edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
28/02/2019
El presidente de Liberbank fulminó la oferta para protegerse

La tentativa de Escotet debilita el futuro de Menéndez en la fusión con Unicaja

La teoría del farol, divulgada por la asturiana, oculta la división entre los accionistas relevantes de Liberbank, más proclives a la oferta de Abanca
Juan José González
La tentativa de Abanca para hacerse con el control de Liberbank, deja más sombras que luces y se sustancia, finalmente, con un cruce de reproches y excusas entre los `contendientes´. Si los primeros decidieron no seguir el camino adecuado, el correcto según la legislación, los segundos optaron por no darse por aludidos. Si las pretensiones del discreto ofertante le obligaban a formalizar una oferta al consejo de administración de Liberbank, Abanca pudo optar por la vía externa de acudir a los accionistas relevantes del banco (el fondo de capital riesgo Oceanwood; el mexicano Ernesto Tinajero; el Norges Bank y, posiblemente se haya acercado por intermediarios a la familia Masaveu). En otras palabras, en medios del sector se da por hecho que el 27,5% del capital de la entidad (o el 33% si se incluye a la familia Masaveu) pudo conocer las intenciones (la oferta) del banco que se publicaron la pasada semana. La vía elegida por tanto no habría sido la más adecuada, y que habría servido al presidente de Liberbank para rechazar la oferta pública.
No parece razonable trabajar en un acuerdo con una parte del consejo sin que la otra se entere y que ni el propio primer ejecutivo se mantenga al margen de la operación. La estrategia de Abanca, aunque planificada para atraer a los accionistas, tenía en cuenta los deseos vendedores de algunos de ellos considerados como relevantes. La naturaleza agresiva de algunos de los fondos presentes en el capital del banco era un factor que hacía propicio cualquier acercamiento de un comprador interesado a uno de estos hedge fund, habitualmente inversores de corto plazo que priorizan la rentabilidad en el menor tiempo posible. 

Se tienen noticias del descontento de algunos de los grandes inversores del banco, que en los últimos tiempos ha visto cómo sus planes de ganancias en el valor se alejaban de los objetivos. Así que resulta razonable pensar que cuando aparece un inversor que ofrece 0,56 euros por algo que vale 0,17%, se le haga bastante caso. Capítulo aparte es el relativo a la información de los balances confidenciales, un punto obligado para quien compra, al menos, como base para formar un criterio que sirva para fijar el precio de oferta. Sobre este asunto, la posible negativa del banco asturiano (pues no se llegó a solicitar oficialmente el balance confidencial) crea una zona oscura y dudosa sobre estado real de la salud del banco, inmerso en el proceso de fusión con Unicaja.

En la operación fallida, unos y otros salen con heridas de la lucha. El venezolano Escotet señalado como un mal estratega, impulsivo y quizá confundido por la desinformación de sus asesores, ya que no es posible el desconocimiento de la ley de opas cuando lo que se va a hacer es, ni más ni menos, que una opa. En este punto, la CNMV parece haberse mostrado cristalina: para hacer una opa sólo hay que seguir los pasos que fija la ley de opas. Y si quien lanza la opa (que no es el caso) desconoce los balances confidenciales de quien va a ser opado, está claro que no cumple la ley. 

Pero la resistencia de Liberbank a enseñar sus balances deja una nube de desconfianza sobre el estado del banco asturiano que, a juicio de los analistas, puede explicar las dificultades y recelos de Unicaja en las negociaciones que actualmente mantiene con Liberbank. Con buen criterio, la CNMV subraya que siempre está a favor de que se facilite el acceso a la documentación en las operaciones corporativas. Otro asunto es que Liberbank no accediera a la pretensión de Abanca en tanto en cuanto este no observó al procedimiento fijado por la ley de opas.

La batalla, sin embargo, deja una lectura diferente al aparente resultado. En principio, se presenta a Escotet como el `perdedor´ al no conseguir su propósito de cobrar la pieza. Víctima de sus propios errores, principalmente de táctica y estrategia (también de percepción) Escotet y su equipo no van a dejar pasar las oportunidades que ofrece el sector financiero español: con su liquidez actual, en torno a los 10.600 millones de euros, tiene varias piezas para elegir. Aunque tampoco está muy claro que la de Liberbank se le haya escapado del todo.

De la misma batalla, e igual lectura, queda tocado y perjudicado a medio y largo plazo, Manuel Menéndez. El primer ejecutivo de Liberbank no parece haber brillado en los últimos tiempos, en una operación que Abanca llevaba planeando varios meses, que Menéndez tuvo que conocer y en algún momento elegir: si la fusión con Unicaja o la fusión con Abanca. Porque los primeros le garantizaban el puesto mientras con los segundos tendría los días contados. Quizá el interés de Menéndez por acabar con la oferta de Escotet estuviera ligado a su futuro que al de los accionistas relevantes.

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