Las `contrarreformas´ en EE UU conducen a la banca a la
edición: 2535 , Lunes, 20 agosto 2018
24/05/2018
banca 
Desregulación financiera

Las `contrarreformas´ en EE UU conducen a la banca a la reedición de la crisis

Con el objetivo de potenciar el crédito, desaparecen los test de resistencia para los bancos locales, que se ahorrarán costes
Juan José González
Parón y vuelta atrás en la regulación financiera implantada hace una década en Estados Unidos. Es la legislación que puso en marcha la Administración Obama como cautela y prevención para evitar los problemas que llevaron al sistema financiero mundial a la peor crisis de la historia. Era un asunto que la Administración norteamericana tenía pendiente desde su llegada al poder. Si bien no de forma expresa, la `revisión´ de las reformas legales de 2010 sobre el sector financiero, estaba latente en el espíritu `revisionista´ del programa electoral de los republicanos. Y por otra parte, al tratarse de una normativa financiera, el interés ha sido, si cabe, mayor que el suscitado por otros temas sociales. En último extremo, la revisión de las anteriores medidas de regulación financiera era un asunto pendiente y que flotaba en el ambiente en torno a cada propuesta del presidente Donald Trump, como es la desregulación financiera que, en algunos sectores se considera lesiva para el normal desarrollo de la actividad y libertad de empresa. Con estas premisas, considera el legislador republicano que, tras ocho años de vigencia y aplicación de la ley aprobada en 2010 para poner orden y mayor control en las actividades financieras, el peligro parece haber pasado, las entidades bancarias se han vuelto disciplinadas y más prudentes. Un comportamiento que las autoridades financieras entienden que el sector bancario viene dando muestras de que no volverán a las andadas ni a cometer los errores que desembocaron en la crisis.
En virtud de la reforma (contrarreforma) desaparecen las pruebas (test) para las entidades medianas y pequeñas así como otros controles menores en aras a que el crédito circule de forma fluida y alegre, como antes de 2008.

Hacía tiempo que los grupos de presión financieros estaban trabajando sobre uno de los problemas más molestos para el sector bancario de las pequeñas y medianas entidades, principalmente, bancos locales y especializados en áreas específicas de clientela. Y al fin parecen haber conseguido que los políticos hayan escuchado sus peticiones. Se reformarán algunas leyes aprobadas en 2010 por la Administración de Obama que limitaba a las entidades bancarias con activos por valor de 50.000 millones de dólares algunas operaciones orientadas a la especulación mediante la utilización de los recursos de clientes.

Fue esta una de las normas estrella de la legislación "anticrisis" pero que ahora la Administración Trump va a modificar a la baja, a suavizar, para que los bancos pequeños y medianos regresen al sistema anterior, de forma que los clientes estarán expuestos de nuevo a los resultados que puedan deparar algunos productos financieros considerados abusivos pero que el banco tendrá las manos libres para su colocación a la clientela. La revisión de la ley de 2010 intentará que algunas limitaciones -como la señalada- pasen a mejor vida o, al menos, dejen de molestar a los pequeños y medianos bancos.

Aunque es quizá la eliminación de las pruebas de estrés a las entidades con activos superiores a los 50.000 millones de dólares, la que parece haber provocado mayor entusiasmo en el sector. Las pruebas a las que deben someterse estas entidades, además de farragosas para las pequeñas organizaciones, obligan a dedicar un buen número recursos humanos y económicos y que acaban presionando con fuerza sobre las cuentas. De esta forma, quedan liberadas cientos de entidades bancarias en EE UU que ya no tendrán que pasar por los exámenes para comprobar cómo serían capaces de superar algunos escenarios de crisis o si podrían hacer frente a los riesgos de un mercado financiero muy exigente.

Mantienen los defensores de la disciplina financiera que la revisión normativa para flexibilizar, suavizar o dejar libertad absoluta a este sector de la banca, es una imprudencia que puede llegar a convertirse en riesgo evidente a nada que sus debilidades -como sucedió en 2008- sean detectadas por los especuladores. Y al contrario que los argumentos defendidos por los promotores de la reforma -que el crédito fluya  con velocidad y con buen volumen- los bancos no puedan soportar un aumento de la morosidad y de los impagos.

En este escenario, las entidades españolas presentes en aquel mercado contarán, en principio, con mayor margen de actuación en tanto que la normativa `despeja´ y `limpia´ de la actividad bancaria algunos de los controles -entre ellos las pruebas de resistencia- que  exigían la dedicación de recursos y que ahora se convertirán en ahorro de tiempo y de menos costes. Otro asunto será comprobar que, efectivamente, con la vuelta a la legislación anterior se consigan mejorar las cuentas y reducir y evitar los riesgos que llevaron al colapso de financiero. Para comprobar la eficacia de la `contrarreforma´ habrá que esperar todavía varios meses.

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