edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
10/05/2019
banca 
Estrategias de anticipación, por curvas

La voz de prudencia en el dividendo del regulador choca con la resistencia del sector bancario 

El regulador utiliza los resultados del sector en el primer trimestre del año para justificar la necesidad de priorizar la solvencia y proteger las tesorerías
Juan José González
Seguramente, en aplicación de los principios recogidos en algún manual del consultor, el Banco de España, por boca de la subgobernadora, Margarita Delgado, ha estimado conveniente aplicar una dosis de preocupación razonable al identificar diversos síntomas que indican la posibilidad y la cercanía de un episodio de turbulencias que afectaría al sector financiero, y más concretamente, a la banca. En este sentido habría que interpretar los razonamientos que, en forma de mensajes y opiniones directas al sector, vienen a mostrar los deseos de los supervisores locales. Siguiendo el orden que marca la estrategia que ahora parece querer implantar el Banco de España y haciendo valer su capacidad para anticipar los cambios (no siembre ha sido así) ha decidido adelantarse y poner la venda antes que la herida, algo así como querer arreglar algo que no está roto. La voz de alerta del regulador, llamando la atención del sector bancario sobre los riesgos a los que tendrán que hacer frente los bancos, como consecuencia de las reclamaciones que se esperan por el IRPH, son eso, una primera vuelta de una venda que pretende proteger una herida que en principio no se ha producido. Ahora habrá que estar atento a la respuesta de las entidades, sin descartar que la advertencia del Banco de España sea apoyada por alguna medida del Banco Central Europeo.
Pero la segunda voz de alerta, ya subida de tono, precisada con cifras y confesión de reflexiones y razonamientos lleva a pensar que el regulador, siguiendo el manual citado, quiere convertir la preocupación razonable en obsesiva. En los negocios este tipo de comportamientos se denominan estrategias de anticipación, lo que sucede es que en el caso del Banco de España y los dividendos de la banca la estrategia ya entra en una segunda fase, la de urgencia. Cuando esto sucede significa que el regulador da por perdido el largo plazo y piensa que la solución a los problemas, el enfriamiento de la economía y las necesidades de capital, etc. se encuentra en el corto y en el medio plazo.

La andanada que ahora comienza el Banco de España tiene, seguramente, su origen en las recomendaciones del supervisor europeo, muy incisivo y persistente en su particular señalamiento de la banca española como el furgón de cola de la Eurozona en materia de solvencia. Y el Informe de Estabilidad Financiera, quizá influenciado por la estación primaveral, ha sido la oportunidad para recuperar el tono de siempre del Banco de España, una concepción del reparto del beneficio neto a la que ha venido calificando de dispendio, una política de distribución de dividendos insensata, poco menos que improcedente. Términos que ahora ha sustituido por otros como "fiesta de dividendos", “excesivos” o "megadividendos".

Se apoya la estrategia de anticipación del Banco de España en un razonamiento cifrado: la caída del capital de mayor calidad (CET1) hasta el 12,2% el pasado ejercicio coincide con al subida de los dividendos bancarios en ese mismo año; que el pay out del 50% del beneficio neto no deja lugar a la generación orgánica de capital suficiente como para hacer frente a posibles pérdidas o provisiones necesarias para mantener la solvencia. Y la política de dividendos de la banca parece contravenir los deseos del regulador, un Banco de España que habría activado las alarmas tras conocer los propósitos de algunas entidades de elevar el dividendo para 2019.

Pero sucede que ahora, a diferencia de antes de 2015, el Banco de España ya no tiene la última palabra para decirle -imponer- al sector bancario una medida restrictiva de la política de dividendos puesto que esta es una facultad o competencia que le corresponde al Banco Central Europeo, supervisor de las mayores entidades bancarias. El supervisor local, tan sólo transmite las órdenes de las autoridades europeas, influenciadas por la experiencia de las crisis bancarias recientes que han obligado a grandes desembolsos de dinero público.

En este sentido, la experiencia española, donde se ha producido una fuerte inyección de capital público en el sector de las cajas de ahorros y en Bankia, parece haber influido en el ánimo de las autoridades europeas y establecer un tratamiento singular del sector bancario español. En su día, quizá inmerso en otros asuntos políticos, el Banco de España tuvo la ocasión de regular una transición gradual del reparto del beneficio neto desde el 25% hasta el 35% o 40%, para que las entidades ajustasen el pago de dividendos a la rentabilidad o la solvencia. Habría sido una buena política de anticipación a los problemas que hoy parecen dibujarse en el horizonte.

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