edición: 2560 , Lunes, 24 septiembre 2018
18/02/2018
Crecimiento, entre sospechas y amenazas

Las legislativas en Italia pueden acabar con la bonanza económica europea

Primera amenaza para estabilidad y advertencia a la clase política sobre la proximidad del fin de ciclo económico en Europa
Juan José González
Todo parece transitar sobre una superficie sólida, de confianza, seguridad que transmiten los socios de la Eurozona que hoy crecen a buen ritmo, mantienen sus déficits dentro -más o menos- de los compromisos con Bruselas y sin aparentes amenazas de que la carretera de la expansión económica vaya a derivar en breve en una peligrosa zona de curvas, de recesión. Gobiernos, empresas y particulares que sólo parecen manejar expectativas positivas, de mayor crecimiento económico, mayores beneficios empresariales y mayores y mejores beneficios bancarios. Sobre el papel, si el crecimiento económico es sólido y la apreciación de la divisa europea no perjudica (por ahora) a la economía, se diría que no hay amenazas preocupantes a la vista, ni el corto ni en el medio plazo. Podría parecer que la situación es ideal y que hoy día, la posibilidad de ruptura de este escenario es remota. Sin embargo, todo indica que las valoraciones de la coyuntura económica se están olvidando, con o sin intención, de considerar los riesgos y las amenazas (que existen) en la Eurozona. Algunas voces críticas ya advierten, sin embargo, del final de esta fase idílica de expansión económica general y coordinada que vive el continente europeo. Críticos que subrayan que, aunque escasas, las amenazas existen y estas son de un tamaño relevante y con capacidad suficiente para acelerar el fin de la fase de crecimiento. Mientras hoy todos las miradas se dirigen hacia el nuevo responsable de la FED, Jerome Powell, en busca de nuevos gestos, o hacia los efectos de la política fiscal en EE UU, la amenaza se puede localizar en el futuro, el próximo mes, en Italia, cuyas elecciones legislativas pueden aportar al conjunto de la Eurozona la inestabilidad suficiente como para adelantar el final del ciclo expansivo en marcha. Habrá que estar atentos a los primeros síntomas de una ralentización económica.
En ese tránsito estable y seguro de las economías europeas, limpio de amenazas a primera vista y con niveles máximos de confianza, las elecciones legislativas en Italia el próximo 4 de marzo, se presentan como el elemento más peligroso a corto plazo para la estabilidad europea. Estabilidad política que ha sido, desde la vuelta a la normalidad, tras el convulso episodio de junio de 2016 del referéndum británico (Brexit) el principal motor que aportó la solidez y seguridad necesarias para continuar con la fase de expansión económica, estabilidad política que, crisis alemana al margen, parece recuperada en todos los frentes. Salvo en Italia, donde la incertidumbre sobre el resultado de las elecciones legislativas de marzo podría llegar a convertirse en un incidente de alcance más allá del terreno político.

De los resultados de las legislativas italianas va a depender que la tercera potencia de Europa cuestione muchas de las políticas de Bruselas en marcha. Uno de los partidos con posibilidades de ganar las elecciones, el `Movimiento 5 Estrellas´, no es partidario de que se mantengan algunas de las medidas económicas aplicadas en estos últimos cinco años, especialmente, las relativas a las restricciones del gasto público. Y una victoria de la formación contraria a `la idea europea´ traería un nuevo problema, inesperado pero suficiente como para empezar a pensar en el final de la bonanza política y económica que vive Europa.

En apenas cinco años, la Eurozona ha vivido algunos de los episodios más señalados de su historia reciente, en uno de ellos tuvo que superar el mayor peligro que vivió su moneda, momento en que se temió por su existencia. Años en los que ha debido superar una crisis financiera y obligado a aplicar políticas desde el Banco Central Europeo que se han demostrado eficientes para el conjunto de la población, para la economía de la Eurozona: la recuperación del empleo, el control de los precios, la circulación del crédito empresarial pueden ser los signos más visibles de la eficacia de las políticas aplicadas en Europa.

Se mantiene la buena marcha de la economía europea, y en todos sus frentes, con cifras que muestran el crecimiento del consumo, del crédito, de la demanda, exportaciones, empleo y con tensiones en los precios. Racha que es certificada por la mayoría de las instituciones económicas, como es el más reciente, el informe del FMI que estima un crecimiento global de las economías desarrolladas en 2018 en el entorno del 4%. Sobre el terreno, los informes de expertos coinciden en asegurar que la economía europea se mantendrá en niveles de crecimiento muy positivos en 2018 y el año siguiente, si bien es en este último de 2019 donde ya aparecen los primeros síntomas de discordia.

Para este escenario, del desacuerdo, se barajan varios elementos políticos y económicos. Por un lado, el próximo año será el momento en el que se hagan más patentes los efectos de la nueva ola proteccionista, tanto en EE UU como en Reino Unido, pero por otro, estarán pendientes los efectos de los cambios de la política monetaria, tanto en Europa como en EE UU con el nuevo presidente de la FED, los cuales no se verían hasta el próximo año. Con todo, el episodio a tener en cuenta en el corto plazo pasa por las legislativas de Italia, una potencia económica y una bomba política que amenaza la bonanza europea.

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