edición: 2943 , Miércoles, 8 abril 2020
27/03/2020
En la era postvirus, laboratorios y farmacéuticas pasan a ser estratégicos

Las operaciones empresariales se frenan por la actitud proteccionista de los Gobiernos

Francia, Italia, España, Reino Unido, también EE UU y China blindan sus joyas de la corona aprovechando la caída de valor pero sobre todo para proteger a las nuevas empresas estratégicas
Juan José González
Los primeros mensajes comienzan a calar en las grandes organizaciones empresariales. La crisis sanitaria mundial, pandemia declarada oficialmente por la Organización Mundial de la Salud, y que ya afecta a un tercio de la población mundial -un tercio- ya está siendo motivo de estudio y aprendizaje por parte de estudiosos profesores de escuelas de negocios y universidades. El golpe de la crisis ya se ha producido (para otros se está produciendo y a algunos más les llegará más cerca del verano) y ha comenzado a cambiar previsiones, ideas establecidas y obligará a modificar el pensamiento tradicional evolutivo sobre el sistema económico, social y político. Una primera enseñanza es la que se desprende de la actitud de algunos Gobiernos: Francia, Estados Unidos, China y también España se suman a una nueva ola de proteccionismo estatal empresarial, bloqueando operaciones empresariales en marcha, en el caso de las dos potencias, y blindando en el caso de Francia y España a empresas consideradas de bandera o de industrias estratégicas, ante la caída de sus valoraciones en Bolsa. Las pérdidas de valor superiores en muchos casos al 35% en bancos, energéticas o servicios de turismo y ocio, ha dejado demasiado expuestas a buena parte de las principales empresas españolas, también francesas y por supuesto norteamericanas a las tentaciones de compradores foráneos.
Y no precisamente especuladores, sino, sencillamente, inversores estables interesados en buenas compañías. Y en vista de las grandes oportunidades, gangas, que ofrecían los mercados en caída libre las autoridades decidieron que había que proteger la seguridad nacional empresarial. Lo cierto es que el golpe de la crisis sanitaria, medido más por las reacciones de los gobernantes que por el efecto de propia enfermedad, trastocó modales y formas de comportamiento de los Gobiernos que hasta ese momento, el estallido de los grandes números de afectados en China, había sido considerado como un modus operandi consentido, como reglas pactadas de juego.

Los comportamientos comenzaron a afectar de repente a las operaciones empresariales en marcha, bloqueadas súbitamente en Francia, Italia y España, siempre que el comprador fuera foráneo, es decir, las operaciones empresariales transfronterizas quedaban bloqueadas. Este bloqueo estatal equivale, sin embargo, a poco menos que a una sentencia de muerte para los planes de fusiones empresariales en diversos sectores, algunos en marcha, como es el caso de la industria auxiliar, de grandes componentes en Francia, así como alguna operación que habría podido ver la luz ya bien entrada la primavera en el sector bancario. 

De este punto de vista, la crisis sanitaria ha resultado tener consecuencias nefastas para las empresas y para los intermediarios de las operaciones. Aunque seguramente las plantillas no opinen lo mismo si se tienen cuenta la sangría laboral que suelen conllevar las grandes fusiones empresariales, las sinergias. Los Gobiernos han frenado operaciones también en Reino Unido, aquí una mezcla de proteccionismo coyuntural por la pandemia y una actitud de reafirmación soberana en el proceso de su salida de la Unión Europea. El tic proteccionista empresarial que ya había mostrado la Administración Trump respecto a sus empresas tecnológicas, manteniéndolas al margen de posibles adquisiciones extranjeras, como era China, se extendió como un virus, otro virus distinto pero capaz de extenderse con tanta eficacia como el actual pandémico.

Alemania se puso en guardia cuando EE UU trató de hacerse con una empresa de laboratorios que estaba en el buen camino para adelantar una vacuna contra el Covid-19. El Gobierno italiano, en una dramática situación de crisis sanitaria, decidía hace dos semanas bloquear las operaciones en marcha para dar entrada en energéticas y transportes a inversores foráneos. Queda claro que ningún Gobierno occidental va a permitir `goles´ al amparo o a la sombra de la crisis, y que posteriormente es previsible que los Gobiernos nacionales propongan, en el caso de Europa a la Unión Europea, algunos cambios al respecto, porque lo que sí ha quedado en evidencia es que los Ejecutivos de todos los países implicados en la pandemia no están dispuestos a que les `roben´ sus joyas de la corona por la puerta de atrás.

Ahora se está en la fase incipiente de un cambio de comportamiento de los Gobiernos a raíz de la crisis sanitaria, orientado a promover cambios que protejan la seguridad nacional de las empresas, o si se quiere, a proteger las empresas nacionales. Protección para mantener el control nacional de las compañías matrices en sectores estratégicos nuevos que, quién iba a decirlo, son ahora las farmacéuticas, los laboratorios y los fabricantes de consumibles quirúrgicos y sanitarios y demás material auxiliar como respiradores. Es el giro provocado por la crisis para la era postvirus que amenaza grandes operaciones empresariales que en los últimos meses del año pasado ya comenzaban a mostrar serias reticencias por parte de los Gobiernos.

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