a bolsa. Pero las valoraciones realizadas no han alcanzado ese nivel desde que el reino contrató a la flor y nata de la banca internacional para ocuparse de su proyecto de sacar a bolsa a esta empresa. Tanto los bancos, considerando los grandes ingresos por comisiones que esta operación les podía suponer como los despachos de abogados y las consultorías compitieron en honorarios a la baja para asegurarse que estaban en la línea de salida de la operación que sin dudas atraería a una importante masa de grandes inversores.
Pero desde que la decisión se anunció hasta la fecha la tónica han sido las postergaciones y año tras año el próximo se convierte en la meta de la operación. A estas alturas los propios altos funcionarios de la petrolera estatal ponen en duda que la salida a bolsa se materialice.

En su momento fue el propio príncipe Salman el que anunció que el proyecto de iniciar la conversión de la economía del país modificando su dependencia del crudo por otros ingresos fiscales relacionados con la actividad industrial y de servicios, relacionados también con el sector de la energía pero entrando con fuerza en la generación renovable, tenía como pieza central la privatización de Aramco que supondría una entrada de dinero del orden de los 100.000 millones de dólares que serían el punto de partida de los planes de industrialización del país. Pero el camino de los mercados de capitales están sembrados de obstáculos para una monarquía reticente a la transparencia. Los retrasos han desalentado a los numerosos bancos convocados por el reino saudí empezando por JPMorgan Chase, HSBC, y Morgan Stanley.

Son los propios bancos los que advirtieron a la corona de que para entrar a los grandes mercados de acciones era necesario hacer un gran ejercicio de transparencia. El trabajo en torno a Aramco ha incluido el proceso de separación de la empresa de los numerosos vasos comunicantes con la Administración y el propio aparato del estado pero de todas formas la corporación es la gran fuente de ingresos del Estado saudí y este es un elemento conflictivo en su esencia misma con la estructura de los mercados de capitales. Es la bomba de dinero sobre la que se sostiene el presupuesto del estado de un país que intenta liderar una alianza en el mundo árabe y que ha decidido tener una participación activa en algunos frentes de guerra como los de Yemen y Siria sobre la base de su beligerancia con Irán. Mientras tanto los bancos y consultores involucrados en la operación han trasladado docenas de personas para hacer frente al trabajo de valoración y preparación de Aramco para su salida a los mercados.

La Bolsa de Londres, en su interés por captar la operación, ha modificado su reglamento para las sociedades cotizadas para hacer más simple una oferta inicial de acciones para una empresa propiedad del estado, movimiento que indica el interés en captar esa salida. El propio Donald Trump apoyó mediante Twitter la posibilidad de que la empresa cotizara en Nueva York. Arabia Saudita valoró la posibilidad de una salida conjunta en más de un mercado, pero todo parece indicar que el ejercicio de transparencia es lo que más obstáculos está generando a esta operación. El reino también consideró la posibilidad de cotizar una pequeña fracción del capital en el mercado local conocido como Tadawul pero la abandonó porque su alcance era sólo cosmético y el mercado carece de profundidad para incluir una empresa de esas dimensiones. Pero la oposición a una salida a bolsa también está presente dentro de la propia empresa.

El presidente de la compañía, Jalid Al Falij, que es además el ministro de Energía saudí, anunció nuevas postergaciones para la salida a bolsa de la empresa mientras afirmaba que respecto de la oferta inicial “el tiempo no es crítico para el Gobierno de Arabia Saudí”. “Sería agradable poder salir en 2019”, comentó Falij en una reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en Viena pero añadió que “Hay mucho más en juego que simplemente marcar la casilla y decir: Hemos despejado esto de nuestro camino”. 

Hay cuestiones de fondo desde luego. Una es sin duda la transparencia a la que se muestran reticentes y la otra que el reino ha encontrado formas de financiar su déficit estrenado con la caída de los precios del crudo. Como de entonces ahora el barril se ha disparado de los 36 a los 80 dólares la carga se ha hecho bastante más llevadera. La otra fuente ha sido la emisión de deuda soberana. Arabia Saudita hizo su primera emisión de deuda soberana dirigida a los inversores extranjeros en 2016 por importe de 17.500 millones de dólares con unos tipos de interés sumamente bajos, y a esa emisión siguieron varias otras. El Gobierno ha abierto el mercado muy limitadamente y ha acometido reformas sin necesidad de vender una participación en la petrolera estatal. Un ejemplo es la inclusión de su bolsa de valores en una serie de índices que van a suponer la entrada de inversión extranjera en su mercado de capitales.

También ha introducido un impuesto al valor añadido del 5% como forma de recaudación indirecta. El abandono de una oferta inicial de acciones si se concreta será un revés para los bancos y los mercados de capitales interesados en que el proceso salga adelante ya que quedarán expuestos a las pérdidas por el tiempo y las gestiones realizadas a tarifas bajas a la espera de resarcirse con la salida a bolsa de la empresa. Pero parece que deberán hacerse a la idea de que será así. Hay quienes confían sin embargo en que Ryad será sensible a las presiones y al final sacará a bolsa un tramo del capital de su petrolera estatal. Habrá que ver.

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