edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
25/06/2019

Las petroleras no convencionales estadounidenses dejan de recibir dinero fresco y reducen sus operaciones

Se desinfla la nueva industria del crudo que colocó a Estados Unidos como actor energético internacional
Carlos Schwartz
El desarrollo de una industria petrolera no convencional en cuencas como la Pérmica, donde se extrae crudo y gas de los huecos entre esquistos rocosos, transformó a Estados Unidos -cuya producción petrolera se destinaba al consumo interno- en un exportador que alcanzó dimensión de actor energético internacional. El gas natural licuado que se produce en esas cuencas se exporta, y numerosas empresas europeas cerraron contratos de largo plazo para la recepción de GNL estadounidense, entre ellas la española Gas Natural. El precio de este gas es bajo y compensa su adquisición porque resulta competitivo aun con el coste del flete. El presidente estadounidense Donald Trump se ha enfrascado en una batalla contra el gasoducto Nord Stream II que llevará combustible desde Rusia hasta Alemania, en un trazado paralelo al Nord Stream I, tratando de forzar a Berlín a un abandono del proyecto. Los analistas han interpretado esta política como un intento de sustituir con gas estadounidense el suministro ruso. Pero mientras tanto los milagrosos petroleros del 'shale oil' ven como se seca el flujo de dólares, de dinero fresco destinado a financiar sus operaciones corrientes y los gastos de inversión. 
En 2017, un cónclave de financieros de Wall Street, una docena según la información publicada entonces, advirtió al sector que llevaban una década de inversión creciente con un significativo incremento de la producción, pero sin dar beneficio.

Conclusión: era hora de generar beneficios. El Tesoro, alarmado por el nivel de endeudamiento del sector del 'fracking' con la banca y ante la ola de quiebras de empresas petroleras tras la caída de los precios del crudo en el verano del 2014, resolvió en 2016 que los créditos bancarios a empresas cuya deuda excediera en 3,5 veces los beneficios debían ser calificados como de dudoso cobro. 

La realidad es que desde 2010 la inversión en la explotación y en el gasto corriente excede a los ingresos de las petroleras provocando una acumulación de deuda con las entidades financieras. Es difícil de entender de qué forma una industria que es la base de una operación de comercio exterior como la entablada por Trump para frenar la dependencia energética de Europa respecto de Rusia se puede sostener en pie en este escenario. Es cierto que la incertidumbre bélica que rodea a la política de Trump respecto del régimen de Irán ha dado alas al precio del barril de crudo, a pesar de las expectativas de una mayor debilidad en la demanda internacional del combustible. Pero este factor, a menos que haya una guerra en el Oriente Próximo, tiene una proyección de muy corto plazo.

Las reticencias a proseguir con el apoyo material por parte de los grupos financieros han obligado a una veintena de petroleras dedicadas al 'fracking' a reducir la producción y bajar los costes de forma drástica. Esta situación se reflejó en una caída del precio de las acciones de las petroleras del sector. El año pasado la financiación al sector cayó a su punto más bajo desde 2007 con un total de créditos y bonos por importe de 20.000 millones de dólares, menos de la mitad de lo que obtuvieron en 2016 y un tercio de lo obtenido en 2012 de acuerdo con los datos reunidos por Dealogic. 

Esta sequía de nuevas inversiones, y la presión del sector financiero para que las petroleras del 'fracking' generen beneficios, está además directamente relacionada con la caída del precio de las acciones. En un índice de los productores estadounidenses de crudo y gas mediante 'fracking' las acciones cayeron desde el 2007 un 31%, mientras que en el mismo lapso el índice S&P500 aumentó un 80%.  Esto quiere decir que los inversores en el capital de las petroleras no convencionales no se han visto recompensados por el lado del mercado tampoco. 

Pese a que el precio del barril de crudo en el mejor momento desde diciembre pasado llevaba una revalorización del 22% las cuentas siguen sin cerrar para estas empresas. Unas 30 compañías independientes producen en torno al 70% del crudo no convencional en el país, y si la presión de los accionistas lograra que las petroleras se concentraran en obtener beneficios de sus operaciones, en lugar de correr alocadamente detrás del objetivo del millón de barriles diarios en cada una de ellas, es posible que el precio de las acciones mejorara. Esta política además añadiría fuerza a la política de precios de la OPEP, de la cual las petroleras independientes estadounidenses también saldrían beneficiadas.

En meses recientes una de las principales empresas del “milagro” del 'fracking' gastó el año pasado 549 millones de dólares por encima de sus ingresos por operaciones, a pesar de la fuerte subida en el precio del barril de crudo. El consejo de la empresa, Pioneer Natural Resources, decidió que era necesario reducir los costes por barril de crudo de 3,26 dólares por barril a 2,25. Esta operación requiere deshacerse de un cuarto de la plantilla, incluyendo altos ejecutivos. Pioneer es un ejemplo de una empresa que puso por delante de sus necesidades de beneficio la meta de producir un millón de barriles diarios de crudo. 

El problema es que los gestores de la petrolera no están dispuestos a lanzar por la borda su ambición de tener tanta producción como tiene Libia en estos momentos. La pregunta de fondo es cuánto tiempo se puede sostener una producción basada en el endeudamiento crónico sin visos de generar beneficios a menos que la producción cuadre con el punto de equilibrio. Claro que quedar en el punto de equilibrio puede derribar el mito del 'fracking' y el papel del sector petrolero no convencional en la transformación de Estados Unidos en un actor decisivo en el escenario energético internacional. De eso parece que nada…

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