edición: 3076 , Miércoles, 28 octubre 2020
29/07/2020
Los inversores `cuelgan´ la Bolsa hasta septiembre a la espera de novedades

Las reformas económicas fijarán a España el precio de las ayudas europeas

Descontados en su totalidad los resultados empresariales y en parte los de la guerra arancelaria entre las potencias americana y china, el mercado bursátil se apunta al escepticismo y a la espera de las decisiones del Gobierno sobre las reformas comprometidas con Europa
Juan José González
Los inversores inician sus vacaciones y con ellos la Bolsa se va de veraneo. Mientras tanto, los mercados miden la capacidad de proyección a medio y largo plazo de las variables más influyentes. Por influyentes se tienen la vacuna y las decisiones que vaya adoptando el Gobierno en materia de reformas y que se empezarán a conocer nada más arranque la elaboración presupuestaria. La actualidad viene descontando resultados empresariales negativos, nefastos para las cuentas y tremendos para el empleo. El mercado bursátil, habitual termómetro y medidor del pulso de la vida económica, se mantiene instalado en el escepticismo. Es probable que los inversores hayan leído la letra pequeña del acuerdo europeo y se hayan dado cuenta del carácter de auxilio retardado de las ayudas europeas. Es la diferencia entre el corto y el medio y largo plazo la que está provocando la reacción de los inversores en esta fase de la pandemia. El dinero parece ser consciente de la profundidad que registrarán algunas reformas, como las estructurales relativas al mercado laboral, las pensiones y la sanidad. Son variables de medio y largo plazo que no parecen estar incomodando las decisiones de compra y venta, o de entrada y salida del mercado bursátil. Están descontados los resultados empresariales, esta semana con el protagonismo de los correspondientes al sector bancario. Los datos del desempleo, sin embargo, a pesar de que ya contaban con el mal presagio de mayo y junio, se mantienen como la peor variable confirmada por la realidad.
Esta viene también a corroborar que las decisiones empresariales para los próximos meses irán por la vía de los ajustes, quizá suavizados por un alargamiento en el tiempo de los ERTE. A medio plazo, los inversores no pierden de vista algunos inconvenientes que pueden surgir en los próximos meses, y en especial, tras el verano, en el plano político. En concreto, los que pueden afectar al equilibrio del Gobierno, con una alta probabilidad de que los socios de Gobierno y los apoyos de legislatura pongan en aprietos al Ejecutivo en el tramo de elaboración presupuestaria que ya parece haber comenzado. 

El equilibrio político en el Gobierno puede ser crucial para el cumplimiento de los acuerdos europeos si una de las partes se rebela contra el deseo de estos de derogar la reforma laboral, al parecer, una de las exigencias -la no derogación- que se impone desde Europa, un compromiso que el Gobierno parece haber firmado en Bruselas puesto que de él dependerá en buena medida que el dinero prometido llegue a buen puerto. En la valoración de los inversores continúa pesando la tensión comercial mundial provocada por la guerra de aranceles entre Estados Unidos y China. 

La influencia de este episodio sobre la marcha de los mercados bursátiles mundiales, en concreto, sobre el mercado norteamericano, puede ser la variable que en un momento determinado incline el fiel de la balanza hacia el lado de las pérdidas con una nueva corrección en sus indicadores básicos. Y la vida de estos tiene a menudo una repercusión inmediata en los mercados europeos. Por el momento, Europa cotiza la incertidumbre que deja el acuerdo del Fondo de Reconstrucción, el escepticismo sobre las reformas que vayan a realizar los Gobiernos receptores de las ayudas y la actualidad en forma de novedades, estas en modo resultados empresariales y cifras de desempleo. En todo caso, los inversores `cuelgan´ la Bolsa para recuperar fuerzas y sobre todo, para realizar un análisis más sosegado de la coyuntura.

Por su parte, ni en el Banco de España ni en Moncloa o el ministerio de Economía esperan para agosto la llegada de una caravana de camiones cargadas con las ayudas dinerarias del Plan de Reconstrucción Europeo. Los 140.000 millones de euros que suman las ayudas directas y los préstamos a largo plazo, se tomarán un tiempo. Es posible que aún no hayan comenzado a imprimirse en Bruselas o Frankfurt. Pero el dinero llegará, tanto el que se apellida "gratis" como el que habrá que devolver con algunos intereses. Un tiempo que se tomarán las autoridades europeas para comprobar el nivel de actividad y la aplicación de los beneficiarios de las ayudas en la realización de sus promesas y compromisos, esto es, del ritmo de las reformas prometidas.

El dinero europeo llegará a una velocidad quizá no deseada por las autoridades españolas, tampoco de las italianas, portuguesas, etc. Lo hará a lo largo de 2021, 2022 y 2023. Tiempo necesario para ir pensando bien, con cabeza, las reformas que pueden hacer de la crisis un cambio positivo para algunos de los viejos sistemas sociales que regulan el Estado del Bienestar y que con el tiempo se han quedado obsoletos, insuficientes o ineficaces. Y serán esas reformas las que fijarán el precio, en dinero y en especie, de las ayudas europeas a las que hoy las autoridades califican de "a fondo perdido", "gratuitas".

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