edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
10/07/2020
Sin reservas, ni capital y dificultades de liquidez

Las empresas pagan caro la excesiva alegría en la distribución de los beneficios

Los supervisores ya preparan algunas iniciativas para reformar normas que obliguen a proteger el capital y las reservas para que luego no haya que lamentar rescates o cierres
Juan José González
Muchas de las decisiones adoptadas por los consejos de administración de grandes empresas cotizadas antes de la pandemia se han demostrado erróneas, fatales según el caso, con resultados nefastos para las cuentas de resultados. Hoy el centro de la polémica que se discute en muchos de esos consejos de administración `tocados´ por decisiones tomadas en los últimos años, consiste en valorar si las políticas de recompra de acciones de la propia empresa o el pagos de dividendos elevados (o ambas al tiempo) ha resultado a largo plazo, en concreto, ahora, en el primer semestre de pandemia, contraproducentes para la empresa. La lectura de los primeros  resultados del año en numerosas empresas cotizadas (que recoge un informe que analiza tres índices bursátiles internacionales, que incluyen compañías españolas) parecen estar dejando en evidencia las decisiones tomadas en los últimos siete años en materia de recompra de acciones así como un exceso en la distribución de los beneficios, es decir, del pago de dividendos. Algunas de estas compañías ya habían adelantado en su día, a modo de justificación ante sus accionistas y de los supervisores, que las expectativas que manejaban eran compatibles con el reparto razonable de los beneficios y que la situación financiera y las condiciones de los mercados no hacían peligrar el horizonte de la cuenta de resultados. Ahora el tiempo pasa factura.
La preocupación de los supervisores, que en todo momento advertían de los riesgos de unas políticas de "maximización de pagos" a los accionistas y sus consecuencias sobre los niveles de reservas, no parecen que fueron valorados convenientemente por los gestores, que siguieron con "las políticas agresivas" de distribución de beneficios. Ha sido el paso del tiempo el encargado en demostrar que, efectivamente, aquellas políticas de recompra y de elevados pagos de dividendos han dejado tan menguadas las reservas de muchas compañías que ahora tienen dificultades.

Los supervisores ya habían advertido a las cotizadas de los riesgos de colapso financiero como consecuencia de sus políticas "agresivas de distribución", y que no resultaba sostenible que continuasen consumiendo reservas como tampoco que entre recompras y dividendos "se consumieran" los beneficios generados. Pero las empresas, en concreto, entre el 28% y el 37% de las cotizadas en el FT-SE 100, el S&P 500 y el S&P Europe 350, no atendieron la advertencia. Es cierto que las políticas de distribución de beneficios venían de una trayectoria muy positiva de resultados. Y que algunas situaciones puntuales de mercado, combinadas con la buena marcha de los negocios, permitieron tomar decisiones de recompra de acciones. 

Pero con todo, la visión de las decisiones de los consejos no tenía en cuenta el largo plazo. Y el largo plazo llegó. O dicho de otro modo, la pandemia se encargó de fijar otro plazo, el suyo, no previsto por nadie. Su imprevisibilidad, sin embargo, no exculpa a los agresivos gestores empresariales, acostumbrados a adoptar políticas de prevención de riesgos futuros. Y aquí debería entrar todo tipo de eventos, tsunamis, 11S o pandemias. Al menos, esta es la conclusión a la que están llegando numerosos grupos empresariales que ya cuentan con planes de contingencia a raíz del último, y todavía presente, evento de crisis.

El comportamiento natural ante las dificultades que ha traído la pandemia -caída de ventas y de resultados- ha sido una reacción esperada, razonable: recortar dividendos o bloquearlos directamente con el objetivo a muy corto plazo de hacer acopio de liquidez y de reservas. Aunque a pesar de la reacción numerosas compañías de las señaladas por sus "excesos de pagos" no llegaron a tiempo y ahora tienen otro problema: la baja capacidad de endeudamiento y por consiguiente la necesidad de pedir el rescate.

Así que ahora, visto que los gestores empresariales valoraban de forma subjetiva las expectativas de futuro, muchas veces en base a las buenas posiciones que presentaban los flujos de caja, los supervisores parecen estar considerando la conveniencia de poner remedio a las estimaciones positivas para que antes de repartir los beneficios con alegría se tenga en cuenta y prioricen el capital disponible, las reservas de todo tipo, la caja y sus flujos, en fin, se valoren los riesgos con mayor seriedad. Hoy día, muchas de las empresas que han repartido altos dividendos con excesiva alegría se encuentran con otro problema a la hora de pedir refinanciaciones: que sus rating de deuda son demasiado bajos.

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