edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
26/02/2020
Reformas económicas que quedaron pendientes  

La Unión Europea no está preparada para afrontar la nueva recesión económica

En la próxima recesión no habrá margen para bajar tipos ni será fácil reducir los déficit públicos, aún en niveles de alto riesgo. La herencia de la gran recesión, reformas que no se hicieron, pasará factura
Juan José González
Un reputado autor de best sellers, premio Nobel de Economía el mismo año que conocimos la gran crisis, sale ahora de nuevo a escena para señalar lo que los gobiernos civilizados del mundo entero están haciendo bien, haciendo mal y no haciendo. Las ideas que mueven en la actualidad los hilos de la economía y, en general, de las relaciones comerciales internacionales, muestran una falta de rigor que conduce a la incredulidad y a la desconfianza, lo cual es, en sí mismo, un mal comienzo. Lo que no resta, sin embargo, para que de sus opiniones se desprendan las claves que pueden estar a punto de llegar, si es que el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, repite mandato. Las ideas que rigen las relaciones económicas en la actualidad se basan, principalmente en la falsedad. Dice el reputado autor y Nobel, Paul Krugman, que para que se genere riqueza y esta se extienda a la ciudadanía, es necesario que los ricos tengan más dinero, y para que esto suceda es obligado no cargar las tintas sobre los impuestos. Sería el equivalente, salvando las distancias, a la mentira que viene poniéndose en práctica, y que se ha convertido en doctrina y norma de obligado cumplimiento, en Europa, y que tiene a la austeridad como enseña continental de que se trata de la única vía para salvar el sistema, las economías endeudadas y despilfarradoras del sur de Europa.
La apuesta por la práctica de la austeridad, como la de bajar los impuestos a los ricos en EE UU, son medidas fallidas, políticas de largo plazo que acaban cebándose con la población, con el empleo y con la generación de bienestar social. La austeridad parece haberse demostrado que no era la receta para salir de la crisis, al menos en Europa, en el medio plazo. Quizá en el largo plazo se hayan conseguido algunos avances, cambios o actualizaciones en algunos aspectos de la economía. Pero Europa no ha logrado regresar en la mayoría de los capítulos a la situación anterior a 2008. Al contrario, pues es probable que algunas referencias económicas se hayan perdido para siempre.

Y no para bien precisamente, dado que afectan al Estado del Bienestar social. La referencia es directa a los derechos de los trabajadores y a los salarios. Europa, al menos no se ha creído, no ha caído en la trampa de Trump: bajar impuestos a los ricos para que estos gasten más y se distribuya la riqueza. Una gran falacia demostrada por la realidad. Como también la austeridad europea ha resultado ser otra falacia en tanto que los Estados siguen con tasas de endeudamiento por encima del 75% de su producto interno bruto (PIB). 

Pero en Estados Unidos la falacia citada de los impuestos más bajos ha querido ser capitalizada por la Administración actual de Trump, mostrando que, efectivamente, los ricos han repartido más su riqueza y la economía va viento en popa y el desempleo no pasa de un 3,5%. La trampa allí ha consistido en doblar el déficit. La falacia en Europa, sin embargo, ha abierto la puerta a una serie de medidas, pretendidamente progresistas pero con una misma identidad: el principio de austeridad. La prueba de la falacia, de la mentira en suma, es que las economías que se puede decir que han aprobado la asignatura sirviéndose de las medidas de austeridad, lo han hecho a lo largo de una década larga. Mientras que la factura de la austeridad les ha salido demasiado costosa a los países del sur y algún otro del norte.

Ahora, a doce años de distancia del inicio de la gran crisis financiera, se suceden las valoraciones y los análisis de los efectos. Efectos de las políticas aplicadas para resolver los problemas, para demostrar que las primeras ideas de los gobiernos, tanto en Norteamérica como en la Unión Europea, fueron falacias, errores y argumentos propiciados por los gobernantes de las economías mejor dotadas (caso de Alemania). Es ahora también cuando los críticos con las -en parte pasadas- políticas de austeridad, pasan de hacer balances de las facturas de la gran recesión de 2008 a esbozar la que puede ser próxima crisis. 

Se construyen escenarios posibles de próximos episodios de crisis, burbujas, crash puntuales... Y destacan que en esta ocasión se dejará sentir las escasas y muy tímidas reformas, en especial, la financiera. En esta próxima crisis, los expertos se alinean con la tesis del premio Nobel Krugman: todos subrayan que ahora será más difícil bajar los tipos (están en negativo) más complicado reducir los déficit (desbordados) y todo será más complejo porque para la próxima recesión ya no hay, no quedan, colchones. Y en esa situación la reactivación de la economía será una aventura. Y la conclusión es que Europa, ahora más pequeña, con menos recursos, no está preparada.

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