edición: 3100 , Miércoles, 2 diciembre 2020
13/09/2020

Las normas fiscales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento seguirán suspendidas más allá de 2022

El BCE compra más deuda que la que emiten los gobiernos para garantizar la supervivencia europea
Carlos Schwartz
Sobre el fin de semana los ministros de Economía de la Unión Europea (UE) mantuvieron una reunión bajo la presidencia del irlandés Paschal Donohoe en la que se evitó abordar la cuestión de las normas fiscales, es decir las directivas sobre gasto y déficit que se recogen en el denominado Pacto de Estabilidad y Crecimiento que fue suspendido de forma temporaria en marzo para facilitar que los estados miembro hicieran frente a los gastos excepcionales desatados por la profunda crisis. Mientras, los analistas observan indicios de desaceleración de la recuperación que ha supuesto el final del confinamiento en la mayoría de los países y en Particular en Europa, en general a partir de junio. Los datos de fuerte recuperación inicial respecto de los del trimestre bajo confinamiento, en general el segundo de este año, comienzan a mostrar signos de desaceleración. El caso español por su fuerte dependencia de los servicios y del turismo no es el mejor indicador. Pero los datos de Reino Unido, señalan las fuentes, ponen de relieve que otras grandes economías europeas muestran esa tendencia. Su economía creció un 6,6% en julio comparada con junio mientras que junio mostró un crecimiento del 8,7. Esto deja a la economía del país en línea con un crecimiento del producto interior bruto del 15% en el tercer trimestre comparado con una caída del PIB del 20,4% en el segundo trimestre. Sin embargo los niveles están un 11,5% por debajo de los que se registraron en febrero, antes del impacto de la pandemia.
El sector servicios en el que la relación entre las personas es más necesaria cayó un 12,6% respecto de febrero, mientras que la producción industrial lo hizo en un 7%. Esto es un espejo de lo que ocurre en general en Europa y es un indicador de que la recuperación, aunque sea espectacular respecto de los datos del mes previo en las series estadísticas, se está calculando sobre caídas superiores al 20% en muchos casos. La lentitud de la recuperación y la posibilidad de que esta se extienda en el tiempo mucho más de los que se da por supuesto, ha determinado que las reglas fiscales queden en el limbo de momento. Donohoe señaló que no habrá un final abrupto a la liberalidad fiscal y que “más adelante se reunirá con el comisario de Economía, Paolo Gentiloni”, para ajustar los cambios en las reglas fiscales europeas y su futura implementación.

Pero no hay fechas para ello. Gentiloni en los apartes de la reunión del Eurogrupo señaló que era más arriesgado poner fin a la suspensión de las reglas que su extensión excesiva. Esto que puede ser sujeto de discordia más adelante con el bloque de naciones denominadas frugales es de momento un hecho consumado. Hasta 2023 no se pondrá coto al gasto desde la Comisión Europea (CE). Otra cosa es lo que cada país decida hacer con sus presupuestos para que sean sostenibles, algo que veremos por aquí estos días. El ministro francés Bruno Le Maire por su parte señaló que una revisión de las reglas sería necesaria, pero que era prematuro iniciar su debate y más prematuro aún especular sobre cuándo se deberían poner en práctica. Está claro que el consejo ejecutivo del Banco Central Europeo va en ese sentido aunque haya discrepancias en su interior. La consejera Isabel Schnable advirtió en Berlín en un evento separado que una consolidación fiscal sólo se puede plantear después de una recuperación económica.

Por su parte el BCE está drenando deuda pública a un ritmo más intenso que el de su emisión por parte de los gobiernos de la región. Esto permite que el coste del endeudamiento soberano se mantenga muy bajo y los tipos de interés en la región sigan en mínimos. El apetito del banco central mantiene el rendimiento de los bonos muy bajo. El 11 de septiembre el rendimiento del Bund alemán a 10 años fue del -0.484% comparado con 0,427% un día antes. Los emisores más beneficiados en este sentido con naciones como España, Italia, Grecia o Irlanda. El bono italiano a 10 años que estuvo entorno al 1% desde julio el viernes pasado, tenía un rendimiento del 0,976%. Mientras el bono español a 10 años tenía ese mismo día un rendimiento del 0,303% después de haber tocado un máximo de 1,23% en marzo. Los analistas coinciden en que el BCE será capaz de mantener ese nivel de tipos de interés en el mercado. Anunció en marzo en programa de compra de deuda de 750.000 millones de euros para aumentarlo en junio hasta 1,35 billones de euros. 

En lo que va de año hasta el 4 de septiembre el banco emisor adquirió bonos por importe de 676.000 millones de euros. En el mismo periodo de tiempo los países emisores de Europa sacaron al mercado 367.000 millones en emisiones nuevas. Con los datos de vencimientos en la mano y las previsiones de emisión para todo el año el saldo es que el BCE tiene capacidad de compra muy por encima de los objetivos de los tesoros europeos. Este es el  factor clave en el mantenimiento de los tipos de interés en niveles extremadamente bajos y la garantía de que una crisis de deuda de momento no es una amenaza. Es esta situación la que determina el persistente interés de los inversores en economías cuya recuperación será lenta y compleja, con niveles de deuda acumulada superiores al 100% del producto interior bruto.

El BCE compra los bonos directamente en el mercado y no a los tesoros nacionales para evitar la controvertida perspectiva de financiación monetaria. Al mismo tiempo lo hace de forma selectiva, dirigiendo el mayor poder de fuego hacia los activos más necesitados de apoyo. Pero en la medida que no hay suficientes emisiones frescas ha ampliado el espectro de las compras a emisiones que ya estaban en el mercado antes de los efectos de la pandemia. Esta no es la primera vez que el BCE compra más bonos que los que se emiten. Lo hizo entre 2015 y 2017 para capear la crisis de deuda. Solo que esta vez  la operación se hace en términos preventivos. Lo que queda claro es que lo único que permite sobrevivir a Europa con la ilusión de una recuperación económica sin hacer frente a una crisis fiscal generalizada es, de momento, el BCE.

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