edición: 2581 , Miércoles, 24 octubre 2018
24/09/2018
banca 
Ahora ya interesa a los Estados

Las penurias de las bancas italiana y alemana fuerzan a Bruselas a acelerar la Unión Bancaria

Hasta ahora las fusiones transnacionales tenían un obstáculo insalvable en los Estados: la creencia de que perdían ”sus” bancos y con ellos la autonomía financiera
Juan José González
Los obstáculos seculares que impedían al sector bancario europeo profundizar en la consolidación de sus entidades financieras parecen encontrarse más próximos a la desaparición si se mantiene el impulso que en el último año recibe el proceso de concentración bancaria iniciado desde los Estados que cuentan con bancos dañados por distintos motivos. Si en un principio el proceso iniciado por Bruselas para imponer un cierto orden, un calendario, en la consolidación bancaria en Europa, que culminaría en la Unión Bancaria, era criticado y obstaculizado por italianos y alemanes, ahora, sin embargo, se muestran como los Estados más activos, necesitados y proclives a que se acelere -o más bien, se ponga en marcha- los movimientos necesarios para alcanzar el objetivo de la Unión Bancaria en los próximos años, probablemente antes de finalizado 2020. Reacios unos y otros a ser testigos de fusiones transnacionales, las uniones de bancos de diferentes nacionalidades ha contado siempre con la reserva y el temor de los gobernantes nacionales de turno -y de muy diferente credo político- a ceder poder, autonomía financiera o capacidad también financiera para hacer frente a la financiación de objetivos nacionales prioritarios. Se puede afirmar, por tanto, que según su creencia, las autoridades estatales iban a perder el control sobre una de sus entidades financieras, se quedarían sin un banco -su banco- nacional. Resulta llamativo que los gobernantes no temiesen a las fusiones industriales, caso de la alemana Siemens con la francesa Alstom y que, en cambio se mostraran sus recelos en el caso de los bancos.
Una de las enseñanzas que dejó la crisis financiera de 2008, de la que estos días se hace balance, y que muestra que las lecciones han sido escasas y/o nulas, es la evidencia de que la Unión Europea necesitaba -y con urgencia- menos entidades bancarias pero de mayor volumen, aumentar su escala y tamaño, que trascendiera el limitado espacio europeo y alcanzase una dimensión global. En este sentido, las autoridades de Bruselas como también las nacionales de algunos países implicados, lo han visto claro en sectores como las infraestructuras o la citada producción de materiales industriales. Pero no terminan de verlo tan claro, y se resisten, a trasladar la misma fórmula de la consolidación al sector bancario.

Europa necesita fusiones en casi todos los sectores, siendo bancario uno de los más evidentes candidatos a ser el protagonista de un nuevo movimiento de concentración. En España, por ejemplo, ese trabajo de consolidación o corriente de fusiones, no se ha detenido y como se puede observar en el último año, Santander ha adquirido el Popular y el público Bankia ha seguido su plan estratégico con la compra de BMN. 

Algunos políticos han entendido que estos dos movimientos eran el final de la consolidación bancaria en España, pero nada más lejos de la realidad puesto que en ambos casos, Santander no parece rechazar una operación de mayor calado, europeo o transnacional, y Bankia tampoco parece que se mantendrá en el futuro en las mismas coordenadas en las que hoy está situado. 

Pero ahora las novedades parecen encontrar su origen en otros problemas, carencias y necesidades en la creencia, esta vez, al fin, de que por parte de las autoridades no se pone -o pondría- en riesgo la autonomía financiera del Estado. Es decir, parece haber desaparecido el temor oficial a perder el banco por el hecho de que éste se fusione, bien como comprador dominante, bien como adquirido y dominado, con otra entidad de otra nacionalidad.

La sensación secular por la que un Estado perdía el control, el poder o la capacidad de influencia en uno de "sus" bancos nacionales (no nacionalizados o públicos) por el hecho de ser objeto de una fusión, parece estar pasando a un segundo plano o, incluso, desaparecer, con el paso del tiempo pero, sobre todo, por la necesidad de dar salida o solución a situaciones particulares de crisis financieras o institucionales que se pueden prolongar en el tiempo si no se integran en estructuras mayores.

Los problemas por los que pasan varias entidades bancarias alemanas e italianas, sistémicas, aquejadas de falta de rentabilidad, reputación y confianza de la clientela parecen ser tan elocuentes como para que las respectivas autoridades estatales y las comunitarias entiendan que la única salida posible y alternativa a la quiebra es la concentración bancaria, la fusión de entidades de distintas nacionalidades. De ahí que alemanes e italianos parezcan ahora más sensibilizados, por necesidad, a facilitar al máximo, a acelerar los movimientos para la Unión Bancaria europea.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2018 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...