edición: 3024 , Miércoles, 5 agosto 2020
11/06/2020
La mecánica perversa que realimenta la deuda

Las ayudas de Europa no son inmediatas ni llegarán a tiempo para evitar crisis de Gobierno

El Gobierno español se dispone para una travesía del desierto hasta que lleguen las ayudas del plan europeo, allá por el segundo semestre de 2021
Juan José González
Un escenario sin precedentes, se dice, pero también sin presupuestos, con más deuda, más impuestos y recorte de gastos es el que se dibuja como el cóctel perfecto llamado a provocar crisis de Gobiernos por media Europea, al menos, en el sur. Crece el desaliento y la tensión entre un grupo de países en situación de urgencia creciente: Sánchez, Macron, Conte... y sus homólogos de Portugal y Grecia de nuevo en la espiral de la deuda, la misma terapia para el mismo o similar mal. Cubrir o pagar la deuda con más deuda. El remedio más a mano, según parece, que se retroalimenta en un crecimiento recurrente del mismo mal: el exceso de deuda por todas partes. Deudas que sobrecargan las cuentas públicas de los Gobiernos sin apenas margen de maniobra para desarrollar sus (otros) planes de gobierno. Las crisis obligan a cambiar los objetivos políticos y a imponer prioridades; en el gasto, en la inversión y en los ingresos. Hoy los Gobiernos europeos -es probable que no se salve ninguno- están bloqueados, atenazados por las urgencias sociales, sanitarias, laborales y empresariales. No tienen tiempo para resolver otros problemas ni acometer nuevos planes y proyectos: están atrapados por la coyuntura. Con expectativas de caídas de la riqueza nacional entre el 10% y el 28% no es posible pensar en asuntos diferentes sino a buscar la forma de suavizar los efectos de la caída.
Hoy todos los países europeos se encuentran en fase de elaboración presupuestaria y las primeras impresiones de los propios gobernantes parecen estar provocando sensaciones nuevas, distintas, desconocidas. Porque las cuentas deberán recoger las nuevas deudas, obligando a un reajuste de impuestos (subidas) y a nuevos criterios de gastos e inversión. Los ministros de Hacienda confiesan sentirse principiantes en la tarea presupuestaria. Por novedosa y porque los presupuestos de esta crisis (como de otra cualquiera) deben construirse sobre una base de continuidad: la crisis durará -se dice- tres o cuatro años.

Tres o cuatro años para regresar a 2018 o 2019. Se cuenta con los tipos negativos y con que no se sabe cómo, no habrá que devolver las ayudas que procedan de Europa. Nada es creíble, aunque no se descarta que en el fondo las autoridades políticas europeas estén sembrando la semilla que obligará, se quiera o no, a pensar en un futuro con una quita de las deudas. Estas se convierten en principio en la salvación, pero a continuación, sucede en todas las crisis, son un lastre mayor en la medida en que la medicina para curar el mal -la deuda- es más deuda. 

Porque de las crisis, Europa ha decidido que hay que salir con más deuda. El Banco Central Europeo sigue comprando deuda, un pozo sin fondo parece. Pero parece que en esta ocasión se repite la misma praxis: habrá más dinero para resolver los problemas de la economía, se recogerá en un plan que pinta -en principio- bien y del que España se puede beneficiar en unos 400.000 millones de euros. Unos recursos voluminosos, seguramente inferiores al tamaño del problema al que están destinados.

El dinero, el plan, el remedio o la solución práctica aplicada por Europa es, sin embargo, el principio de un cambio de modelo económico, modelo al que tendrán que comprometerse los socios receptores, en especial los más necesitados (España, Italia, Grecia...) si quieren seguir contando con el dinero futuro y con la posibilidad, hoy no descartada, de hacerse con el premio de una quita de la deuda, sin duda, el último remedio para eliminar la espiral de la deuda.

Pero en todo caso, sigue preocupando y atenazando el problema más acuciante para los gobernantes: el tiempo. La coyuntura es de extrema urgencia si se considera que la situación económica comenzará a registrar las cifras más dramáticas en el segundo trimestre y siguientes. Dramática en términos de deuda pero sobre todo en caída del empleo, destrucción de empresas y caída de la actividad. Y atenazados por la urgencia, los Gobiernos deberán hacer frente a una contestación interna creciente y fuerte inestabilidad social y política, difícilmente soportable por aquellos Ejecutivos que como el español, el francés, el italiano y demás les ha impactado de lleno la pandemia. El tramo del ejercicio que resta para comenzar a recibir las ayudas del plan europeo, si es que estas se resuelven en Bruselas con agilidad (no acostumbrada) no llegarán antes de julio del próximo año, un horizonte que no coincide precisamente con los planes ni capacidad de resistencia de muchos Gobiernos.

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