edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
03/12/2019
bolsa 
Las previsiones no se correspondían con la actividad económica

Las Bolsas ya no cotizan la recesión, sólo esperan la sentencia de los resultados

Las casas de análisis que apuntaban una inminente recesión, acaban de corregir sus pronósticos y optan por la prudencia a la espera de que las empresas presenten beneficios 
Juan José González
Algunas casas de análisis, por no decir la gran mayoría, y más de un servicio de estudios, ya habían advertido de la llegada inminente, unos meses, de una recesión a la economía española. Incluso en departamentos ministeriales le habían hecho un hueco. Según unos y otros, la referencia a la que aludían para probar la veracidad del pronóstico era ni más ni menos que el comportamiento de las bolsas mundiales. La tesis no era otra más que, con la entrada en recesión de las principales economías del mundo desarrollado los mercados de valores corregirían y su tendencia sería bajista. Bajista en la medida y volumen que tuviera el parón económico. Los analistas no se quedaron ahí e interpretaron que en la graduación de la recesión estaba el quid de la cuestión, es decir que según la profundidad de la misma, la economía sufriría una mayor o menor ralentización. Pero avanzado el tiempo, básicamente, en los últimos cuatro o cinco meses, han podido comprobar que la reacción de la Bolsa a los rumores y a las previsiones de los analistas no se corresponde con el frenazo de la economía. Es más, ni la Bolsa cede ni la economía cae. Y no se puede hablar por tanto, de recesión, al menos en el plazo y hora previstos: sólo se puede hablar de corrección, pero de corrección de los pronósticos que, en este caso, han errado justo en la antesala del cierre anual, cuando se deciden los resultados de los gestores de carteras.
De repente, las casas de análisis han dado un giro inesperado y violento: lo que hace un mes era una recesión cantada, que llegaría en los próximos meses, se ha convertido en una falsa alarma. Clamorosa y repentina. Así han virado las cifras económicas de EE UU, China y Alemania, con resultados favorables que invitan a que el pulso, o guerra comercial, que mantienen los dos colosos mundiales, se relaja y entra en razón. Sin asegurar lo primero y desconfiar de lo segundo lo cierto es que el desenlace que se atisba en la pugna comercial duelo de aranceles en la práctica, ha servido para aportar confianza en el futuro, en que ambas potencias conduzcan sus diferencias por vías pacíficas y también de respeto hacia la inversión y el consumo.

No se trata de un comportamiento que se vaya a producir de forma automática ni instantánea en el corto plazo, pero sí parece que será la aceptación de las reglas de juego básicas de la economía mundial. En caso de no ser respetadas estas, ambas potencias lo pueden pagar en términos de liderazgo político y personal de los líderes. Las bolsas observan con cautela la escena y confían en que la sangre, si alguna vez se corrió el riesgo, no llegará al río. Esta postura razonada por algunos analistas, lleva a concluir que, aunque el entorno económico va a seguir caracterizado por la debilidad de las cifras económicas, en especial, la relativa al crecimiento del PIB, los inversores no esperan caídas espectaculares ni desplomes de los índices principales. Si acaso, habrá correcciones puntuales, leves, y nada más, puesto que las cifras de la macro seguirán estables.

Sin embargo, los inversores, un poco hartos de vigilar las señales singulares que suelen advertir de que las cosas no van bien y que estas pueden ir peor, prefieren entrar en el análisis de los casos puntuales que ofrecer un juicio general del futuro comportamiento de la economía. Miran a China como el coloso que sigue impulsando su crecimiento y el mundial a base de aumentar el endeudamiento. Y el sector donde se dispara la deuda es el inmobiliario, cada vez más cerca de provocar una nueva burbuja que sí podría provocar un fuerte deterioro de la economía mundial.

El riesgo de explosión de esta burbuja inmobiliaria en China es tan grande que asusta a las autoridades locales y mantiene al resto del mundo en constante vigilancia. La razón es evidente por la conexión entre las economías, que asistirían a un período de inestabilidad con caida de la construcción y del precio de la vivienda. Y no sólo estos sino también se dejarían sentir los efectos en los precios de las materias primas. Un panorama que asusta y preocupa pero que en la práctica no parecen haber llegado a los mercados de acciones señales de preocupación.

Y así las cosas, a menos de veinte sesiones de mercado bursátil para cerrar el ejercicio, los inversores se sienten protegidos por el escenario creado por las autoridades y refrendado por los mercados. En el primer caso, los bancos centrales muestran una actitud positiva en tanto que no ven la hora de retirar las medidas de políticas expansivas. Y en el segundo, las bolsas se limitan a seguir la corriente de los acontecimientos. Aunque es en este caso donde se sitúa el mayor riesgo, el peligro a que la situación actual -de cierta bonanza- estable para las inversiones bursátiles, sufra un revés no previsto por los analistas y que tendría en el deterioro de los beneficios empresariales el principal foco de riesgo y de fatalidad, habida cuenta que se llevaría por delante todos los pronósticos económicos.

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