edición: 2977 , Viernes, 29 mayo 2020
31/03/2020

Las economías emergentes activan políticas monetarias expansivas para sostener el gasto del Estado

Un experimento económico sin precedentes en naciones virtualmente asfixiadas antes del coronavirus
Carlos Schwartz
Brasil, cuyo presidente Jair Bolsonaro ha definido a los efectos de la Covid-19 como un resfriadillo, tiene previsto debatir en el parlamento leyes que den al Banco Central del país la posibilidad de apelar a un incremento de su balance para un plan de rescate de la economía del país ante el desmoronamiento económico internacional. El presidente del banco central Roberto Campos Neto anunció el acuerdo del consejo del emisor para un plan de asistencia por importe de 233.000 millones de dólares, lo que supone casi duplicar el balance del banco central, que tiene en total activos por 293.000 millones de dólares. El paquete tiene objetivos fiscales y económicos, pero la cuestión central serán las líneas de oxígeno que se destinen a las corporaciones que hacen frente a una caída sin precedentes de la demanda internacional de sus bienes, servicios y materias primas. El país sin embargo, ya atraviesa tensiones fiscales muy serias por la incapacidad de financiar su presupuesto, con lo cual una parte considerable del auto-rescate deberá destinarse a comprar deuda pública lo que va a sobrecargar al estado con nuevas emisiones con altos tipos de interés. Por añadidura Brasil carece de una red de seguridad que pueda brindar a la ola de despedidos de la actividad económica algún tipo de amparo.
Esta es, en su esencia, la raíz del discurso negacionista presidencial sobre los riesgos para la salud pública de la pandemia que recorre el mundo. El anuncio del presidente del banco central de Brasil es el paquete de emergencia más grande que se haya anunciado en una economía emergente desde el comienzo de la Covid-19.  Mientras tanto países como Argentina deben hacer frente a la deuda externa al borde de la cesación de pagos con la amenaza de una parálisis económica total, con lo cual sus posibilidades de atender al sector corporativo son exiguas. África del Sur, Colombia, Filipinas y Polonia se han subido al carro de la expansión monetaria, denominada en sus albores con la crisis financiera internacional del 2008 'quantitative easing'. La República Checa está, al igual que Brasil, a la espera de leyes que le permitan poner en marcha su propio paquete.

Sin embargo, al menos desde el punto de vista teórico, la Reserva Federal tiene en el tesoro de los Estado Unidos un aliado perfecto. Tal como señalara en 1960 Valery Giscard d'Estaing, entonces ministro de Finanzas francés, el dólar goza de un “privilegio exorbitante”. Es la moneda en la que se denominan las transacciones internacionales y es al mismo tiempo reserva monetaria internacional. Ese es uno de los motivos por el cual las emisiones del Tesoro atraen capital internacional que financia hasta ahora los déficit fiscales del país, por estrepitosos que estos sean. Lo cual implica que las emisiones del Tesoro tienen un mercado a precios bajos y son la contrapartida de una emisión de moneda primaria que de otra forma se depreciaría de manera feroz. No es previsible que Brasil, o en su defecto Argentina, puedan parar la caída del valor de sus monedas con las consecuencias que ello va a tener para sus monedas nacionales para la inflación y para la creciente crisis social. 

Hay operaciones más moderadas, como la de Filipinas que anunció que el banco central va a adquirir deuda pública por importe de 6.000 millones de dólares durante los próximos seis meses para dar liquidez al gobierno. Polonia por su parte anunció que hará una gran compra de bonos del Tesoro, aunque no dijo el importe de esta línea. Colombia anunció una línea de 5.000 millones de dólares para comprar bonos de emisores privados. El banco central de África del Sur anunció que iniciaba un proceso de compra de bonos del Gobierno en una cantidad sin especificar, mientras el país se preparaba para un cierre de actividad económica de tres semanas para el control de la epidemia. Las denominadas economías emergentes tienen por contrapartida otro problema añadido, y es su baja recaudación fiscal relacionada con los noveles de ingresos de los trabajadores y las exenciones de las corporaciones y sus atajos 'off shore' para tributar lo menos posible.

Estas medidas, cuestionables como son, siguen a otra previas destinadas a adjudicar liquidez al sector bancario mientras el sector público acudía en ayuda de las empresas en una carrera contra el reloj, intentando dejar organizado el flujo de crédito antes de que el impacto de la Covid-19 llegue a esos países con la violencia que está manifestando en Europa. La semana pasada el esfuerzo se reflejó en una caída de la tensión en los mercados de deuda emergente. Pero el efecto de largo plazo de estas medidas como herramienta para serenar los mercados de deuda soberana son cuestionadas ampliamente. Los críticos de la QE señalan que las gigantescas inyecciones de dinero efectuadas por los bancos centrales en el pasado reciente, entre ellos el Banco Central Europeo (BCE) se han desviado en gran medida a la inversión financiera y no a los diversos sectores productivos creando burbujas que el propio Brasil padeció con una fuerte entrada de capital especulativo atraído por los altos tipos de interés locales.

No parece, por lo tanto, que la instrumentación de estas políticas monetarias vaya a ser una palanca para ayudar a la supervivencia de un tejido económico golpeado de forma muy dura y acelerada por la crisis. Aun en el supuesto que la metodología de las inyecciones de dinero realmente calmara a los “mercados” la financiación extraordinaria al sector privado acabará en una descontrolada demanda de dólares que va a acelerar el derrumbe de las monedas de las naciones emergentes, lo que va a ocasionar más inflación. Esto está lejos de ser un círculo virtuoso, es más bien un círculo muy peligroso.

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