edición: 2560 , Lunes, 24 septiembre 2018
09/02/2018

La volatilidad de los mercados reanima el temor por el incremento de la deuda mundial

La relación entre deuda global y PIB mundial es más alta que la registrada en vísperas de la crisis
Carlos Schwartz
Mientras la mayoría de los analistas habla de una corrección del mercado, es decir de la búsqueda de un nuevo suelo para la cotización de las acciones, la banda de los escépticos afila la punta del lápiz y hace preguntas incómodas. Todo hay que decirlo, los principales aguafiestas son los economistas del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés). El banco de bancos con sede en Basilea viene pregonando que el peso de la deuda por relación con el producto interior bruto mundial ha crecido un 40% respecto de 2007/2008 cuando se desató la gran crisis financiera. Los economistas del BIS se han ocupado de alertar de forma consistente y sistemática sobre los riesgos que esta situación implica. Por su parte el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) se ha dedicado a reducir los cargos de conciencia por la contundencia del indicador de la magnitud de la deuda respecto del PIB. Al analizar los datos del tercer trimestre de 2017, el lobby de la gran banca mundial señaló que la deuda global había alcanzado los 233 billones de dólares con un incremento de 16 billones respecto de  igual trimestre en 2016. Pero, he aquí la buena noticia, como la economía mundial crece y con ella el PIB este volumen insondable de deuda como tasa del PIB mundial decrece.
Eso si, el IIF no hace la proyección histórica de los datos sobre el crecimiento de la deuda mundial respecto del periodo 2007/2008. Las referencias son a la deuda combinada de los hogares, las empresas financieras y no financieras y los gobiernos. Esta deuda total creció hasta el 294% del PIB global hasta el tercer trimestre del año pasado lo que representa un crecimiento interanual de sólo dos puntos mientras que en el periodo 2012/2016 la tasa media anual de crecimiento de la deuda respecto del PIB fue del 17%. 

Esta reducción de la aceleración adjudicada por el IIF a un mayor crecimiento económico internacional no tiene una lectura unívoca y depende de quien la haga serán las conclusiones que se saquen. Para el IIF la nota alarmante, más que la deuda, es el alto nivel de redenciones de deuda en las economías emergentes que se registrará a lo largo de este año. Según los datos del Instituto las redenciones van a totalizar hasta final de año 1,5 billones de dólares. Pese a que el instituto no lo dice el riesgo que esto entraña no es sólo la posibilidad de impago, sino por sobre todo que si el entorno cambia y los tipos de interés centrales suben los países van a contratar deuda más cara y van a tener problemas serios para el servicio de su carga financiera.

Desde luego este problema no sólo afecta a las economías emergentes. Afectará a los Gobiernos de los países avanzados que son los que más carga de deuda tienen, y también a las grandes corporaciones. Pero a quienes va a afectar de lleno es a un nutrido grupo de corporaciones cuyos beneficios no son suficientes para pagar la deuda. Cadáveres insepultos de la gran crisis que han sobrevivido a expensas de refinanciar una deuda que no pueden pagar con sus propios recursos aprovechando que los increíblemente bajos tipos de interés les han permitido soportar la carga de la deuda y refinanciar a costes cada vez más bajos sus pasivos. 

Esto ha permitido a muchos bancos, en España desde luego a unos cuantos, evitar pérdidas que sólo se han materializado cuando sus clientes realmente ya no podían pagar. En los últimos tres años han caído varias de esas empresas. Otras por el contrario rescatadas por sus acreedores han vuelto al mercado como es el caso de Metrovacesa que el pasado lunes volvió a bolsa pero que ha temido mala suerte con “la volatilidad” del momento. Poca aceptación que ha menguado las ansias de recuperar pérdidas por parte de sus dos socios de control forzosos, BBVA y Banco Santander. 

Si la reanimación del sector inmobiliario acaba desinflándose recuperar en esa inmobiliaria será muy complejo. De momento lo que se puede decir es que la economía mundial ha salido de una crisis provocada por el endeudamiento excesivo y de baja calidad con un mayor nivel de deuda que entonces. Lo que se puede argumentar es que hoy en día nos encontramos con un sistema financiero más sólido, con mayor capacidad de resistir un retroceso de la cotización de los títulos en las bolsas y una capitalización que les debería blindar frente a un giro negativo de la economía mundial. Claro podrán algunos pensar en el Banco Popular y suspirar. Y quizá lleven razón. Cuántas entidades a escala internacional no han logrado deshacerse del legado de la crisis. Al menos en Italia, unas cuantas.

Algunos economistas del BIS como Claudio Borio critican la política de los bancos centrales centrada en la tasa de inflación. “Controlar la inflación es el día a día de la gestión moderna de los bancos centrales- ha sido así por lo menos durante el último medio siglo. Sutilezas aparte, la vasta mayoría de los bancos centrales tienen la estabilidad de precios como su objetivo central. De forma creciente con la extensión de los objetivos inflacionarios, ese objetivo ha cristalizado en un número preciso. Estoy seguro que el 2% hace sonar algún timbre para todos ustedes: es el más común. 

Para los bancos centrales con un objetivo numérico, el número elegido es un testigo. Si lo logran son creíbles, si no lo logran al menos durante un tiempo excesivo, pierden su credibilidad”, afirmó Borio en una reciente conferencia en la que criticó el nivel real de conocimiento sobre los mecanismos de la inflación y argumentó en contra de la idea de que sea una cuestión decisiva para los bancos el control de una tasa que considera influida por fenómenos propios de la globalización y el desarrollo tecnológico.

Por el contrario señala que los bajos tipos de interés en el largo plazo tienen un efecto adverso. En este sentido señala que pueden generar una “trampa de deuda” que surge en el momento en el que la política monetaria se queda sin munición y se hace cada vez más difícil elevar los tipos de interés sin ocasionar daños económicos debido a la dimensión de las deudas y las distorsiones en la economía real que ocasiona el ciclo financiero. “Después de todo los grandes y duraderos costes de la crisis financiera y bancaria están bien documentados.
Mientras la política monetaria tiene una influencia material en los ciclos financieros, esos costes son demasiado grandes como para ser ignorados”. 

El economista del BIS ha llevado una campaña consistente de conferencias el año pasado para advertir de los riesgos para la estabilidad financiera internacional que tiene la política de tipos de interés ultrabajos y ha abogado en centrarse en la evolución de la política monetaria en relación con los tipos de interés y mostrar una mayor flexibilidad en cuanto a las tasas de inflación. La volatilidad en los mercados de acciones esta semana ha resaltado estas advertencias en la medida que el precio de los activos se ha inflado esencialmente por una política monetaria en expansión ilimitada que ha desembocado en uno tipos de interés sin precedentes. Es pronto para saber si lo que estamos viviendo es una corrección o una nueva crisis. Pero lo que seguro denuncia es una alta volatilidad y mercados por encima de un nivel de precios consistente con el crecimiento económico.

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