edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
20/04/2018
Nada nuevo justifica las cuatro décimas

Las previsiones del FMI pueden crear falsas expectativas empresariales

El Ejecutivo advierte en privado a varios grandes empresarios de los daños de las ”sobreestimaciones de los economistas” del Fondo
Juan José González
Cuando no se confunden, afirman lo que es obvio. Viven o meditan las predicciones económicas de los economistas del Fondo Monetario Internacional como en el país de Alicia, en el mundo Disney de California, muy lejos de Washington, sede del organismo donde deberían estar más centrados sus juicios y previsiones que, con el auxilio de sus ordenadores, cocinan los informes que acaban lanzando al mundo en forma de pronósticos. A ellos, a los ordenadores, se les echa la culpa de los erráticos cálculos econométricos y no a la labor que desarrollan los analistas del organismo. En descargo de estos, en medios del ministerio de Economía español, atribuyen los aciertos y los errores de las previsiones del Fondo a criterios técnicos, pues las principales labores de los economistas en el FMI se centran más en la corrección -o las desviaciones que se producen en el tiempo- de las previsiones que en las dimensiones de los pronósticos. Sea como fuera, en Economía quitan hierro a las "espléndidas cuatro décimas" de `regalo´ en el crecimiento de la economía española para el presente ejercicio y se muestran más partidarios de que el "generoso avance" responda a una corrección de la estimación anterior, que al parecer "valoraba en exceso los posibles efectos por la situación catalana". Para el Gobierno, que no sale de su asombro, las mejores expectativas que representan las cuatro décimas más de PIB son miel sobre hojuelas. En principio, porque ese avance no se corresponde con ningún cambio cualitativo de la situación actual -ni futura a medio plazo- en tanto que la economía mantiene su ritmo y dinámica de los últimos meses, soportada en la base por el mantenimiento del consumo privado y el empleo creciente
De cualquier forma, bravo por los analistas del Fondo y por las generosas cuatro décimas en un mundo donde nadie regala algo a cambio de nada, como es el caso. En el aspecto político, nada podría haber ayudado a mantener la calma en un momento de tensión -controlada- como corresponde a un país sin Presupuestos Generales aprobados a la altura del mes de abril. Por tanto, las previsiones del FMI, le vienen al Ejecutivo como anillo al dedo, para facilitar la venta de éxitos presentes y de toda clase de expectativas futuras.

Cabe la posibilidad de que el Fondo siga pendiente de una reforma de los criterios de valoración de sus informes que, como se sabe, siempre han flaqueado a la hora de medir las variables políticas e institucionales y que, como en algunos casos recientes en las crisis europeas (recuérdese su análisis sobre Grecia) se han demostrado errados de consideración. Y es ese punto débil de los informes en economía política lo que parece estar desvirtuando buena parte de sus pronósticos al tiempo que justificando su mala fama. Otro asunto, diferente a los pronósticos, sería el relativo a las recomendaciones, donde los críticos con los primeros se muestran más conciliadores.

Según estos, las previsiones económicas del FMI se convierten en música y desaparecen con el tiempo, cuando las cifras reales desmienten la letra de los informes. Pero las recomendaciones son diferentes, son las preocupaciones constantes de los economistas jefes del Fondo. No son tan concretos como las previsiones, que suelen estar expresadas en cifras y objetivos. Las recomendaciones apuntan más a las políticas y condiciones de la economía y a sus efectos sobre sectores concretos. Advierten sobre riesgos posibles y recomiendan soluciones, es decir, son más prácticas y eficaces que las previsiones y además son más discretas al no ofrecer cifras. 

También es cierto que tanto los pronósticos como las recomendaciones suelen ser recibidos por los destinatarios con ligereza y alegría si la economía vive un período de bonanza y, al contrario, se convierte en una cuestión capital si el escenario de crisis o recesión. En este último caso, ningún país se cuestionaría las previsiones ni recomendaciones del FMI dado su papel de "prestamista de última instancia" y las obligaciones de los socios para seguir recibiendo el auxilio financiero.

En esa faceta de asesor, más que en la de visionario de pronósticos, es donde se debería tener en cuenta que el Fondo sigue advirtiendo a España del fuerte endeudamiento, un peligro que amenaza el crecimiento, y con éste, algo más de esas cuatro décimas de regalo, y que pone en riesgo máximo a nada que los tipos de interés vuelvan por sus fueros y los costes financieros se lleven por delante otros ingresos. Por tanto, a pesar de que nada ha cambiado en estos cuatro meses del año, y que el ritmo de actividad económica se mantiene mejor de lo previsto, habrá que situar las previsiones del Fondo para España más cerca de Disney que de la realidad. Como recuerda un alto cargo de Economía; "lo peor de todo no es que se confundan o desvíen varios pueblos; ni siquiera que con sus previsiones, que en este caso son positivas, se creen expectativas que posiblemente no se cumplirán...". "Lo peor es que algunos empresarios se las crean..." aunque, añade, "Confío en que muy pocos se las tomen en serio", remata el funcionario. Más les vale.

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