edición: 2885 , Viernes, 17 enero 2020
13/12/2019
banca 
Eliminar `prácticas anómalas´ y `localismos´

Las grandes fusiones bancarias esperan a la puesta en marcha de la Unión Bancaria Europea

La supervisión bancaria, en el nuevo modelo de Unión Bancaria, cobra especial importancia para eliminar comportamientos poco ortodoxos, como por ejemplo, la financiación pública
Juan José González
La ausencia de grandes operaciones corporativas bancarias en Europa, las fusiones de bancos, se había convertido casi en un asunto enigmático, rodeado de una gran dosis de intriga, obviamente en razón a la discreción y reserva que deben guardar este tipo de movimientos empresariales y societarios. Pero todo parece indicar que la puesta en marcha del nuevo Ejecutivo europeo así como el resto de instituciones como el Parlamento, planean revitalizar la actividad institucional con la puesta en práctica de sus nuevos planes para los próximos años. Y el sector bancario es uno de esos pilares llamado a aportar la solidez y equilibrio necesario que demanda una Unión Europea maltrecha, paralizada e inactiva. Algunos episodios políticos, caso del Brexit o de alguna crisis financiera e intervenciones económicas en algunos de sus socios, han dejado al descubierto la fragilidad de la Unión, a su vez, trasladando al campo empresarial y, en este caso, financiero y bancario, los problemas que en principio sólo daban la impresión de tener un origen institucional. Recordar que algunos de los problemas de la Unión Europea fueron en su día señalados por los gobernantes alemanes, quienes, en consecuencia, se han negado en repetidas ocasiones en avanzar en la Unión Bancaria. El problema no se limitaba sólo a la ausencia de esta Unión, sino a la falta de confianza en los Estados y a su vez, en la insuficiente supervisión bancaria. Y en este escenario las operaciones corporativas se hacían imposibles.
Desde una de las grandes entidades bancarias españolas se asegura que el veto que había propiciado el parón en los trabajos para alcanzar la Unión Bancaria europea, ha desaparecido, que su principal enemigo, el Gobierno alemán, amén del todopoderoso banco central alemán, han conseguido de sus socios europeos un compromiso para poner en marcha los cimientos más seguros de una Unión Bancaria. Y los cimientos son, ni más ni menos, que la organización de una supervisión común, central, europea, diferente a la que lleva a cabo el Banco Central Europeo, esta más centrada en el seguimiento y cumplimiento normativo.

Una supervisión de carácter más amplio, más rigurosa e inflexible, es decir, muy diferente a la que tiene lugar en la actualidad, combinación de supervisión del BCE y de los bancos centrales locales que ha llevado a situaciones particulares, en ocasiones excesivamente  `domésticas´, reflejo de una supervisión que todavía cuenta con normativa original, propia. Quizá el problema pudiera parecer menor si se tiene en cuenta que, al tratarse de una normativa o reglas locales de supervisión nacional (a cargo del banco central de cada país) sólo habría que modificar estas normas y ya no habría problema.

Sin embargo, la supervisión comunitaria o trasnacional de un mayor organismo supervisor bancario podría entrar en otras cuestiones relacionadas con las prácticas financieras. Es el caso, por ejemplo, de la financiación pública, con comportamientos tan diferentes como socios tiene la Unión Europea, cada uno con un método y práctica diferente a la hora de prestar dinero a las instituciones públicas. En este asunto, los responsables germanos se han mostrado siempre muy beligerantes, hasta el punto de impedir cualquier avance en los trabajos por alcanzar un acuerdo para la puesta en marcha de la Unión Bancaria.

Los nuevos responsables europeos han declarado en sus discursos en estos últimos meses su voluntad de fortalecer la Unión Europea, que a su vez pasa por reanimar la economía del continente, que será un nuevo gigante económico a pesar de la pérdida del socio británico. Para fortalecer la economía será necesario contar con un sector bancario en línea con el objetivo central señalado. Y la Unión Bancaria se presenta como una pieza indispensable, fundamental de cara a contar con un peso económico en el mundo que ahora mismo parece matizado.

En este escenario parece obvio que la resistencia de los grandes bancos a iniciar procesos de fusión estaba más que justificada. De la misma forma que Alemania se negaba a validar una operación como la Unión Bancaria en la certidumbre de que conviven en la actualidad métodos de financiación, flujos de capitales hacia el sector público que distorsionan la economía. Si todos los socios de la Unión Europea convienen en que la Unión Bancaria debe contar con un gran supervisor de bancos que garantice la `limpieza´ de la responsabilidad de los bancos centrales locales al tiempo que pueda poner en marcha estrategias comunes para ayudar y animar los procesos de consolidación del sector bancario. En definitiva, sin acuerdo de gran supervisor europeo, no habrá Unión Bancaria europea y, por supuesto, tampoco fusiones bancarias europeas.

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