edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
04/09/2019

Las malas perspectivas económicas de Alemania amenazan la transformación del sector energético

La caída en la demanda de energía y la transformación industrial pueden hacer insostenible la migración
ICNR
Alemania anunció el cierre escalonado de las plantas nucleares de su sector eléctrico tras el grave accidente de Fukuyima en Japón en 2011. La medida formó parte de la denominada revolución energética -'Energiewende'-, un proceso muy ambicioso que perseguía la descarbonización creciente de la generación de energía mediante la implantación progresiva de las energías renovables. Las dos más grandes eléctricas del país adoptaron estrategias acordes, y en particular E.ON segregó los activos convencionales y los alojó en un vehículo separado. El objetivo era deshacerse de ellos en el tiempo, mientras en la empresa que conservó el nombre histórico concentró los activos renovables. La transición energética de esta “revolución” se financia mediante el recibo de la electricidad y las ayudas del estado, al mismo tiempo que el encarecimiento de la electricidad que lleva implícita una reconversión de esta envergadura era atenuada, en el caso de los grandes consumidores, es decir las industrias electrointensivas, mediante subsidios en la tarifa repercutidos en parte a los consumidores residenciales. Ninguna novedad. Pero el punto de equilibrio de esta vasta operación estaba determinado por el consumo de energía, porque la transformación opera de forma positiva con ciertos niveles de demanda. 
A resultas de la transición energética, las renovables forman una proporción creciente de la oferta pero la baja utilización de la capacidad instalada está generando serios problemas para justificar la inversión necesaria para mantener la seguridad energética. En la medida que el proceso está  lejos de haber acabado las acciones futuras de las eléctricas parecen estar envueltas en una niebla de incertidumbres. La cuestión central es la caída en la demanda de energía. El año pasado la demanda cayó un 3% y este año la caída en el primer trimestre fue de otro 3%, comparado con el primer trimestre de 2018. En realidad en el primer trimestre han influido factores climatológicos que también han incidido en la generación. El consumo de energías renovables en ese periodo aumento un 2%.

Sin embargo, la tendencia decreciente del consumo se ha reforzado por la amenaza de recesión, por cuyo borde navega la economía alemana, que se refleja en una caída de la producción industrial. La globalización también ha jugado en contra por la deslocalización de producción industrial. La generación renovable está sacando de forma acelerada la antracita y el lignito del ciclo energético con caídas del 16% y del 15%, respectivamente. Pero los datos de generación indican que el consumo cae de forma significativa y que las renovables forman una parte creciente de lo que se consume. 

El factor globalización tiene su peso y se hace perceptible en el hecho que la caída de la demanda es un proceso de largo plazo. El país consume un 13% menos de energía eléctrica que en 1990. Parte de la caída puede atribuirse a las mejoras en la eficiencia, ya que la economía en general ha crecido en ese periodo. Pero la crisis juega su parte crucial. La producción de acero cayó en el último año más de un 10% y la producción industrial en general se redujo en un 5%. Las industrias electro intensivas tienen ayudas federales, pero pequeñas industrias locales como la textil sufren los efectos del coste de la energía y tienen muy difícil competir con los productos de importación.

Alemania es la economía más industrializada de Europa, pero precisamente por ello está altamente expuesta a los precios de la energía. El sector en el que más ha caído el consumo de energía, un 20% en el primer semestre de este año, es en el de la producción de carbón. La Comisión del Carbón creada en diciembre pasado como organismo consultivo del Gobierno propuso en enero pasado 2038 como el año para la eliminación del carbón como combustible. Pero el abandono del carbón se ha acelerado de forma significativa, lo que está llevando a la industria a una situación de agonía prematura comparado con los planes oficiales.

Otro aspecto altamente controvertido de la experiencia alemana es la muy baja utilización de la capacidad instalada en las dos renovables dominantes: eólica y solar. Ambas gozan de protección oficial con lo cual el sector de generación más golpeado es el de generación por gas y cogeneración que actúan como sistemas de respaldo para garantizar la seguridad energética. La escasa utilización de la capacidad instalada por la caída en la demanda de energía puede acabar por hacer inviable a la generación por gas si no se establece un régimen de subsidios adecuado, de acuerdo con un estudio de Deutsche Bank. 

Una polémica que en España se centra a su manera en los pagos por capacidad y por interrumpibilidad. El modelo ha comenzado a rechinar sobre la base de la desaceleración económica y una crisis industrial global que insinúa cuadros de recesión en algunos países. En Estados Unidos la producción industrial ha caído a lo largo de este año, y en agosto sufrió su primera contracción desde 2016. Las ventas de automóviles y camiones caen a nivel internacional y no porque las normas de emisiones no estén claras, mal que le pese a ANFAC. 

Esto ha puesto en jaque a la “revolución energética” acometida por Alemania. Este año la cantidad de plantas nucleares en funcionamiento es de 7, comparado con las 17 de 2011. El cuadro general es que la reducción de emisiones se adelantará a su calendario previsto de un 40% sobre 1990 en el 2020. El remedio ha sido acelerar la marcha y fijar nuevas reducciones de emisiones. En un escenario de crisis no declarada aun a escala global, la industria ha comenzado a temer por los costes para el mantenimiento del modelo. 

Entre otras cosas los empresarios del sector industrial han comenzado a proponer que se postergue la fecha de cierre de las nucleares que quedan operativas más allá de su límite en 2022. Es decir que el modelo energético ha entrado en franca colisión con la infraestructura industrial del país, y si no se pone un remedio a esto lo empujará hacia la desindustrialización. Sobre todo si se tiene en cuenta que el peso electoral de Los Verdes es del 24% comparado con el 13% de los socialdemócratas. 

El modelo alemán implica una reflexión sobre los límites del desarrollo de las energías renovables si su implementación se tiene que hacer en detrimento del sector industrial. Algo que, bajo el modelo actual, parece inevitable. Aunque siempre cabe la posibilidad de que una severa crisis internacional opere como fuerza ciega frustrando los objetivos de todos los sectores implicados.

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