La tormenta perfecta, política y económica, sólo se cobrará
edición: 2537 , Miércoles, 22 agosto 2018
30/05/2018
Traspié en la recuperación

La tormenta perfecta, política y económica, sólo se cobrará unas décimas de PIB

Se juntan al mismo tiempo, como motivo o como consecuencia, los males territoriales y la incertidumbre inversora
Juan José González
Todo parecía estar despejado tras la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado cuando, de repente, coincidencia o no, se pronuncian los tribunales sobre un asunto delictivo y muy incómodo para el Gobierno al afectar al Partido Popular que sustenta al propio Ejecutivo. En principio, todo discurría por los senderos propios que marcan la actividad política, dominada por la escasa producción legislativa y el enfrentamiento habitual de una mayor fragmentación partidista, sobrellevando a duras penas la incomodidad de los problemas territoriales y sin perder de vista la tensión de fondo, principalmente focalizada en la actividad económica, en su futuro a medio y largo plazo. Pero de repente, la inestabilidad política se enciende con la chispa de una sentencia -caso Gürtel- que termina por una expansión general del contagio. Más atentos a las dos variables que pueden influir en las grandes cifras del cuadro macroeconómico -precio del petróleo y tipos de interés- español, pendiente de los mercados internacionales donde se forman los precios de las materias primas, y también pendientes de la estrategia monetaria del BCE, cuando, además de los avatares de los tribunales se suman al cambalache de la actualidad la crisis de Gobierno en Italia. De esta forma, la crisis puntual en el escenario español adquiere mayor relevancia europea al ser consideradas ambas, la italiana y la española, como la expresión de una amenaza al proyecto europeo, es decir, como un nuevo peligro para la moneda única.
Surgen ahora las dudas sobre si el nuevo escenario (convulso, inestable, complejo, etc) afectará y cómo al ritmo de crecimiento económico que lucía el cuadro macroeconómico, una guía o cuadro de mando confirmado con la aceptación mayoritaria del Presupuesto del Estado y con el que el partido en el poder se disponía a rematar los siete meses restantes para finalizar el ejercicio. El ritmo de la economía estaba incluso entrando en una especie de fase dulce en base a que el cambio de directrices en el BCE en materia de política monetaria no se espera (o esperaba) hasta bien entrado o finales de 2019.

Pero si la sentencia del caso Gürtel y la reacción de los partidos de la oposición en busca de una moción de censura que se sustanciará a finales de esta semana, los vientos procedentes de Italia han colaborado en teñir el escenario de negro con la amenaza de una sonora tormenta. Una y otra, la moción y el crisis italiana, irrumpen y sorprenden la vida del país que ya estaba cotizando un horizonte medianamente despejado para la economía al menos hasta el cierre del ejercicio. 

Las finanzas públicas navegando sobre un abaratamiento de los costes de la deuda, aprovechando la coyuntura de tipos y la bonanza de una calificación del riesgo soberano que caminaba en la mejor dirección posible. Las autoridades confirmaban que la próxima campaña de turismo, aunque posiblemente inferior en cifras a la de 2017, será igualmente muy positiva. El ritmo de empleo, dentro de las estimaciones y previsiones oficiales, se mantiene a buen ritmo camino de cumplir los objetivos fijados por el Gobierno para el ejercicio actual.

Se podría asegurar que los vaivenes políticos registrados en los últimos meses no fueron percibidos por los inversores como una amenaza para el futuro como tampoco para que los fundamentales de la economía se mantuvieran al alza. Sin embargo, los cambios en el escenario político, con una moción de censura a la vuelta de la esquina, y la imprevisible evolución de la crisis italiana, aunque no alcancen a categoría de movimiento sísmico que quiebre el cuadro macro para el resto del año, sí va a afectar al ritmo de crecimiento en este trimestre y en el siguiente. Las tensiones de los mercados ya están avanzando estas últimas jornadas que las inversiones en marcha se pueden frenar y cuestionar las previstas para el resto ejercicio.

La traducción de estos frenos y dudas de los inversores se pagarán por la economía española en términos de PIB, seguramente unas dos o tres décimas que se quedarán por el camino de la incertidumbre económica y de la batalla política. Posiblemente no supondrá el final del crecimiento, de la expansión de la economía y la recuperación del empleo, pero sí de un alto en el camino que pasará factura a empresas y hogares. 

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