edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
15/06/2020
La recuperación empresarial marcará el ritmo de la salida de la crisis

Las empresas, obligadas a sacrificar crecimiento para mantener la actividad  y la liquidez

No habrá planes de expansión en varios trimestres, el dinero disponible se destinará a reparar los daños de la crisis y financiará el endeudamiento creciente. El crecimiento, como los beneficios, deberá esperar hasta que las aguas vuelvan a su cauce
Juan José González
El presidente de la Reserva Federal norteamericana, Jerome Powell, fue claro y directo en su mensaje la semana pasada cuando señaló que la recesión producirá unos efectos duraderos en la economía del país. Todo un anuncio a la economía mundial dado los efectos que produce la americana en la del resto del mundo. Un aviso que llega a Europa en el preciso momento en el que las autoridades se están planteando cómo `atacar´ esta fase de la crisis y planificar la próxima para reducir los impactos sobre la actividad económica y sobre el empleo. Las precisiones del responsable de la Fed para los próximos trimestres no son halagüeñas, no muestran signos de recuperación en un período amplio de tiempo, no dibuja o no define algo que pudiera parecerse a un horizonte probable: la recuperación, en suma, no será en `V´ y la `V´ asimétrica de raíz cuadrada que ilustra los mensajes europeos, en particular, en España, tampoco parece estar en la `visión´ a medio plazo de Powell. En realidad, no es la primera vez que la Fed pone en práctica esta estrategia, se está abonando el camino, a base de inyección de expectativas, para un nuevo paquete de estímulos fiscales. En Europa no se sabe si los dirigentes de la Unión han sido más visionarios, han reaccionado con más rapidez o quizá haya sido un impulso provocado por la urgencia y la gravedad de las cifras donde ha estado el origen de su rápida respuesta.
Lo cierto es que la reacción del Banco Central Europeo así como los anuncios de la presidencia de la Comisión han obrado un auténtico milagro como ha sido la reacción positiva de los mercados financieros, sin duda, el mejor medidor del impulso de las autoridades con el apoyo, proponiendo grandes planes de ayuda de inversión, tanto de bonos como de otros activos. La reacción de la Comisión y del supervisor bancario han servido para detener una catástrofe: la caída en picado de los mercados y consecuentemente de las empresas.

Unos y otros han logrado, gracias a la reacción rápida de las autoridades, financiarse con los mismos tipos de interés en un escenario no precisamente tranquilizador como fue una subida desconocida de la deuda pública. Otra prueba de la inyección de moral y solvencia que provocó la reacción de la Unión Europea y el BCE se pudo comprobar con el apoyo de los mercados bursátiles a las medidas de estímulo de las autoridades, es decir, las empresas han podido seguir financiándose en los mercados sin que saltaran por los aires los precios, eso sí, siempre con un fuerte apoyo institucional.

Pero que las autoridades europeas hayan conseguido mantener el control de la situación no significa que la crisis económica y en su caso la recesión posterior, vayan a tener una duración más corta: la reacción rápida ha servido para que la caída no haya sido mayor, más virulenta y profunda, siendo imposible de prever el tiempo de recuperación. Hay coincidencia de expertos y organismos supranacionales en que el apoyo institucional deberá ser mayor aún del que se está conociendo. Coinciden en la magnitud de la caída y del deterioro que causará la pandemia en términos de actividad empresarial y de empleo. Y convienen en afirmar que las ayudas de los Estados a las empresas harán que estas se recuperen más pronto que tarde.

Pero en ningún caso arriesgan plazos, sólo concluyen que la recuperación de las empresas marcará el ritmo de la salida de la crisis. Nadie arriesga cálculos ni opiniones sobre la duración de la reparación de los desperfectos ni de la convalecencia que van a precisar los afectados porque ahora las empresas, grandes y medianas sobre todo, se ven obligadas a aumentar las deudas ante la caída de las ventas por la falta de demanda y de producción. Es decir, el dinero para financiar nuevos planes y proyectos, la actividad habitual de las empresas, se destinará a financiar pérdidas y no a ampliar capacidad de producción, nuevos productos o modelos, obras y demás.

Las empresas, como consecuencia de la pandemia, se han visto obligadas a cambiar sus estrategias de crecimiento y expansión por algo más inmediato y contingente como es evitar las pérdidas, la solvencia, asegurar la liquidez. De esta forma, el freno de mano para algunas y la marcha lenta para otras se convertirá en los próximos trimestres en la hoja de ruta más conveniente que no es otra sino la supervivencia de la compañía. Claro que limitado el crecimiento de ventas, reducido el ritmo de producción, con menor demanda y con mayor endeudamiento las empresas verán limitado el crecimiento futuro. Algo que deberán de tener en cuenta las autoridades porque obligará a aplicar más recursos, otros planes para la recuperación.

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