edición: 3051 , Martes, 22 septiembre 2020
20/02/2020

La UE inicia su maratón presupuestaria con la ausencia de Reino Unido y la disputa de los contribuyentes

La negociación tiene que suplir la caída anual de contribuciones y redefinir objetivos bajo presión
Carlos Schwartz
Los 27 miembros de la Unión Europea inician hoy las negociaciones con el objetivo de alcanzar un acuerdo sobre el presupuesto del bloque hasta 2027. El gran ausente de este debate es el Reino Unido, un contribuyente neto cuya salida ha ocasionado una merma anual de 10.000 millones de euros que en la proyección del periodo plurianual equivale a no menos de 60.000 millones de euros. La ausencia de Londres es una verdadera derrota para la Comisión Europea (CE) que con una suficiencia poco creíble auguró para los rupturistas la hecatombe. Pero esta ausencia también es expresión de las tendencias centrífugas que hacen presa del bloque económico que se encuentra sujeto a presión por Estados Unidos en su guerra comercial con el resto del mundo, en especial con China, y en el otro extremo por el gigante asiático que espera de esta reyerta callejera una mejora de sus relaciones comerciales con el viejo continente. Como acaba de demostrar el Gobierno de España, que ha hecho el paripé de aprobar una “tasa Google” que no va a poner en práctica para no irritar a Washington y evitar sanciones contra los productos españoles, la disputa sobre la tributación de las grandes plataformas tecnológicas es una cuestión internacional y multilateral que tiene difícil resolución local.
Esa parece la única vía de resolución de las disputas si no se quiere incurrir en riesgos, como también lo ha puesto de relieve la decisión de Emmanuel Macron de posponer su aplicación tras las amenazas de Washington. A la reunión de Bruselas concurren los contribuyentes netos como Austria, Alemania, Dinamarca, Holanda, o Suecia quienes consideran que el 1% del ingreso bruto nacional del bloque es el límite de contribución al que están dispuestos. A ciencia cierta se trata de una contribución que no puede calificarse como generosa, ni de cuantiosa. Es un presupuesto de mínimos. Para intentar dar alguna satisfacción a los receptores netos como los países de la cuenca del Mediterráneo y del Este de Europa, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha propuesto como cifra de compromiso otra nimiedad: el 1,07%.

El Parlamento Europeo ha establecido su parecer sobre este asunto en el 1,32%, un objetivo fuera del alcance de un acuerdo. Alemania se ha ocupado de anunciar que estaría dispuesta a cierta flexibilidad si se le concede un “cheque descuento”, la rebaja que negocian los contribuyentes netos tradicionalmente. Tanto los países del Este como del Mediterráneo van a acusar los objetivos de reforma del presupuesto severamente. Los planes barajados por el presidente del Consejo, el ex primer ministro belga Michel, se basan en los ahorros que se harían a costa de los subsidios agrarios y estructurales del 14% y del 12% respectivamente.

Ambos están incorporados a la mejora de las infraestructuras en los países más atrasados y a la compensación por costes extraordinarios en la producción agraria. La reducción de estas ayudas va acelerar las tendencias centrífugas en la UE de forma inevitable en esos países. Está claro que la política agraria común (PAC) pasa por un momento de declive. Programada en los albores de la otrora Comisión Económica Europea (CEE) su objetivo era impedir la disgregación de un sector político relevante en Europa, los pequeños productores y propietarios agrarios. Se perseguía el objetivo de compensar la baja competitividad de la agricultura profesional europea. De entonces ahora Europa sigue encarando el mismo problema de su sector agrario, su baja competitividad. Por añadidura la depresión del mercado interior en países como España, pauperizados por la crisis internacional, han conducido a unos precios en origen extraordinariamente bajos. 

La concentración de grandes capitales en el sector, entre ellos fondos de inversión, ha agravado las cosas para los pequeños productores. Las cadenas de producción integradas son capaces de resistir mejor esos precios que al mismo tiempo hunden a sus pequeños competidores. La alta concentración de capitales en la producción, la distribución y las grandes superficies amenaza con la extinción al sector de la pequeña y mediana producción profesional. Pero los bajos precios en origen son también expresión de otra plaga, la secuela de la crisis financiera internacional que ha atenazado también al sector. Para que los grandes capitales consigan la retribución que persiguen deben aplastar los márgenes de los pequeños en toda la cadena y lograr precios finales que los consumidores empobrecidos igual puedan pagar.

Este modelo no hay PAC que lo salve. Mientras, los contribuyentes netos proponen una revisión de los objetivos del presupuesto europeo. Piden la inclusión de 'targets' como el desarrollo de las nuevas tecnologías, las plataformas digitales, la investigación y el desarrollo y la lucha contra el cambio climático y el desarrollo de energías limpias. En la medida que estas dianas se deberían abordar con los recursos reducidos, las posibilidades de que los fondos estructurales y los subsidios agrarios se vean aún más afectados no es un mal sueño. El vicepresidente Pablo Iglesias, según el presidente de ASAJA Pedro Barato, les habría dicho a las organizaciones agrarias que “sigan apretando”, es decir, que mantengan la movilización del sector. Es una buena forma de trasladar la responsabilidad a los de abajo. Es que el vicepresidente Iglesias no está en condiciones de apretar a nadie, tiene un pacto que le ata las manos. Sería interesante saber con qué piensa apretar a Charles Michel, o al Pacto de Toledo cuando reanude las negociaciones en contra de las aspiraciones de los pensionistas.

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