edición: 3102 , Viernes, 4 diciembre 2020
20/11/2020
banca 
Banca saneada y solvente pero sin recursos propios suficientes para los impagados

Las medidas urgentes enmascaran el riesgo de una crisis financiera tras la económica y sanitaria

Con casi dos billones de euros que pueden sumar a medio plazo los impagados en la Eurozona, el sector bancario no podrá hacer frente con todos sus recursos propios, lo que obliga a priorizar el problema, un tsunami para la banca
Juan José González
Existe un sentimiento compartido por autoridades e instituciones supranacionales respecto a la necesidad de ofrecer todas las facilidades al alcance de la mano en términos de recursos, medidas y plazos. Lo que se conoce vulgarmente como manga ancha se convierte por estado de necesidad en criterio de actuación práctico en asuntos económicos y sociales. La situación en cada país obliga a cada Gobierno a tomar decisiones de emergencia, alterando, seguramente, prácticas fijadas de antemano pero válidas para otro tiempo y lugar. Recientemente, el Banco Central Europeo advertía de algunos riesgos patentes que podría llevar ese cambio de criterio en el sentido de que pudiera enmascarar problemas también graves. La referencia era directa hacia el sector bancario, en primera línea de fuego de la crisis económica en tanto que acreedor del volumen ingente de crédito que hoy planea por Europa como una deuda de difícil devolución para los prestatarios que, obviamente y con el paso del tiempo, puede llegar a convertirse en, primero impagados, luego en morosos y terminar en lo peor, fallidos. Este es el problema enmascarado, oculto en la medida en que las moratorias activadas para dar oxígeno a los deudores, los prestatarios, están aplazando un problema que, si antes no media alguna otra solución, se presentará de golpe un buen día en el conjunto del sector bancario.
Las autoridades europeas estiman que a medio plazo, allá por junio de 2021, los impagados del sector bancario en Europa podrían superar los 1,8 billones de euros. La estimación del BCE cayó como un jarro de agua fría en el grupo de los diez primeros bancos de la Eurozona que no se esperaban que el riesgo de fallidos representase un tercio del total sectorial de la Eurozona. Si esto es así, está claro que tras la crisis sanitaria, que parece que comenzará a remitir a partir de junio próximo, así como en plena crisis económica o en posición de salida a partir de enero de 2022, se presentará una nueva crisis: la financiera. 

En principio, no se puede decir que figurase en el guion de los expertos analistas, si a caso contemplada como una hipótesis más de los riesgos posibles. Pero no como una certeza que comienza a estar documentada por las cifras actuales y sus proyecciones, así como también por las propias instituciones financieras. El enmascaramiento, por tanto, de una crisis financiera provocado por un cambio de criterio en la valoración de los problemas puede convertir la salida de las dos crisis -económica y sanitaria- en una nueva pesadilla para las sociedades si antes los Gobiernos no toman medidas para evitarla. 

En tan sólo un mes, el escenario económico español parece haber experimentado un cierto avance, según algunos analistas espectacular. Cierto es que no era lo esperado dado el ambiente pesado y funerario que envuelve la sociedad en su conjunto, atestada de cifras y noticias negativas que dan cuenta dela profundidad de la crisis económica y sanitaria. Parece que el principal avance, como así es valorado por los expertos, es la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado que, en principio, se introduce ahora en la selva de discusión política de las enmiendas que deberán conducir el gran documento contable del Estado a la pila bautismal. 

Como de avance también puede calificarse que Bruselas lo haya aceptado con su visto bueno aunque con la salvedad esperada de una exigencia de mayor control y de un plan que aborde el problema de la deuda en tanto que lleva camino de superar la fase crónica para entrar en el estado de alarma, una deuda pública que alcanzará el 120% del PIB a final de año y que, obviamente, es el indicador más peligroso del desequilibrio económico español. En principio, el camino parece estar despejado para poner en marcha otros planes y proyectos puesto que a partir de una fecha más o menos próxima se podrá contar con los recursos del plan de recuperación europeo, eso sí, una vez que sea desbloqueado por Polonia y Hungría, que hoy, por otros motivos, mantienen su veto al plan. 

En otro plano diferente de la actividad, avanza, se puede decir que, a buen ritmo, la consolidación bancaria en España, también, al parecer, asunto necesitado de urgencia toda vez que la caída de la rentabilidad mostraba también su cara más crónica pero sobre todo, y lo más interesante, es que con las operaciones en marcha las autoridades locales y los supervisores europeos podrán conciliar el sueño en la medida en que son operaciones que, en principio, están llamadas a solucionar otros problemas más allá del citado de la rentabilidad.

En cualquier caso no hay que olvidar que aunque la banca europea -en líneas generales- se encuentre hoy en una situación de mayor solvencia y capitalizada no hay que perder de vista que la magnitud de las cifras que se están acumulando de morosos difícilmente podrán ser cubiertas o absorbidas por los recursos propios de la banca. Y cuanto antes se den cuenta las autoridades mejor, más suave será el golpe que en todo caso será un golpe.

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