edición: 2862 , Martes, 10 diciembre 2019
18/11/2019
banca 
El Gobierno no se olvida de los rescates

La tormenta perfecta amenaza a la banca, a la espera de las decisiones del Gobierno

La última idea del Gobierno es que el sector se haga cargo de las ayudas que el Estado ha proporcionada a las entidades rescatadas
Juan José González
Todos los males posibles parecen concitarse como suma de adversidades en torno al sector bancario. Al hostigamiento de los tipos de interés provocados por la política monetaria beligerante y convertidos ya en un mal crónico, se ha sumado en las últimas fechas la desaceleración económica que amenaza claramente la actividad del negocio bancario. Se diría que si hay algo susceptible de empeorar, seguramente le tocará a la banca. La crónica de todos los males que acechan al sector se reflejan en la marcha de sus cotizaciones en el mercado bursátil, con fuertes caídas en las últimas semanas, una situación compleja que amenaza a los inversores un buen cierre de sus carteras para dentro de un mes y medio. No faltan los motivos de preocupación en el sector: cuando no son las noticias económicas es el regulador el que trama algún nuevo movimiento o exigencia a demandar a las entidades. Suma también el ruido constante de fondo que hacen sonar los clientes indignados por numerosos contenciosos o ahora, reciente y en ebullición la difícil y compleja asignatura de comunicarles que en breve, muy breve, pasarán a ser clientes `solidarios´ con los tipos negativos en sus depósitos. Un paso que se antoja arriesgado para las entidades que todavía no se hacen una idea cierta de la reacción de la clientela. Por si no fuera suficiente, el nuevo Gobierno le tiene preparado un nuevo impuesto.
Todas las amenazas posibles se ciernen sobre la actividad bancaria. El negocio no pasa por los mejores momentos dado el elevado nivel de incertidumbre que se vive en el e escenario económico, financiero y ahora político. Se diría que es una actividad en peligro, un sinvivir constante, sembrado de amenazas y obligado a asumir permanentemente costes propios y ajenos. El sector ha llevado a cabo en estos últimos tres años un ajuste progresivo de capacidad que, en teoría, debería haberle situado en una posición más competitiva, con mayor rentabilidad y mejores márgenes. Y sin embargo no ha sido así. El ajuste sólo ha servido para adaptarse en cierta medida a la realidad.

Pero la realidad cambia todos los días y cuando no es la reestructuración del sector, léase rescates de cajas o de algún banco, es la política monetaria la que obliga a profundizar y a alargar los ajustes, o ahora, la desaceleración de la economía, el golpe del Brexit, la guerra comercial internacional. Cuando no es uno es otro y es posible que hasta otro más. Los inversores mantienen la mirada fija sobre las cotizaciones bursátiles: semanas de caídas que en esta parte final del año suscitan el pesimismo para cerrar un ejercicio que, en teoría transcurría por la senda de las ganancias pero que al final, y a falta de un mes y medio, amenaza con un cierre en pérdidas.

Es el sector que ahora está más amenazado por la coyuntura y se siente hostigado por nuevos elementos. Si a la desaceleración económica se suma que está en marcha una `campaña´ para comunicar a la masa de depositantes que la política de los tipos negativos no le deja otra salida más que el cobro por los depósitos, el trance que vive y vivirá el sector en los próximos meses puede ser una difícil reválida de resultados insospechados, habida cuenta que una buena parte de la clientela puede optar por el cambio de entidad.

Pero por si no fuera suficiente, la incertidumbre puede ser aún mayor en la medida en la que el sector desconoce los planes del futuro Gobierno respecto a sus intenciones declaradas hace un tiempo de aplicar un impuesto a la actividad financiera así como una exigencia más o menos obligada para que las entidades bancarias con beneficios se hicieran (se hagan) cargo `solidariamente´ de las ayudas proporcionadas por el Estado a las entidades rescatadas. En este sentido, la cantidad pendiente de recuperar por el Estado en el rescate de Bankia, estaría en un primer nivel de las exigencias del nuevo Ejecutivo, y las cantidades aportadas para el rescate de las cajas en un segundo nivel.

En cualquier caso, los próximos meses pueden ser de alta tensión y máxima incertidumbre para el sector bancario español. Estará amenazado por varios frentes, pero sobre todo, atacado por la caída de la actividad económica, por la reacción de los mercados en la guerra comercial y en especial por la actividad legislativa del nuevo Ejecutivo. El nuevo Gobierno parece llegar con un catálogo de nuevas exigencias para el sector y para el que tiene ideas propias. Una de ellas es precisamente la que apunta a una pretendida solidaridad del sector con el Estado, quien asumió los costes de los rescates en solitario.

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