edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
10/12/2018
Riesgo de contagio en los mercados financieros 

Las crisis de Francia e Italia presagian una deriva contagiosa en España

Crisis social en Francia, institucional en Italia y política en España, una secuencia que se puede llevar por delante la confianza de los inversores y también su huida
Juan José González
Con distintas raíces pero con un tronco idéntico Italia, Francia y España abordan sus problemas institucionales, sociales y políticos internos con la mirada fijada en Bruselas. La capital de la Unión Europea es ahora también el centro donde se quieren localizar los problemas de estos tres Gobiernos. Todas batallan con las autoridades comunitarias por diferentes pero similares razones: franceses con muy limitadas posibilidades de incrementar los gastos sociales y con también escaso margen para el crecimiento económico; italianos con sus propias necesidades, las que se desprenden del cumplimiento obligado de algunos puntos fundamentales del programa político que ha permitido a los populistas su acceso al Gobierno y, finalmente los españoles con los problemas propios de una gestión imposible de un presupuesto heredado e incompatible, como en el caso italiano, con las promesas electorales sociales.
Que el denominador común sea Bruselas y la obligatoriedad en el cumplimiento de los programas políticos que les han proporcionado el poder, no significa igualdad en la necesidad de soluciones, habida cuenta que la posición de los tres Gobiernos, desde la vertiente económica, es bien diferente. A los políticos les preocupa la inestabilidad social y el descontento popular que ya campea en Francia, amaga en Italia y registra algunos brotes en España. La calle está mostrando los riesgos que conllevan las promesas incumplidas, retardadas o aplazadas. Bruselas se ve también comprometida entre las exigencias del guion, de la ortodoxia presupuestaria, del rigor de los gastos en el déficit público y los efectos que provocan la resistencia a la obediencia de algunos de sus socios y las reacciones en la calle. También está en juego la confianza de los inversores.

El tira y afloja de los Gobiernos italiano y español con Bruselas a propósito de traspasar la línea del déficit público para el próximo año, está provocando algo más que un encontronazo institucional entre las autoridades de los socios y el controlador o `fijador´ de los objetivos, en este caso, Bruselas. Algo más son los enfrentamientos sociales que se viven estos días en Francia, en Paris y varias ciudades del país, y en sus carreteras y fronteras. Hostilidades son también las que se viven en las instituciones italianas, con luchas frecuentes entre rivales políticos, incluso, de la misma formación.

Las limitaciones presupuestarias y el `bloqueo´ de una mayor expansión de las cuentas públicas está generando tensiones políticas y sociales en la medida en que se quiebran las esperanzas de la ciudadanía en el cumplimiento de las promesas electorales de los partidos a los que han votado. Y no sólo de la ciudadanía sino también de las esperanzas empresariales y de los inversores internacionales, al identificar elementos de incertidumbre que no suelen beneficiar la actividad económica como tampoco la buena marcha de los mercados financieros.

De las necesidades de cumplir con las directrices de Bruselas y del estrecho margen de los Gobiernos para maniobrar y poder cumplir con algunas de sus promesas electorales, procede la inestabilidad social e institucional en estos dos países, Francia e Italia, que se proyecta también en España en su variante más política. Tan sólo parece haber una diferencia, y no menor, entre los tres socios de la Unión Europea: el crecimiento económico actual y las previsiones de futuro para 2019. Francia ha tenido unos resultados "decepcionantes" en el primer semestre del año, según el observatorio francés de coyuntura económica, aunque se espera un ligero repunte para el final del año. Pero crecerá en 2019 el 1,7%.

Italia es el país -de los grandes de la UE- que se encuentra en la última posición en el crecimiento económico. Lastrado por la voluminosa deuda pública, que supera el 132% del PIB, y el déficit público aprobado ya por su Gobierno, que equivale al 2,4% del PIB (Bruselas sólo admite el 1,6% para 2019) las posibilidades de crecimiento económico son poco menos que nulas, imposible de cumplir cualquier objetivo oficial.

Si imposible se hace su cumplimiento, con mayor razón estiman los inversores que pueden obtener rendimientos en el mercado italiano, donde se vienen reflejando las debilidades de las empresas, especialmente, las bancarias, tal y como muestran las caídas de sus cotizaciones en las los últimos meses. Los empresarios comprueban la dificultad para encontrar financiación a precios competitivos (con la prima de riesgo en el entorno de los 300 puntos básicos) y los inversores extranjeros (entre ellos varias entidades bancarias españolas) huyen de la deuda italiana. La crisis social, institucional y política que afecta a los tres países de forma diferente, no resta para que los mercados, interconectados, compartan las mismas incertidumbres, miedos y riesgos. Y en esta situación el más afectado puede resultar el mercado español, al poner en riesgo su expansión económica, hoy en mejor posición que Francia e Italia.

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