edición: 2805 , Martes, 17 septiembre 2019
08/01/2019
Falta de competitividad y, sobre todo, altos costes energéticos

La salida del país de multinacionales industriales deja indiferente al Gobierno

El Ejecutivo trata de ocultar los motivos de la expatriación de empresas industriales del país
Juan José González
Cemex, Vestas o Alcoa y otras empresas de menor tamaño suministradoras de materiales y tecnología al sector de la automoción y energía eólica han decidido abandonar su actividad industrial en España vendiendo, reduciendo a mínimos su actividad o cerrando algunos de sus centros. Todas ellas, empresas multinacionales con centros de producción en Europa pero que, sin embargo, han tomado la decisión de apostar por otras regiones mundiales más productivas, más rentables y con menores costes. Sus planes estratégicos han considerado que en el dibujo de su horizonte de futuro, España era un país -o mercado- donde no le salían las cuentas. Costes elevados laborales y sobre todo energéticos, parecen haber sido decisivos para que estas compañías decidieran hacer las maletas. España se queda sin industrias clásicas y también industrias de futuro.
Vestas fabricaba generadores para la industria eólica; Cemex, más clásica, materiales de construcción y Alcoa productos de aluminio y derivados, componentes importantes, presentes en la mayoría de productos industriales y tecnológicos. Se desconoce si el Gobierno o algún organismo preocupado o interesado por los acontecimientos y pensando en la proyección que sobre el empleo, el producto interno del país o el nivel de desarrollo industrial y económico, han hecho alguna evaluación al respecto de lo que supone la salida de una pequeña parte de su industria nacional, pero significativa en términos de valor añadido. Si cuenta la Administración española con planes industriales para el futuro, para suplir las bajas registradas o las que puedan venir en el inmediato futuro. La guerra comercial entre EE UU y China, por ejemplo, debería ser motivo de reflexión como de preocupación -o de alarma- la salida de multinacionales del país.

Llama la atención de esta emigración de empresas industriales la pasividad y la ausencia de reacción oficial, la falta de explicación pública de los departamentos ministeriales interesados sobre los motivos de la expatriación de una cementera de gran peso mundial, de otra compañía productora de aluminio y de un fabricante de generadores para la industria eólica. Pero también es sorprendente que las autoridades locales, puesto que se trata de compañías que estaban en distintas Comunidades autónomas, no hayan levantado la voz con suficiente fuerza como para que el Gobierno central ofreciera una versión pública sobre la salida de las empresas mencionadas.

Surge la sensación que apunta a que las autoridades centrales y locales (ambas son corresponsables) han debido ignorar algún problema puntual que afectaba a la marcha de las compañías expatriadas. Quizá la política de concesión de subvenciones orientadas a que aquellas mantuvieran el empleo y la actividad industrial sin más ha ocultado -o ignorado- los verdaderos problemas de producción de estas empresas.

Entre estos, la baja productividad o el elevado coste energético pueden haber sido importantes y hasta tal punto decisivos como para que sus grupos matrices optasen por un cambio de estrategia y probar suerte en otros mercados. La falta de interés de las autoridades españolas en evitar la pérdida de empresas tan relevantes de producción, lleva a la conclusión de que la Administración española, a través de sus departamentos ministeriales, no tiene planes estratégicos industriales de presente ni de futuro.

Una situación que deja bajo sospecha que algún organismo público se esté planteando en la actualidad en qué sectores industriales piensa contemplar de cara a las próximas décadas, habida cuenta de los cambios tecnológicos que salpican cualquier actividad industrial. De la simple observación podrán extraer las autoridades españolas las consecuencias para la economía de una pérdida de capacidad industrial que, como las salidas de Vestas, Cemex o Alcoa, entre otras, se verá en el inmediato futuro (y hoy mismo, con la pérdida de empleos).

Bastaría con una simple mirada alrededor para comprobar los movimientos de alemanes y franceses por aumentar la capacidad industrial y con esta la menor dependencia en sectores de actividad estratégica. Con planificaciones a diez, veinte y treinta años vista, frente a los planes de corto plazo, tácticos, que apenas duran una legislatura.

Porque al final lo que se decide no es sólo si a España le interesaría más seguir los pasos de la política industrial china, asignando recursos públicos y privados a los sectores de futuro claves para la economía, sino también que los gobernantes se planteen si cuentan con algún plan estratégico para que en diez, veinte o treinta años la economía española no sea tan dependiente de las tensiones políticas puntuales (caso de la guerra comercial entre EE UU y China).

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