edición: 2786 , Miércoles, 21 agosto 2019
01/04/2019

Leyes a la carta

Al fundador de Facebook no le gustan las leyes que regulan Internet: quiere mantener en puridad lo mejor de la red y proteger -dice él- la libertad de las personas para que se expresen mejor y sin barreras (una coartada). Así que quiere otras, hay que modificarlas. Aboga por cambiar regulaciones, rehacerlas, de distintos países para evitar que se manipule la red social. Pide leyes nuevas, que le gusten a él, y supervisores públicos pero independientes, que no sean empresas privadas las que decidan bloqueos y propongan sanciones (otra coartada).

Asunto vidrioso el de la regulación internacional de las redes porque en el mismo intervienen numerosos actores con muy diferentes y diversos intereses. De ahí que la libertad, la protección, la supervisión y todo lo demás sean igualmente diferentes. Y si regular es complejo, poner orden en la red es misión imposible. Luego, no cabe pensar en proponer una revisión de una regulación a la que hoy día difícilmente tienen capacidad de acceso y modificación los gobiernos.

Sea como fuere, el rico de Zuckenberg anda molesto con el resto del mundo cuando en realidad él es el primer responsable del fiasco, del caótico manejo y desmadre mundial de datos personales que transitan, con y sin permiso, por la red, un tráfico perverso del que obviamente saca tajada sideral el dueño del invento, de Facebook. Que Cambridge Analytica haya utilizado (se entiende que a cambio de precio) los datos recopilados en Facebook para influir en unas elecciones políticas, parece haber sido comprobado por los investigadores y claro, castigado con multa por los tribunales.

Precisamente es la multa la parte de la ley lo que menos, o nada, agrada a Zuckenberg, puesto que como tal, la sanción dineraria y voluminosa, es un coste más que se añade al negocio de la venta de datos. Por eso al rico no le gustan las leyes y propone su cambio. Quiere y pretende normas que le sirvan y le valgan a él, que se adapten a su negocio. Y mientras lo consigue (que lo conseguirá) la ley de la selva que rige en las redes son la fuente inagotable de sus beneficios, unos ocho millones de dólares al día.

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